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miércoles, 20 de mayo de 2009

El paraíso

Yo quería ser libre. Mi libertad estaba lejos, y no sabía muy bien dónde. Según fui conociendo el mundo pude darle un refugio a mi libertad, y allí sería feliz. Podía ser un sitio con mar o sin él, con una de esas playas inmensas en marea baja o en las montañas. Tendría que haber un río, eso seguro. Pero no un arroyo para pescar, sino un gran río que pudiese navegar con una piragua, canoa, o lo que fuese propio. Alaska, Canadá, Siberia, Noruega... se fueron sucediendo.

Desde los paisajes más desolados hasta las sociedades más tolerantes y cívicas. Primero quise ser feliz solo, pero nunca solo del todo, sino en la Naturaleza. Encontrarme a mí mismo, y toda esa parafernalia, lejos de las gentes, en medio de la inmensidad, para facilitarme escuchar la voz interior, y tal y cual... para luego descubrir, como Chris Mc Candless, que la felicidad no existe si no la puedes compartir. Además, es difícil estar solo hoy día. Me lo explico siempre con una imagen típica, que aparece en muchas películas cuando reflexionan sobre lo de la libertad y la soledad:
Un hombre camina con su mochila por el desierto, o por una zona montañosa y con bosques vírgenes, se sienta en una roca, y cuando sobrepasa la cima de la montaña, de pronto pasa un trailer de seis ejes soltando una columna de humo tocando la bocina con toda, y devolviendo al ingenuo a la realidad. ¡¡¡MOOOOOOOOOC MOOOOOOOOOC!!!

Pero yo seguía queriendo ser libre. Así que después pensé en rescatar la bondad humana (la mía y la que le suponía a los demás), empecé a pensar que mi libertad estaba en sitios poblados, más o menos urbanos, pero en contacto con otras gentes, semejantes a mí, que en realidad me harían descubrir que yo podía existir en otro ser. Que ya no se trataba de descubrirme en las rocas o en los bosques, sino en las conciencias ajenas, de modo que espíritus abiertos y emprendedores me aportarían la libertad que buscaba. Mi libertad estaba ahora en Suiza, Holanda, Dinamarca...

Después fui dándome cuenta de que seguramente la libertad no está en un lugar necesariamente, sino que el mejor lugar para sentirse libre está dentro de uno mismo, en su conciencia de la libertad, y que suele ser así como viene aparejada la felicidad. Fue cuando me dedicaba a leer pensamientos marxistas y postmodernos, y casi me entra la depre aceptando el hecho de la quimera de la libertad en la sociedad "opulenta", y toda la palabrería asociada.

Así que no sé si demasiado pronto. Pero el hecho es que a los 36 he dejado de buscar la libertad. Y por tanto he dejado de buscar la felicidad. Cuando estoy optimista, la mayoría del tiempo, pienso que no la busco porque ya la tengo. Ambas. Cuando no, tampoco así vuelvo a buscarla.

En fin.

jueves, 2 de abril de 2009

Deberíamos irnos los dos



No sé quién dijo "confieso que he leído". Es igual. Yo también confieso que he leído... el lomo de un libro en las estanterías de la casa de mi padre que decía "Las Cárceles del Alma" y "Lajos Zilahy". Eso fue hace muchos años. Nunca lo leí...
Después oí por la radio que Sting había sacado un nuevo álbum y lo había titulado "The Soul Cages", y el poco inglés que sabía me dijo que ambas obras debían tener algo que ver.

La cuestión es que esa expresión me había impactado desde siempre. Me hacía imaginar los barrotes, en primer lugar. Negros y fríos. Infranqueables. Y muy crueles, porque al contrario que una pared, te dejan ver todo lo que hay fuera, lo que te estás perdiendo, de lo que te están privando.

