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jueves, 2 de abril de 2009

Deberíamos irnos los dos



No sé quién dijo "confieso que he leído". Es igual. Yo también confieso que he leído... el lomo de un libro en las estanterías de la casa de mi padre que decía "Las Cárceles del Alma" y "Lajos Zilahy". Eso fue hace muchos años. Nunca lo leí...
Después oí por la radio que Sting había sacado un nuevo álbum y lo había titulado "The Soul Cages", y el poco inglés que sabía me dijo que ambas obras debían tener algo que ver.

La cuestión es que esa expresión me había impactado desde siempre. Me hacía imaginar los barrotes, en primer lugar. Negros y fríos. Infranqueables. Y muy crueles, porque al contrario que una pared, te dejan ver todo lo que hay fuera, lo que te estás perdiendo, de lo que te están privando.

Con el tiempo y la experiencia me fui dando cuenta de que es el ideal de justicia el que supone demasiadas cosas negativas en las vidas de las personas. Y además es una buena explicación a que los barrotes que nos encarcelan son levantados por nosotros mismos.
Por si no lo había aprendido en mi propia vida, encuentro tal enseñanza en eso que tiene de reválida cuando nos convertimos en padres. Veo a mi hijo empezando a aprender a aceptar la diferencia entre el Bien y el Mal, y cómo nace en él en consecuencia no sólo el sentido de la justicia, sino la paralela frustración de vivir todo eso que ocurre, y le ocurre, en contra de ella.

Y me acuerdo de mí como niño, y queriendo explicárselo a él me explico a mí mismo que es esa frustración la que nos hace nacer el miedo, la prudencia, la parálisis... todos los nombres de los enemigos de la inocencia. La misma que después nos pasamos pensando en recuperar los ratos que nos permitimos soñar despiertos.

Pero a veces, en días como hoy, corrientes aparentemente, nos llevamos una sorpresa feliz. Quizás exagere, fruto de alguna necesidad o desesperación que no reconoceré jamás. A veces descubres una verdad que en cierto modo te libera de esos barrotes que con tu miedo has levantado. Puede ser una voz en tu oreja, hablándote en la almohada, o con los labios cerca del oído aprovechando un baile lento, o al otro lado del teléfono. Es igual.

Escuchas esas palabras y por un momento dudas, aún sorprendido por comprobar que es posible también para ti. Que puedes vivir despierto el momento exacto en el que otra persona desea contigo lo mismo que deseas tú con ella.
Y sólo esperas que esa persona pueda a su vez derribar sus barrotes , igual que tú acabas de quebrar los tuyos haciendo tuya su voz. Y por eso repites la frase en voz alta.

A mi editora.

viernes, 27 de marzo de 2009

Pichurri y el plasma



Amor mío, ¿cuántas pantallas de plasma valgo? ¿cuántos LCD me adoras?. Yo te quiero más que todos mis puntos moviestar, ya lo sabes...

Allí estábamos, en medio de aquel pasillo de sección de la Audiencia, mi compañero y yo, testigos en otro proceso, esperando a que nos llamaran. Y testigos involuntarios fuimos de la escena que os voy a contar. Escena que me trajo de nuevo a la memoria la horrible mesa de rueda de carreta estilo Rodeo con la que Harry perdía el temple intentando hacer ver a sus amigos que si no se ponían de acuerdo de una vez sobre ella, acabarían convirtiéndola en el origen de su separación.


Volvamos a la audiencia. En este caso se trataba de una mujer de acento colombiano, más cerca de los 45 que de los 40, con un gusto peculiar acerca de las botas camperas y el pelo cardado, negro, brillante, cayendo en melena rizada sobre el lomo de una torera que no acierto a describir por falta de vocabulario sobre estilo. Tenía la expresión confusa, como empeñada en asimilar la lógica demoledora del discurso con el que la acribillaba el asesor de gafas que tenía delante.

Su abogado (SAAAAAAAALLLLLL, RATITAAAA!!!), de los del gremio de pelo engominado estirado hasta el horizonte de su nuca, con un trozo de tela negra acrílica doblado sobre un antebrazo (así se dobla la autoridad con la que se in-visten sus señorías), y con una carpeta demasiado pequeña para los papelotes que mordía, se esforzaba en persuadirla de lo valioso que sería para ella renunciar a su empleo deliberadamente, a la hora de quedarse con el televisor de plasma que su presuntamente ya exmarido (ex- marido, o simplemente, pringao) había adquirido en los esplendorosos tiempos de Coffeedis, y que por supuesto había sido incapaz de financiar, convencido (sugestionado por hipnosis publicitaria, diría yo) de que las vacas engordaban hasta el Infinito... y más allá.

Atento al detalle de que mi compañero está ultimando sus estudios de Sociología, me atreví preso de la sorna a sugerirle tema y título para uno de sus trabajos: El Amor y los Bienes Materiales (claramente un homenaje encubierto a un título tan sugerente, ambicioso y opuesto al materialismo como Beatriz y los Cuerpos Celestes, de la Echevarría). En fin, pedante que es uno...

Con una sonrisa más resignada que entusiasta, compartimos esa pequeña desolación que aparece inevitablemente con cada proyecto que no sale como se espera cuando comienza.


Y uno no puede vencer la tentación de encontrar una explicación justiciera (influencia del lugar, supongo) a esos desencuentros: Eso os pasa, como al 99 % de las parejas (que para eso se inventaron las estadísticas, vaya), por transformar vuestros sentimientos hacia el otro en electrodomésticos. En la era del centrino, hay demasiado cenutrio.

¡Ad-judicado! Digooo... ¡Visto para sentencia!

martes, 10 de marzo de 2009

Recuerdo de lo no vivido



Caminábamos por las tablas del paseo, y el aire salobre se empeñaba en llenarte la cara de reflejos arrosados por el oro. Los niños mezclaban sus voces con el planeo de las gaviotas, y tu madre nos miraba por la ventana de la cocina, exprimiendo limones mientras sacaba el jugo de un recuerdo de juventud.

Me percaté entonces de lo poco que faltaba para terminar la playa, y aunque ya llevábamos tiempo en silencio, las sílabas de tu voz permanecían en mi cabeza.

lunes, 16 de febrero de 2009

El Verano del Amor

A Rosa, la parte que me inspiró leer a Estoliana.

Cuando oí este verso en la canción de Amaral pensé un poco, y me salió recordar. Recordé los veranos cuando tenía 14 años, año arriba año abajo, y estaba enamorado como nunca uno vuelve a estarlo, pero claro, en ese momento no lo sabe... y sí, visto desde ahora se ve como que por aquel entonces la sensación de fuego en el cuerpo va a acabar por consumirlo a uno envuelto en llamas de ansia, garganta seca de deseo, labios secos implorando besos mojados, y manos eléctricas envolviendo curvas.

Y esa permanente punzada en el pecho, que nos limita el aire, y acelera los latidos.

Y han ido pasando los sanvalentines, y a medida que vas encontrando palabras para explicar el impulso, te vas haciendo mayor. No necesariamente más viejo, pero sí te curtes. Porque vas coleccionando noes y adioses. Y agravias y decepcionas tanto o menos de lo que recibes. Y esto no me lo esperaba... y yo no quería llegar a esto... y te cruzas con otros sueños rotos, y ya nadie es novato en esto.

Y la gente que te rodea, y la gente a la que vas conociendo, también viene curtida. Y cuando la prevención, las pinzas, el pisar de puntillas, el medir las palabras, agotan la ilusión y el encanto se vuelve desencanto, y el ángel se queda desangelado, ya ves el final del camino.

Da igual los rodeos que des, porque lo sabes. Sabes que tardes más o tardes menos, cualquier tarde de éstas llegas.


A Estoliana, la parte que me inspiró leer a Rosa.

Y es ese sentirse curtido, un poco retornando un camino, el que nos quita niñez, y a veces llegamos a pensar que jugar es para los niños, y que no queda niño dentro de nosotros. Pero yo no me siento acabado. Y tantas frases hechas hay en la derrota como verdades en la euforia. Para mí no es otra cosa el estar enamorado. Y es cierto que con la frecuencia son las cursiladas y las ñoñerías las que se quedan por el camino, pero eso no desmerece la calidez del fuego que se enciende pertinaz una y otra vez, terco y obediente al soplo del viento.

Si es verdad que ser libre pasa por sentir siempre ansia, vive al día, y deja la nostalgia de lo que no pudo ser secarse al aire y al sol. Y cuando vuelva ese viento del que hablé (porque siempre, siempre vuelve) prenderá fácil la llama.



Y al fin, al Amor, por San Valentín.
Que te diviertas.

miércoles, 21 de enero de 2009

El arte de la guerra

Cómo somos la gente. Un libro que explica por capítulos cuál es la mejor manera de hacerle la puñeta a tu enemigo, haciéndote consciente de sus desventajas y limitaciones y sacándoles el máximo partido, se ha convertido en un clásico, un referente del mejor pensamiento práctico, y ha trascendido durante siglos manteniendo su vigencia. Inteligencia para derrotar. Pero... y para entendernos, ¿qué?