Con el tiempo y la experiencia me fui dando cuenta de que es el ideal de justicia el que supone demasiadas cosas negativas en las vidas de las personas. Y además es una buena explicación a que los barrotes que nos encarcelan son levantados por nosotros mismos.
Por si no lo había aprendido en mi propia vida, encuentro tal enseñanza en eso que tiene de reválida cuando nos convertimos en padres. Veo a mi hijo empezando a aprender a aceptar la diferencia entre el Bien y el Mal, y cómo nace en él en consecuencia no sólo el sentido de la justicia, sino la paralela frustración de vivir todo eso que ocurre, y le ocurre, en contra de ella.

Y me acuerdo de mí como niño, y queriendo explicárselo a él me explico a mí mismo que es esa frustración la que nos hace nacer el miedo, la prudencia, la parálisis... todos los nombres de los enemigos de la inocencia. La misma que después nos pasamos pensando en recuperar los ratos que nos permitimos soñar despiertos.

Pero a veces, en días como hoy, corrientes aparentemente, nos llevamos una sorpresa feliz. Quizás exagere, fruto de alguna necesidad o desesperación que no reconoceré jamás. A veces descubres una verdad que en cierto modo te libera de esos barrotes que con tu miedo has levantado. Puede ser una voz en tu oreja, hablándote en la almohada, o con los labios cerca del oído aprovechando un baile lento, o al otro lado del teléfono. Es igual.

Escuchas esas palabras y por un momento dudas, aún sorprendido por comprobar que es posible también para ti. Que puedes vivir despierto el momento exacto en el que otra persona desea contigo lo mismo que deseas tú con ella.
Y sólo esperas que esa persona pueda a su vez derribar sus barrotes , igual que tú acabas de quebrar los tuyos haciendo tuya su voz. Y por eso repites la frase en voz alta.

A mi editora.

sábado, 21 de marzo de 2009

La Muerte y los Mesías



El número de personas que se tienen que morir para que uno aprenda puede variar muchísimo de unos a otros. Algunos de hecho se mueren sin haberlo aprendido. Hoy me siento más fuerte porque siento que he aprendido de esas muertes. Que lo he aprendido, pensando con ello que en realidad es sólo eso lo que se puede aprender, aunque como consecuencia la perspectiva y las actitudes cambian de tal manera que uno se siente más libre, y por tanto más fuerte.


¿Y qué es? Ah! Nada que no sepamos, aunque lo ignoramos al evitar contar con semejante tabú en nuestro día a día. A mí me da que el tabú nace de confundir tener en cuenta todos los días a la Muerte con vivir postrado por el miedo a que llegue "antes de tiempo". Me hace gracia esto: Como no podemos controlar su llegada, estando como estamos más o menos a expensas del azar (los accidentes ocurren...) vivimos demasiado tiempo pensando que no estamos preparados si nos pilla jóvenes, y sobre todo, sin haber cumplido con un mínimo de expectativas más o menos convencionales: Tener un libro, plantar un hijo, y escribir un árbol. O algo así...

El caso es que en el tiempo que he vuelto a vivir con mi madre (suma de sentimientos contradictorios y deseo de que esa convivencia no dure tanto como está durando) he estado más cerca que nunca de la Muerte...


Tranquilos, esto no tiene nada que ver con Norman Bates, por mucho que vuestra imaginación os juegue surreales pasadas. Hablo de cómo, sana como está, se suceden a su alrededor cada vez más a menudo las enfermedades, los achaques, los "con lo que esa persona era, y ahora...", los "¿sabes quién se ha muerto?", los "me han dicho que está fatal"... y el peor de todos los males: "ya no conoce a nadie".
Hablo de cómo se le va haciendo más y más presente ( y con ella, a mí) el hecho de la Muerte, de no estar. Del vacío. Como si no se le hubiera hecho bastante presente tras haber ido perdiendo a su padre, a su suegro, a su madre, a su marido, a amigos...