El libro sobre cómo entenderte con tus semejantes, anticiparte a sus argumentos, poniéndote en su lugar, desarrollando consecuencias diferentes a las suyas con la misma base... el libro que trate de cómo las palabras intentan superar los prejuicios, las premisas basadas en intenciones supuestas, no demostradas, o sólo temidas, ese libro, si se ha escrito, debe de ser el más denostado e ignorado de todos.

La clave está en las emociones. Todo lo racional está limitado por lo emocional. Y la página de ese libro que habla de cómo los estados de ánimo, de cómo la relación personal que haya entre los que discuten (ni siquiera tienen un nombre concreto, como los enemigos, reconocibles y opuestos) condiciona no sólo su estrategia, sino incluso el contenido de sus argumentos, esa página, debe estar arrancada.

Y me cuesta mucho abrir mi percepción a algo que dé una explicación conjunta con lo racional y lo emocional, que parecen ser antagónicos. Me pregunto: ¿por qué lo que parece respeto por un enemigo en una lucha de argumentos tiene que parecer falta de respeto por un amigo? Yo creo verlo en la carga emocional.
No sé si seré capaz de expresarlo tal como lo pienso, pero lo intento.

Entiendo que tiene que tratarse de una cuestión de "expectativas". Al fin y al cabo, la etiqueta "enemigo", esa certeza al ponérsela a alguien, facilita mucho las cosas, ya que nos permite canalizar nuestras emociones en una sola dirección: La contraria a la suya. Las expectativas con un enemigo reconocido (el que también nos tiene como tal a nosotros) son siempre las mismas e impiden la sorpresa.

Sin embargo, con una persona a la que no consideramos nuestra "enemiga", pero a la que no etiquetamos en reconocimiento de su libertad para sobrepasar posibles prejuicios que pudiéramos aplicarle, limitándola, sólo es posible la incertidumbre.
Y ante esa incertidumbre, nacida como digo de nuestro deseo de no atentar contra su libertad de ser, cabe todo: La frustración, la decepción, la esperanza, la sorpresa, la complicidad, la indignación, la desilusión... Emociones.

Por eso siempre hace más daño un amigo que un enemigo. Por las expectativas.

lunes, 19 de enero de 2009

... si tú quieres, claro.

Nada. Que voy a destripar la frase "Las personas no cambian".
Esta frase nos la suelen decir nuestros mayores. Y por "mayores" me refiero a toda persona que haya vivido una situación antes que nosotros (aunque pueda ser más joven en edad, y supuestamente haya reflexionado sobre ella) cuando quieren hacernos ver que perdemos el tiempo si pensamos que vamos a "modelar" a los demás a nuestro gusto.

Hombre, desde mi punto de vista, a esa verdad le salen unos cuantos matices. Me pregunto si podré hablar de todos ellos con un poco de organización...
Lo primero que mi experiencia me dice es que las personas no cambian... si ellas no quieren. Luego sí pueden cambiar. Así que la frase mejor debería decir "no puedes cambiar a las personas, si ellas no quieren hacerlo". Y sucesivamente, de aquí salen también otros matices.

Por ejemplo, no cabe duda de que quien realiza el cambio, en una costumbre, en una actitud, en varias relacionadas... quien lo ejecuta, es la propia persona. Es obvio. Pero... os habreis fijado cuántas veces escuchamos "me has cambiado", "antes de conocerte, yo era de otra forma" y cosas así. Sin meterme en profundidades, lo de atribuir algo que tenemos por mérito a alguien a quien apreciamos, aparte de modestia mal entendida, es un puro acto de cariño: Hacerle partícipe hasta llegar a convertir en operador del cambio a otro, cuando lo habremos hecho nosotros mismos.

En fin. Conozco casos cercanos en los que hubo quien comenzó feliz y embargado por la magia de las afinidades, de lo compartido, y terminó harto de sentirse mangoneado por su ya ex.

Y a esto es a lo que voy. Me arriesgo y lo digo: No hay una sola relación personal, tenga la etiqueta que sea, que no lleve aparejada una cierta tensión entre lo que cada uno es para el otro y lo que cada uno querría que el otro fuera realmente.

Me refiero a que lo más infrecuente en las relaciones es que cada uno acepte al otro como es, y que en el balance diario, semanal, mensual, el que sea... que hagan de su relación, encontrarán siempre aspectos del otro que preferirían que encajasen más con su criterio.

Esa tensión deriva siempre en conflicto, ya que empiezan las comparaciones, las frustraciones por no encajar, el "¿por qué no te pareces más a mí?" (cuando en realidad pensamos "por qué no te pareces más a lo que yo creo que deberías ser, a lo que yo quiero que seas").

También es posible que decidamos cambiar algo de nosotros aunque nunca lo hubiéramos visto como un problema, un generador de equívocos o malentendidos. Algo que nos conduzca a que los demás interpreten nuestros actos, nuestras palabras, como cargados con intenciones que realmente no tenemos.
A ver. Cuidado. No es que tengamos que cambiar por el criterio ajeno, en contra del nuestro. Si así fuese, caeríamos en la situación inicial de reproches y manipulación. Lo que digo es que puede ocurrir que otro, razonadamente, y con ejemplos en la mano (situaciones anteriores idénticas o muy semejantes), nos argumente que nuestro derecho a ser como somos colisiona con unos resultados que nos prejudican. Que una actitud nuestra no dice de nosotros lo que nosotros creíamos que decía.

Y para alguien como yo, que tengo por principio que nuestros hechos nos definen mucho más auténticos que nuestras palabras ("eres lo que haces"), este matiz da muchísimo que pensar.

Lo dejo aquí. No profundizaré más por ahora. Si os interesa, comentaréis algo, y seguiremos viendo interpretaciones posibles. Y si no, pues a otra cosa.

lunes, 5 de enero de 2009

Te amo... aunque no te necesito

Amar no debería ser un "no puedo vivir sin ti" (por mucho que se sienta algo parecido). No se trata de competir en demostrar a quien amamos cómo lo pasamos de mal con su ausencia.
No hay nada egoísta en afirmar a quien amas que no le necesitas: Al contrario, le estás haciendo libre. Le dices: Te amo, pero no porque dependa de ti. Te amo porque me haces feliz estando. Podemos entonces deducir: Bueno, si te vas, entonces sufriré mucho... Y no tiene por qué ser así el amor: Si te vas, me dolerá, pero antes de que llegaras a mi vida, yo era una persona, y si realmente pensase que sólo puedo congeniar contigo, y tú no lo crees, entonces me tiraría de un puente... o te mataría: Ese amor inmaduro es el que lleva a los malos tratos psicológicos, a los físicos, al chantaje emocional, a anularse como persona, al "sin ti no soy nada", y a poner a otra persona al final de nuestra propia existencia.

Eso no es amor. Es miedo a estar a solas con uno mismo.
Y realmente las personas deseamos demasiado compartirnos como para pensar que sólo existe una única persona con la cual encajar.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Dragones, unicornios, y dependencias simétricas


Para mí, que no soy psicólogo profesional, ni psiquiatra, psicoanalista, terapeuta, asesor de pareja, ni escritor de libros de autoayuda (:p), una "dependencia simétrica" es una relación personal en la que:
- cada participante (y pienso en dos, normalmente) siente que necesita al otro tanto, que no se considera capaz de ser él/ella mismo/a sin la compañía cercana, el apoyo, y la cooperación del otro (por esto, es una dependencia),
- los participantes sienten que reciben lo mismo que dan: Se sienten correspondidos (y por esto es simétrica).


Intentaré explicar esto:
- En primer lugar, dejar claro lo que está en negrita: En mi humilde opinión, los asuntos afectivos se miden en términos se percepción, de pareceres, de sentires, y son por tanto subjetivos, por mucho que cuando queramos ser tajantes usemos expresiones como "sinceramente" (se supone que uno va a ser sincero siempre con su pareja, pero la sinceridad es lo primero que desaparece, y casi siempre con la excusa del miedo a herirla con nuestra verdad), "objetivamente", etc.
Todo esto significa que no existe una sola verdad en las relaciones personales. Por supuesto tampoco la que estoy escribiendo aquí, que no es más que mi opinión.

- cuando uno siente que para ser él mismo (ser feliz, sentirse completo, etc.) precisa de otra persona, existe una dependencia. Una dependencia no es algo malo de por sí; para mí las dependencias son negativas cuando son desiguales, desequilibradas. Y para serlo, basta con que uno sólo de los participantes así lo sienta.

- Sobre el segundo punto, procurar tal simetría no depende, claro está, de nosotros. No del todo. Sólo la mitad. Para mí, visto así, es fácil de comprender:
Cuando uno siente, al principio de una relación, o pasado un tiempo, o simplemente cada vez que hace balance, que vive la relación de modo desigual, tendrá motivo de queja. La queja trae el reproche, el reproche la crítica, la crítica el rencor, el rencor la pérdida de confianza y del respeto. Y bueno, toda la cadena de trabas a la comunicación, que sería lo que podría solucionar tantos conflictos.
Por descontado, soy de los que creen que cuando sientes la necesidad de hacer balance, es que ya estás intuyendo que existe un desequilibrio, y eso te impulsa a comparar.