Pero de las dos actitudes que como mínimo hay ante la Muerte, yo me quedo con la que me libera. Me lo debo ante todo a mí mismo, a mi deber de vivir para el Bien, propio y ajeno. Se lo debo al propósito de que las muertes de los seres queridos no pueden ser en vano. Y aunque sólo sea por la persistencia de la vida por abrirse camino, con el nombre de mi peque.

Por ello soy optimista. Y fuerte. Y a los que me ven con una tierna condescendencia por mi inocente ignorancia, por no haber sufrido lo bastante como para estar más "de vuelta", les digo lo de siempre. Que esto no es un valle de lágrimas. Puedes vivir esperando que un día llegue alguien que te muestre la luz. Alguien a quien seguir o de quien colgarse, delegando en él el poder de liberarte. Puede ser un dios, un ídolo, un filósofo, un líder político, un pariente, un compañero. Llamémosle liberarse, madurar, hacerse mayor, crecer... Da lo mismo el nombre. Que venga quien quiera. Que llegue.
Que lo que yo tenía que aprender me lo enseñó quien se fue. Al irse.

jueves, 26 de febrero de 2009

El humo ciega mis ojos


Le he dado demasiadas vueltas a esta entrada. Así que va como salga, es lo mismo.

Me planteé el asunto desde la ironía, sobre todo. Pero no me saldrá bien, y por eso renuncio. Lo que es seguro es lo del "demasiado": Cuando ves que por muchas vueltas que le des, sientes que cada nuevo enfoque no lo va a decir mejor que los anteriores.
Pero salir, tiene que salir. Me lo manda la ansiedad... y esa parte de mí que hizo un blog para irla soltando hecha palabras.

Y ya! Creo que esa es la clave. La ansiedad. Puesss... la expresión pura de la frustración.
Y vuelvo a uno de mis molinos favoritos. Vereis, es que le doy muchas vueltas a todo (y direis: "¿y quién no?"), y de nuevo tocamos la tecla: La frustración es ley de vida... Yo creo que sí. Que frustrarse, mucho o poco, es inevitable. Igual que responder a ella con ansiedad. Que una forma de "madurar", en fin, de "dejar de ser un niño", es la de acumular ilusiones no satisfechas que nos frustran.

Pero, después de dos párrafos, ¿de qué va esta entrada? Pues de cómo nos deshacemos de la ansiedad. A mí me ha dado por lanzar tiros libres, ya ves tú. Soy afortunado. Voy juntando ansiedad por la suma de pequeñas y grandes frustraciones diarias, como todo hijo de vecino, pero mi fortuna está en tener, de vez en cuando, horas y un lugar bonito donde estar a solas, intentando no pensar... peeero.

A veces el tablero es como una ventana, o como una pantalla (uhmm... es lo mismo) donde voy viendo las imágenes de mi ansiedad. Y fallo el tiro. O entra. Depende de si lanzo a conciencia, o mecánicamente. Y claro, como siempre intento encontrar verdades y soluciones en todo lo que hago y en todo lo que me sucede, me vuelvo a casa (aparte de con más intrigas de las que me traía), preguntándome si es así con todo: Si la solución está en la mecánica, en no pensar, en hacer sin dudar.

Y es jodido, no creais. Porque ya se ve venir la paradoja: La frustración de ser consciente se resuelve con algo mucho más frustrante: Descubrir que se sufre menos siendo mecánico, siendo inconsciente.
Y sí, lo veo, no soy más "sano" por lanzar tiros libres, pero me jode mucho, pero mucho, que me toquen el bolsillo para tratar la enfermedad de quien eligió deshacerse de su ansiedad chupando nicotina, secándose el hígado, empastillándose o quemándose el paladar. Y seré borde, políticamente incorrecto, y al menos, honesto: He tenido suerte, pero no tanta. La sociedad no es la culpable.

Va, venga, no caeré en la cantinela de las grandes multinacionales tabaqueras, la cultura del vino, los jóvenes sin ideales, o frases grandilocuentes como "el sistema busca y procura seres dóciles, y los indóciles se marginan ellos mismos... suicidándose despacito, pero eso sí, ¡porque son libres!"