- Esto que acabo de mencionar lo considero aplicable a los dos grandes grupos de relaciones (ay, las marrditas etiquetas): Amor y Amistad. Pero, y ¿qué hay de todas esas "zonas grises"?
Puff, intentar definir por separado el amor y la amistad, anda que no se habrá intentado veces.
Yo ni lo intentaré. Al menos, en esta entrada.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Sin hablar

Reconozco que la primera vez que vi cómo dibujabas un corazón sobre la "i", temí estar metido en una de esas películas musicales americanas en las que nadie se despeina al bailar, y todos van vestidos con colores chillones.
En la pizarrita de plástico de la cocina, las colas de tus ges, tus jotas y tus y griegas, parecen lacitos para pequeñas cajas de regalo, rojas, brillantes, envolviendo algúna joyita de las que usan las niñas buenas cuando juegan a los matrimonios.
Tú no eres una de esas niñas, que tienen a sus maridos como figurines, como las que los toman por Ken, el eterno novio de Barbie.
Apenas veo tu pelo sobresalir por el borde del sofá, absorta ante la televisión, mientras la taza de leche con cacao se balancea como otro juguete en tu pulgar.
En un minuto nos marcharemos al hipermercado, y nos pelearemos por un aparcamiento con gente que vive a cien metros de nosotros, pero que no hemos visto en nuestra vida.
Por el pasillo de las conservas te volveré a mirar, deseando que no estemos allí, y sabiendo que, aunque tengas esa lata de champiñones en la mano, estás pensando en mí del mismo modo...

- No, con tarjeta.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Las Órbitas de los Cuerpos Celestes

En esta entrada mezclaré cosas... para variar. Mezclaré el significado de un giro copernicano con algo parecido a una declaración de amor. No sé. De gratitud, seguro.

Después de 1.500 años de oscuridad, Copérnico puso las cosas en su sitio. El Sol en el centro, y la Tierra a sus expensas. Para mí es éste el verdadero hecho crucial que hizo renacer a la Humanidad.
Del mismo modo, el ser humano, con el cambio de perspectiva, empezó a dudar y a hacerse preguntas. Y no sólo eso, sino mejor aún: Empezó a darse respuestas nuevas para las preguntas de siempre. Nuevas respuestas trajeron nuevas dudas, y éstas a su vez nuevas preguntas, y así empezamos a crecer. La Razón sustituyó a la Fe, y lo relativo, a los dogmas. La lógica y el razonamiento han hecho por nosotros mas que toda la Fe del Mundo. Nos han llenado de dudas, de relatividad, y de muchas incertezas... pero nos han hecho libres.


En mi vida, pasó igual. Un día hubo un giro copernicano, y nací de nuevo. O de veras. No sé a quién le leí que todos nacemos dos veces: El parto, y la madurez (por desgracia habrá quien no nazca más que la primera).
Hoy me atrevo a compartir esto aquí. Sin engreimiento ni inmodestia. Seguro de que hay muy pocas cosas seguras en esta vida. Una es la Muerte, y la otra... no, no son los impuestos.

La otra es el Amor. Pero calma, no he sucumbido al fantasma de Jesús Puente, no es el amor tradicional, el de toda la vida, ése es el más falso. Hablo del que nos mueve a actuar libres, el que nos salva, el antídoto para tantas incertidumbres. Explica y justifica nuestro instinto sociable, es el que hace posible que nuestra voz interior sea la de otra persona, que se pueda vivir con la sensación sobrenatural de que percibimos una nueva dimensión de la mano de otro. De que sólo podemos ser del todo nosotros mismos porque existe otro que nos completa.

Podemos pensar que alguien así es un milagro... o milagro: podemos pensar que nosotros somos el milagro de otro, porque todos somos Copérnicos a punto de reordenar el Mundo de alguien.

Ésta es mi declaración. De amor o de gratitud, a mi propia Copérnico.

martes, 9 de diciembre de 2008

Uf!!

A veces no es que no tengas nada que decir, es que no te sale. Tienes ideas rondando en tu cabeza, y tienes unas cuantas cosas claras, pero no encuentras las palabras justas, o las frases que lo digan tal como lo sientes.
Cuando tenía pareja pensaba en los problemas de comunicación con la pareja. Ahora pienso en los problemas de relación con los amigos. Estoy recordando canciones de los Beatles, como The End, cuando dice "and in the end/ the love you take/ is equal to the love/ you made".
Bueno... según.