¿Es simplemente eso, el precio de ser libres?: ¿El derecho de ser gilipollas?. Por información no será.

miércoles, 21 de enero de 2009

El arte de la guerra

Cómo somos la gente. Un libro que explica por capítulos cuál es la mejor manera de hacerle la puñeta a tu enemigo, haciéndote consciente de sus desventajas y limitaciones y sacándoles el máximo partido, se ha convertido en un clásico, un referente del mejor pensamiento práctico, y ha trascendido durante siglos manteniendo su vigencia. Inteligencia para derrotar. Pero... y para entendernos, ¿qué?

El libro sobre cómo entenderte con tus semejantes, anticiparte a sus argumentos, poniéndote en su lugar, desarrollando consecuencias diferentes a las suyas con la misma base... el libro que trate de cómo las palabras intentan superar los prejuicios, las premisas basadas en intenciones supuestas, no demostradas, o sólo temidas, ese libro, si se ha escrito, debe de ser el más denostado e ignorado de todos.

La clave está en las emociones. Todo lo racional está limitado por lo emocional. Y la página de ese libro que habla de cómo los estados de ánimo, de cómo la relación personal que haya entre los que discuten (ni siquiera tienen un nombre concreto, como los enemigos, reconocibles y opuestos) condiciona no sólo su estrategia, sino incluso el contenido de sus argumentos, esa página, debe estar arrancada.

Y me cuesta mucho abrir mi percepción a algo que dé una explicación conjunta con lo racional y lo emocional, que parecen ser antagónicos. Me pregunto: ¿por qué lo que parece respeto por un enemigo en una lucha de argumentos tiene que parecer falta de respeto por un amigo? Yo creo verlo en la carga emocional.
No sé si seré capaz de expresarlo tal como lo pienso, pero lo intento.

Entiendo que tiene que tratarse de una cuestión de "expectativas". Al fin y al cabo, la etiqueta "enemigo", esa certeza al ponérsela a alguien, facilita mucho las cosas, ya que nos permite canalizar nuestras emociones en una sola dirección: La contraria a la suya. Las expectativas con un enemigo reconocido (el que también nos tiene como tal a nosotros) son siempre las mismas e impiden la sorpresa.

Sin embargo, con una persona a la que no consideramos nuestra "enemiga", pero a la que no etiquetamos en reconocimiento de su libertad para sobrepasar posibles prejuicios que pudiéramos aplicarle, limitándola, sólo es posible la incertidumbre.
Y ante esa incertidumbre, nacida como digo de nuestro deseo de no atentar contra su libertad de ser, cabe todo: La frustración, la decepción, la esperanza, la sorpresa, la complicidad, la indignación, la desilusión... Emociones.

Por eso siempre hace más daño un amigo que un enemigo. Por las expectativas.

viernes, 9 de enero de 2009

Ideas ¿propias?

Eres lo que haces.
Está bien como declaración de principios. Una ética para la acción. Una persona se define por sus actos.
Ummm... ¡cuántas preguntas surgen! Nos hacemos mayores, y algunos hasta maduran. Pero, ¿qué es madurar? Bueno, creo que todos tenemos una idea general de qué muestra madurez en alguien: Hacerse cargo de los actos propios, asumir responsabilidades de las consecuencias de las decisiones, de las palabras, de las actitudes...
Sí a todo. Pero, ¿y tener un pensamiento propio? Esto ya me inquieta más.

Porque, una vez formada, más o menos académicamente, ¿puede decir una persona que tiene ideas propias? Ha estado recibiendo instrucción de la visión del Mundo de pensadores, artistas, políticos, economistas... de todas las épocas. Y junto con ello, la influencia del pensamiento de su familia, compañeros de estudios, amistades, y entorno social cercano.
Por si no fuera suficiente, los medios de comunicación que elija, o le sean impuestos por costumbre o por asimilación, determinarán también sus ideas, que así se aparecen como todo menos propias.

Pero yo discrepo. Yo sí creo que una persona puede tener ideas propias... aunque no originales. Me lo dijo Lennon un día, en una canción. Pero a él llegaré más adelante. Puede que el pensamiento propio sea una más de tantas combinaciones posibles de pensamientos ajenos, pero tal pensamiento es el que contribuye a basar un criterio único, personal.
Eso no quita que sea posible que dos o muchas más personas puedan sentir que comparten un pensamiento, o grandes semejanzas en sus puntos de vista sobre el Mundo. Sobre todo los que hayan formado su pensamiento con elementos comunes.

La clave está en la libertad. La libertad surge de la conciencia de ser único, individuo, pese a las mayores o menores semejanzas con otros. He leído con frecuencia que la personalidad se conforma por oposición, y que es necesario "otro" para poder ser "uno". Estoy de acuerdo, pero no creo que eso sea una limitación de la libertad: Sí, puede pensarse que estamos limitados a ser sólo lo que los otros que nos hayan tocado en la vida nos hacen ser, por oposición. Esto queda muy claro en el caso de los hermanos, pero es precisamente el hacerse consciente de nuestra individualidad lo que nos permite elegir. Y como podemos elegir no ser opuestos, o serlo sólo en lo que nos interese, somos libres.

Esto viene muy bien cuando nos planteamos el destino y el azar. Para mí, que no podamos controlar todo lo que nos rodea no nos convierte en juguetes del destino... ni del azar. Somos más dueños de nuestros actos de lo que pensamos, y aceptar eso es justamente para mí una señal de madurez.

Me ha pasado alguna vez que he ido armando pensamientos en la vida, y más tarde he descubierto aquello de lo que me previno... de lo que nos previno Lennon: "No puedes pensar ni decir nada que no haya sido pensado o dicho ya, es fácil". Creo que en entradas venideras iré mostrando mi pensamiento a través del de quienes elegí... o me eligieron, para formarlo, incluido él, claro.

lunes, 5 de enero de 2009

Te amo... aunque no te necesito

Amar no debería ser un "no puedo vivir sin ti" (por mucho que se sienta algo parecido). No se trata de competir en demostrar a quien amamos cómo lo pasamos de mal con su ausencia.
No hay nada egoísta en afirmar a quien amas que no le necesitas: Al contrario, le estás haciendo libre. Le dices: Te amo, pero no porque dependa de ti. Te amo porque me haces feliz estando. Podemos entonces deducir: Bueno, si te vas, entonces sufriré mucho... Y no tiene por qué ser así el amor: Si te vas, me dolerá, pero antes de que llegaras a mi vida, yo era una persona, y si realmente pensase que sólo puedo congeniar contigo, y tú no lo crees, entonces me tiraría de un puente... o te mataría: Ese amor inmaduro es el que lleva a los malos tratos psicológicos, a los físicos, al chantaje emocional, a anularse como persona, al "sin ti no soy nada", y a poner a otra persona al final de nuestra propia existencia.

Eso no es amor. Es miedo a estar a solas con uno mismo.
Y realmente las personas deseamos demasiado compartirnos como para pensar que sólo existe una única persona con la cual encajar.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Sexo

Hace más o menos un año, en otro lugar, escribí esto sobre el sexo en los medios de comunicación:

El sexo es una de las mejores cosas de esta vida. Si lo tienes, porque lo tienes, y si no, porque no. O porque lo tienes escaso, deficiente, problemático... Pero sí. Seguro que no sólo el 90% de los hombres, sino el 90% de la población, tiene el sexo en la mente muchas veces al día. Los publicistas lo saben.
Puede que lo que nos moleste de las intenciones sexuales del otro no es su deseo, sino que no coincide con el nuestro. Cuando uno mismo tiene deseo, de lo primero que se olvida es de que el otro puede no estar pensando en sexo. Aunque sea hombre.
Creo que estaría bien dejar de ver a las mujeres como damiselas candorosas y a los hombres como penes con piernas. Creo que todos tenemos sexo, y no hay que ser infeliz por ello.
No es extraño, no es escandaloso, ni es síntoma de problema alguno. Quizás es peor tener el sexo ausente.
... y me quedo tan oreao.
Que todos tengais mucho sexo estas Navidades!!! y todo el año, qué caray!