Yo creo que el estado más corriente de las relaciones es el desequilibrio. Y claro, como es una percepción del todo subjetiva, lo que para uno es mucho, para otro puede ser muy poco, y viceversa. Pero no es egocéntrico sentir que no se recibe correspondiendo a lo que se ofrece, igual que casi nunca es engreído sentir que se pone más de lo que se gana. Yo soy de los que creen que quien más puso más perdió. Seguro.

El caso es que si hay muchas clases de relaciones de pareja, cuántas no habrá de amistad... Pero quizás sea ése el auténtico problema: Antes que ser o no correspondido, el poner etiquetas con nombres que no coinciden. Lo hacemos todos. Imagino que es por pura supervivencia, al fin y al cabo necesitamos organizar nuestras relaciones en orden de importancia, necesitamos certezas en el día a día, y no digamos ya seguridades para el futuro. Esto último suele convertirnos en miedosos.

En fin, para mí la clave es como ocurre con tantas clases de relaciones, como en política, que las mismas palabras significan cosas diferentes para cada persona, y se requiere mucho tiempo, y muchas conversaciones con sustancia (cada vez hablamos de cosas más superficiales) para esclarecer qué es la verdad, y si puede haber una misma verdad para dos personas. Quién sabe, ésta podría ser una definición de amistad o de amor válida para algunos. Para mí lo es.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Antes del Atardecer


Before Sunset (Antes de la puesta de sol, inexactamente traducido al español "sunset" como "atardecer") es una película actual en cuyo guión tiene mucho que ver la pareja de actores principales ( y casi únicos), Julie Delpy e Ethan Hawke, estupendos ambos en sus interpretaciones.
Durante la presentación de una novela con elementos autobiográficos (¿cuál no lo es?, dice su autor), en París, se produce el reencuentro, más o menos casual (eso se deja a criterio del espectador, para favorecer la cuestión del difícil equilibrio entre azar y destino) de dos antiguos amantes de una noche, nueve años antes, en la ciudad de Viena. Esta historia se relata en la película también interpretada por Delpy y Hawke, Before Sunrise, Antes del Amanecer.

La película, de desarrollo lineal, cuenta casi exclusivamente por medio de la conversación ininterrumpida de la pareja, a través de las calles de París, y en tiempo real, sin apenas flash-backs, el proceso esencialmente verbal por el que los personajes recuerdan, esclarecen y retoman un antiguo romance interrumpido por los puros azares de sus vidas.
Quiero llamar la atención especialmente acerca del valor extraordinario del desarrollo de la narración a traves de un diálogo en tiempo real, sin ni un solo salto temporal que abrevie pasos del proceso que conduce al "encuentro", a la fusión de dos pasiones que habían perdurado separadas, en una sola.
Este formato teatral, tanto en la forma del escenario como en la forma del lenguaje, permite que veamos a la pareja como dos seres aislados del entorno, sumergidos en los recuerdos compartidos, articulados en todos y cada uno de los discursos, de las líneas de diálogo que corresponden a cada personaje, y nos involucra, cámara al hombro, como verdaderos acompañantes-testigos del progreso desde nueve años antes hasta el momento presente.

Fue muy emocionante percibir esa profunda sensación sostenida de comunión entre los sentimientos de la pareja, compartidos en cada turno de habla, hasta fundirse en uno solo, pleno de armonía, desprovisto por completo de sentimentalismo típico made in Hollywood, sino muy al contrario, elegante, sensato, pero conmovedoramente romántico.
Muy recomendable.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Coged las rosas


Coged las rosas mientras podáis Veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiráis, Mañana estará muerta...

Whitman nos invita a tomar las rosas mientras podamos.
Yo escucho y disfruto. Cuando vuelve el silencio, me quedo pensando que antes que tomar esta rosa deseo cuidarla, compartir su mismo sol, traérselo a los pétalos, limpiar el suelo que la hace brotar, asegurarme de que no le falte agua... Podar las hojas que merman su esplendor, protegerla de los vientos y las tormentas, y reconocer noches y días el regalo de su compañía.
Sé que entonces no tomaré la rosa como el poeta me invita, sino que la rosa se entregará a mí con gusto, convirtiendo el momento en algo perfecto. Porque se disipará el miedo de no ser digno, desaparecerá la duda de valer la pena, y la rosa y su jardinero se merecerán el uno al otro como un solo ser.