lunes, 15 de diciembre de 2008

Las Órbitas de los Cuerpos Celestes

En esta entrada mezclaré cosas... para variar. Mezclaré el significado de un giro copernicano con algo parecido a una declaración de amor. No sé. De gratitud, seguro.

Después de 1.500 años de oscuridad, Copérnico puso las cosas en su sitio. El Sol en el centro, y la Tierra a sus expensas. Para mí es éste el verdadero hecho crucial que hizo renacer a la Humanidad.
Del mismo modo, el ser humano, con el cambio de perspectiva, empezó a dudar y a hacerse preguntas. Y no sólo eso, sino mejor aún: Empezó a darse respuestas nuevas para las preguntas de siempre. Nuevas respuestas trajeron nuevas dudas, y éstas a su vez nuevas preguntas, y así empezamos a crecer. La Razón sustituyó a la Fe, y lo relativo, a los dogmas. La lógica y el razonamiento han hecho por nosotros mas que toda la Fe del Mundo. Nos han llenado de dudas, de relatividad, y de muchas incertezas... pero nos han hecho libres.


En mi vida, pasó igual. Un día hubo un giro copernicano, y nací de nuevo. O de veras. No sé a quién le leí que todos nacemos dos veces: El parto, y la madurez (por desgracia habrá quien no nazca más que la primera).
Hoy me atrevo a compartir esto aquí. Sin engreimiento ni inmodestia. Seguro de que hay muy pocas cosas seguras en esta vida. Una es la Muerte, y la otra... no, no son los impuestos.

La otra es el Amor. Pero calma, no he sucumbido al fantasma de Jesús Puente, no es el amor tradicional, el de toda la vida, ése es el más falso. Hablo del que nos mueve a actuar libres, el que nos salva, el antídoto para tantas incertidumbres. Explica y justifica nuestro instinto sociable, es el que hace posible que nuestra voz interior sea la de otra persona, que se pueda vivir con la sensación sobrenatural de que percibimos una nueva dimensión de la mano de otro. De que sólo podemos ser del todo nosotros mismos porque existe otro que nos completa.

Podemos pensar que alguien así es un milagro... o milagro: podemos pensar que nosotros somos el milagro de otro, porque todos somos Copérnicos a punto de reordenar el Mundo de alguien.

Ésta es mi declaración. De amor o de gratitud, a mi propia Copérnico.

jueves, 11 de diciembre de 2008

¿Y si...

... todo esto no fuera más que dar vueltas y vueltas a La Culpa?

Los "debería" atacan de nuevo:
- debería cuidar más a mis amigos... yo que tengo el "defecto" de encerrarme,
- debería ocuparme más de los demás... yo que vivo mejor que tantos,
- debería corresponder a lo bien que me tratan... yo que no merezco tal fortuna,
- debería ser mejor persona... yo que tengo tanto que ofrecer a los demás.

Pero se encuentran de frente con el ejército de los "soy libre":
- soy libre para hacer lo que quiera... yo que he obedecido siempre,
- soy libre de llevar hasta el final mis actitudes... yo que nunca quise molestar,
- soy libre de perder crédito ante los demás... yo que gané coherencia ante mí mismo,
- soy libre para preferir una soledad honesta... yo que (me)mentí para no estar solo.



Y en medio de esta lucha diaria vivimos nuestras relaciones con los demás. A veces, una canción, un poema, una noticia, una risa, una foto, una ausencia o una muerte cambian el cariz de esa lucha, y nos sentiremos... como halcones llamados a las filas de la insurrección; o nos sentiremos mal, derrotados y confusos.

viernes, 31 de octubre de 2008

Náufrago

Con ésta ya la vi unas cuatro veces, creo. No me importa que sea Tom Hanks, da igual. Esta historia ya la conocemos los de nuestra generación. Los que entre la pubertad y la adolescencia recibíamos siempre de algún pariente o amigo con buenas intenciones (más bien de sus padres, jeje) un libro. Una novela adaptada, con ilustraciones, sobre un clásico universal. En este caso, Robinson Crusoe.
Defoe no pensó para nada, supongo, en hacer una novela de aventuras para lectores jóvenes, de la misma manera que Swift tampoco escribió Los Viajes de Gulliver pensando en los adolescentes.
El problema con relatos como estos es que al haberlos leído en nuestra juventud, no reflexionemos lo bastante profundo sobre su mensaje, su moraleja, su enseñanza. Que al fin y al cabo, la tienen, y por eso justamente se recomiendan a los jóvenes, para formar eso que los de ahora parece que no tienen: El "espíritu".
Y eso. En cuanto a la historia de "Náufrago", pues lo que tiene de metáfora, o alegoría, que ahora no recuerdo por qué se distinguen. Lo de un hombre solo en una isla desierta, pues no es más que una simplificación didáctica del género humano en el Mundo. Y su odisea para sobrevivir en la isla, es la reproducción de nuestra Historia, la común a todos nosotros: El habla, el descubrimiento del fuego, la conquista del entorno, el desarrollo de la industria, del comercio, el contacto con otros congéneres...

En Náufrago, con mucho acierto, Viernes es representado por Wilson, una pelota de voleibol, y la relación "civilizado"-"salvaje" (ambos términos entre comillas, para dejar claro que expresan la visión de Defoe sobre el contacto entre culturas propio de su época), se sustituye por la más acorde con la actual, de semejantes, vecinos, iguales.
Wilson es fascinante para mí como personaje, ya que no posee identidad propia, sino que es una original manera de hacer ver al espectador un mecanismo de nuestra mente que surge en situaciones extremas de soledad: El desdoblamiento de personalidad. Como seres sociables, los humanos necesitamos, biológica y psicológicamente, compartir el Mundo. La soledad es contraria a nuestra naturaleza, y es sobrecogedor ser testigo de esa paranoia en el náufrago, que sin embargo le permite sobrevivir a su extrañamiento.

Como sucede en otra obra maestra del cine, Cadena Perpetua (The Shawshank Redemption), la esperanza= la ilusión= la ficción, es lo que nos mantiene en la lucha.
En Náufrago, además, hay una agudísima y preciosa reflexión sobre la incomunicación humana, tema presente en todas las formas de arte desde siempre, y más abundante en la actualidad:
En una época llena de posibilidades de comunicación, ser desplazado súbitamente a un espacio ajeno a esto, es como estar muerto.
En la película, Hanks encuentra un motivo más para la supervivencia: Su trabajo le define como persona: Es un mensajero, es el medio para alcanzar precisamente lo que a él le falta, y si no puede conseguir "su" meta, "su" esposa, "su" destino, entonces ayudará a conseguir el de "otro". Pero... mejor, ved la película.
Yo, como "optimista existencial" (no me habré llevado suficientes palos en la vida), me quedo con el mensaje, perfecto, sublime: Nunca sabes qué traerá la marea.

martes, 21 de octubre de 2008

Libertad de pensamiento, credo y opinión


http://es.wikipedia.org/wiki/Pastafarismo
Os propongo una lectura de este divertidísimo y entretenido enlace, motivado por el debate acontecido en Estados Unidos (¿dónde, si no?) entre los partidarios del "diseño inteligente" (un eufemismo para ocultar que se trata de creacionismo) y de la selección natural.
Fragmentos destacables (a ver si os engancho):