Unos cuerpos son como flores
Unos cuerpos son como flores, otros como puñales, otros como cintas de agua; pero todos, temprano o tarde, serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden, convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre. Pero el hombre se agita en todas direcciones, sueña con libertades, compite con el viento, hasta que un día la quemadura se borra, volviendo a ser piedra en el camino de nadie. Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos; les doy mi cuerpo para que lo pisen, aunque les lleve a una ambición o a una nube, sin que ninguno comprenda que ambiciones o nubes no valen un amor que se entrega.

Luis Cernuda.

sábado, 6 de septiembre de 2008

No se me ocurre


El otro día quise escribir una entrada acerca de las relaciones personales, y cuando llevaba un buen rato pensando, y otro buen rato escribiendo, tuve que dejarlo. Estaba en el trabajo, y había tenido un rato libre para mí, pero me surgió tarea y cerré. Creía haber guardado un borrador, pero por lo que sea no fue así. Empezaré de nuevo... y seguro que no me enrollo tanto:

Lo cierto es que nacemos desnudos y casi ciegos. Mucha gente vive así toda su vida. Empieza dependiendo de su madre, y después ya no deja de depender de alguien hasta que se muere. Quizás sea inevitable. Igual está en nuestra naturaleza humana depender, y claro está, ocurre que las personas de las que dependemos, también dependen de nosotros.
Así que de hecho somos a la vez dependientes y... y... ¿cuál es la otra palabra para decir que alguien depende de nosotros? ¿Dependedores? ummm, suena curiosamente parecida a "depredadores".

En fin. La cuestión gorda aquí es qué tiene de malo depender. Veamos: No podemos evitar depender porque necesitamos ser queridos. Somos conscientes del mundo, y queremos compartirlo. Para ello desarrollamos incluso lenguajes hablados, que llenamos de palabras que nos ayuden a exponer fuera de nosotros nuestro mundo interior. Si no pudiéramos hablar también comunicaríamos, porque los abrazos, besos, caricias, gestos, miradas, dicen mil cosas que nos vinculan a los otros. Un vínculo, eso es.

Bueno, vale. Pero, ¿por qué depender? ¿Por necesidad? No sé, no sé. Un bebé necesita a su madre. ¿Y un adulto? Un adulto sigue queriendo a su madre, o a su padre, aunque a efectos de supervivencia, no los necesita. ¿ Y a una pareja? Seguro que se la necesita... (léase con soniquete irónico). Los amantes nos decimos "te necesito", "no puedo vivir sin ti", "sin ti no soy nada" ( como Amaral)... Supongo que nos educamos perpetuando modelos, y pocas veces nos plantamos, y nos planteamos si los modelos que aprendimos están bien o mal.
Sí, ya lo sé, lo de bien o mal es muy subjetivo. Venga, me mojo y digo que bien es no sufrir y mal es sufrir. Pero ojo, sin egoísmos, ni tampoco resignaciones: No hacer lo que no queremos que nos hagan a nosotros ( no conozco mejor ética que la que vertebró Kant).

Yo creo que el modelo de amor, de cualquier amor: padres a hijos, parejas, amigos, hermanos, en fin, de toda clase, está mal. La enorme mayoría de las relaciones personales que conozco está llena de miedo. No llamo a otra cosa que al horror de tantas personas a estar a solas consigo mismas, de no soportar el silencio para no escuchar sus propios pensamientos. Quizás no les gusten. Yo conozco a muchas personas que incluso se molestan cuando se descubren reflexionando.

El caso es que anteayer me preguntaste si entre tú y yo había una dependencia, y quién era el que dependía del otro. Me paré un segundo, pensé en nuestras conversaciones, y me dije ( y te dije) que como yo parezco estar siempre positivo (esto le encantaría a Van Gaal), y tú a veces tienes bajones, yo tiraba por ti. Así que si hubiera una dependencia, sería mayor de ti hacia mí que al revés.
Y esa respuesta es la que no me gustó. Sobre todo porque se suponía que lo que intento hacer contigo, y con los demás, es lo que desearía que los demás me hicieran a mí: Fomentar mi libertad, apelar al legítimo derecho de todos de ser libres, y libre aquí dicho como capaz. Autónomo, lo más independiente posible. Todo menos voluble.

Yo quisiera estar seguro de que cuando hablamos de relaciones personales, consigo hablar de tú a tú, de igual a igual, y romper la paradoja de que lo claro de mis principios y lo firme de mis intenciones provoque una adhesión irreflexiva por ti, o por quien sea, porque eso sólo es seguir dependiendo, en este caso de lo que yo diga.
En pocas palabras, pretendo hacer pensar, y no que piensen-como-yo. Eso sería hacer a la gente cambiar una dependencia por otra. Hacerse mayor no es cambiar un collar por otro, sino hacerse amo. Y si todos fuésemos amos, pues... habría que cambiar de palabra! "Persona" me gusta más.

Yo no sé más que nadie... y mucho menos de relaciones humanas.
Yo escucho los relatos ajenos, y tengo mi propio relato. Cuando los compartimos, yo saco mis conclusiones. No soy mejor ni peor que tú. Los dos somos personas.

jueves, 14 de agosto de 2008

Dos maneras distintas de decir "te amo" ( y II)



La segunda peli es un collage de historias que en su inicio parecen inconexas, pero que según se acercan a su momento culminante, coincidiendo con la Nochebuena, se van enlazando y resolviendo en conjunto, en un escenario en el Londres actual, como escaparate multicultural plagado de clichés que contribuyen a acentuar su intención de comedia sin mayores aspiraciones.
El guión atraviesa las relaciones padrastro-hijastro, esposa-marido, divo acabado-manager curtido, novia perfecta- amigo del alma, chica tímida-chico tímido, los dobles de cuerpo de una pareja de actores porno ( que da lugar a situaciones comiquísimas por el choque entre el exquisito trato que se dispensan los implicados y el hecho de estar en medio de escenas muy íntimas de profunda incomodidad en público ) ... e incluso bromea con la posibilidad del amor en el 10 de Downing Street, con un Primer Ministro soltero empedernido, cuyo romance con una empleada no pasa de ser una revisión amable de temas de actualidad-cotillil-política con críticas más o menos evidentes al rancio y tradicional sometimiento británico al "amigo" americano.
Para mí la peli se salva del blandorrismo típico de otras etiquetadas como "comedias románticas" precisamente porque no se toma en serio a sí misma, y evita profundizar en cuestiones como el desamor, el desengaño, la infidelidad, los celos, y tantas clases y variedades de amor, fraternal, filial, la amistad, el compromiso, la lealtad, en fin... Lo que es el amor, en realidad: Love Actually.
Una postal de Navidad simpática, que nos recuerda lo de "mejor con una sonrisa", totalmente opuesta al planteamiento casi metafísico que encontramos en Solaris.

lunes, 4 de agosto de 2008

Cine: Dos maneras muy distintas de decir "te amo" ( I )



En los últimos días tuve la oportunidad de verlas en la tele. La primera no se presenta como una historia de amor, sino que ésta forma parte del argumento, como una trama más, aunque según avanza el metraje se impone como respuesta a todas las cuestiones que nos estuvieron intrigando desde el comienzo de la peli.

De hecho, el formato inicial es el de una historia de intriga, una especie de policíaco en el que el peso de la investigación corre a cargo de un psiquiatra, sumado al ingrediente de que sucede en un escenario futurista, pero no de ciencia-ficción al uso, sino de ese futurismo posible y probable, como el que vimos en el clásico "2001". Como efecto para aumentar el suspense, los personajes que el psiquiatra se va encontrando están en estado de shock, puesto que en la nave que ocupan ha ocurrido una tragedia y hay personas muertas, cuyos cuerpos se guardan en la cámara frigorífica, y las explicaciones que pueden aportar se hacen difíciles o inverosímiles.

A través de flash-backs, fragmentadamente, vamos conociendo la tragedia personal del psiquiatra, cuyas consecuencias en sus recuerdos tendrán efectos esclarecedores y determinantes en su investigación. En el clímax de la historia, el protagonista tendrá que hacer una elección capital, y es esa decisión la que convierte esta película ( que a buen seguro muchos calificarán como "difícil") en una declaración de amor que me conmovió, sin recurrir a ninguno de los gastados recursos de las pelis románticas de toda la vida.

Y es en esto donde quiero hacer hincapié, en lo hondo que me llegó el trasfondo de la historia: La crucial elección del ser humano entre lo racional y lo espiritual, y cómo el amor es una cuestión de toda naturaleza menos racional. Es fundamental comprender que se trata de la elección de un científico, de un hombre de ciencia, frente a lo aparente, a lo inexplicable... a lo irracional. Y además, manifiestamente ateo, lo cual, viendo la película, hace que su decisión implique algo tan emocionante, tan fascinante, tan (de nuevo) conmovedor, como renunciar a sus principios, a su credo... por amor.

La peli tiene muchísimo por donde rascar, pero esta vez sólo quise comentar esta faceta. La recomiendo, pese a su presunta "dificultad": Solaris ( yo vi la versión americana, que el original es una peli soviética homónima, de 1.972, dirigida por Andrei Tarkovski ).