- El universo fue creado por un Monstruo de Espagueti Volador invisible e indetectable. Todas las evidencias que «erróneamente» apoyan la evolución han sido «plantadas» intencionadamente por este ser, con el objeto de poner a prueba la fe de sus fieles.
-El calentamiento global, los terremotos, los huracanes y otros desastres naturales son consecuencia directa de que desde los años 1800 ha disminuido el número de piratas. En el sitio de Henderson se presenta un gráfico que demuestra la correlación inversa entre la cantidad de piratas y las temperaturas mundiales. Este componente de la teoría acentúa la falacia lógica esgrimida por los creacionistas de que la correlación implica causa.

y ahora viene lo mejor:
  • La creencia Pastafari del cielo hace hincapié en estos dos puntos:
  1. Tiene volcanes de cerveza hasta donde alcanza la vista
  2. Tiene una fábrica de bailarines/as de striptease.
  • En cambio, en el infierno:
  1. Hay también volcanes de cerveza, pero está rancia
  2. Los bailarines/as de striptease tienen enfermedades venéreas.
Me he divertido muchísimo leyendo este enlace. Espero que os haga reír, pero sobre todo, que os haga pensar.

La esperanza



Dedico este fragmento precioso a todas aquellas personas que de algún modo se sienten presas en su propia vida. Como cualquier otra vía de escape, o de alivio, aunque mucho menos dañina, la música... mejor que lo diga Andy Dufresne.
Nos veremos en Zihuatanejo.

viernes, 1 de agosto de 2008

Ser objetivo

¿Cuántas veces hemos hecho una lista de algo? Las mejores canciones, los mejores atletas, las mejores películas, los libros más influyentes, mejores actores y actrices... Aparte de las propuestas en los medios de comunicación, que en realidad intentan promocionar algún género de su mismo palo, o simplemente vender productos en un mercado, cuántos de nosotros nos hemos atrevido a organizar nuestros gustos en categorías... alguna vez.

Intentamos listas de mujeres y hombres más hermosos, sin darnos cuenta de que pretendemos imposibles. Creo que pocas cosas hacen más daño a la libertad de ser uno mismo que las modas, los gustos impuestos. Sí, da igual que se haga de una forma más notoria o más sibilina, porque al fin y al cabo todo ello responde a una intención, básicamente obedeciendo a criterios comerciales.
Que las personas necesitemos patrones de belleza o de bondad, categorías ante las cuales compararnos, e ideales a los que aspirar, nos hace caer en lo que para mí es un error. Ponemos nuestras ilusiones en cumplir con ideales ajenos, y si no conseguimos acercarnos a lo que creemos que debemos ser, es que no servimos, somos mediocres, normales, del montón.
Vaya sarta de estupideces.

Cuando escucho a alguien que intenta convencerme de que existe un patrón objetivo, un criterio que no es el mío ni el suyo para decidir qué es lo bueno, o lo hermoso, no puedo evitar sentir que esa persona se está perdiendo la mitad de la realidad. Ni siquiera cuando alguien defiende su propio criterio como el auténticamente objetivo.
La objetividad no existe en lo que atañe a las personas. Basta con cambiar el nombre "persona" por su sinónimo "sujeto": ¿Acaso puede un sujeto ser objetivo? ¿Por qué hay personas convencidas de que se puede ser objetivo, y no se dan cuenta de que lo que realmente pretenden es persuadirnos de que su punto de vista es mejor que el nuestro?

No es posible ser subjetivo con las matemáticas o con la física, por muy humanas creaciones que sean, porque tratan de la naturaleza del mundo. Pero acerca de la naturaleza humana nadie puede ser patrón de los criterios de otro.
Es tan real mi punto de vista como el de cualquiera, mientras respete la libertad de los demás, y estoy convencido de que todo aquél que intente convencerme de que estoy fuera de la realidad sólo porque mis gustos... o mis listas, no coincidan ni de lejos con las suyas, es porque no cree en la libertad de pensamiento.