Yo quería ser libre. Mi libertad estaba lejos, y no sabía muy bien dónde. Según fui conociendo el mundo pude darle un refugio a mi libertad, y allí sería feliz. Podía ser un sitio con mar o sin él, con una de esas playas inmensas en marea baja o en las montañas. Tendría que haber un río, eso seguro. Pero no un arroyo para pescar, sino un gran río que pudiese navegar con una piragua, canoa, o lo que fuese propio. Alaska, Canadá, Siberia, Noruega... se fueron sucediendo.
Desde los paisajes más desolados hasta las sociedades más tolerantes y cívicas. Primero quise ser feliz solo, pero nunca solo del todo, sino en la Naturaleza. Encontrarme a mí mismo, y toda esa parafernalia, lejos de las gentes, en medio de la inmensidad, para facilitarme escuchar la voz interior, y tal y cual... para luego descubrir, como Chris Mc Candless, que la felicidad no existe si no la puedes compartir. Además, es difícil estar solo hoy día. Me lo explico siempre con una imagen típica, que aparece en muchas películas cuando reflexionan sobre lo de la libertad y la soledad:
Un hombre camina con su mochila por el desierto, o por una zona montañosa y con bosques vírgenes, se sienta en una roca, y cuando sobrepasa la cima de la montaña, de pronto pasa un trailer de seis ejes soltando una columna de humo tocando la bocina con toda, y devolviendo al ingenuo a la realidad. ¡¡¡MOOOOOOOOOC MOOOOOOOOOC!!!

Pero yo seguía queriendo ser libre. Así que después pensé en rescatar la bondad humana (la mía y la que le suponía a los demás), empecé a pensar que mi libertad estaba en sitios poblados, más o menos urbanos, pero en contacto con otras gentes, semejantes a mí, que en realidad me harían descubrir que yo podía existir en otro ser. Que ya no se trataba de descubrirme en las rocas o en los bosques, sino en las conciencias ajenas, de modo que espíritus abiertos y emprendedores me aportarían la libertad que buscaba. Mi libertad estaba ahora en Suiza, Holanda, Dinamarca...
Después fui dándome cuenta de que seguramente la libertad no está en un lugar necesariamente, sino que el mejor lugar para sentirse libre está dentro de uno mismo, en su conciencia de la libertad, y que suele ser así como viene aparejada la felicidad. Fue cuando me dedicaba a leer pensamientos marxistas y postmodernos, y casi me entra la depre aceptando el hecho de la quimera de la libertad en la sociedad "opulenta", y toda la palabrería asociada.
Así que no sé si demasiado pronto. Pero el hecho es que a los 36 he dejado de buscar la libertad. Y por tanto he dejado de buscar la felicidad. Cuando estoy optimista, la mayoría del tiempo, pienso que no la busco porque ya la tengo. Ambas. Cuando no, tampoco así vuelvo a buscarla.
En fin.
Desde los paisajes más desolados hasta las sociedades más tolerantes y cívicas. Primero quise ser feliz solo, pero nunca solo del todo, sino en la Naturaleza. Encontrarme a mí mismo, y toda esa parafernalia, lejos de las gentes, en medio de la inmensidad, para facilitarme escuchar la voz interior, y tal y cual... para luego descubrir, como Chris Mc Candless, que la felicidad no existe si no la puedes compartir. Además, es difícil estar solo hoy día. Me lo explico siempre con una imagen típica, que aparece en muchas películas cuando reflexionan sobre lo de la libertad y la soledad:
Un hombre camina con su mochila por el desierto, o por una zona montañosa y con bosques vírgenes, se sienta en una roca, y cuando sobrepasa la cima de la montaña, de pronto pasa un trailer de seis ejes soltando una columna de humo tocando la bocina con toda, y devolviendo al ingenuo a la realidad. ¡¡¡MOOOOOOOOOC MOOOOOOOOOC!!!
Pero yo seguía queriendo ser libre. Así que después pensé en rescatar la bondad humana (la mía y la que le suponía a los demás), empecé a pensar que mi libertad estaba en sitios poblados, más o menos urbanos, pero en contacto con otras gentes, semejantes a mí, que en realidad me harían descubrir que yo podía existir en otro ser. Que ya no se trataba de descubrirme en las rocas o en los bosques, sino en las conciencias ajenas, de modo que espíritus abiertos y emprendedores me aportarían la libertad que buscaba. Mi libertad estaba ahora en Suiza, Holanda, Dinamarca...
Después fui dándome cuenta de que seguramente la libertad no está en un lugar necesariamente, sino que el mejor lugar para sentirse libre está dentro de uno mismo, en su conciencia de la libertad, y que suele ser así como viene aparejada la felicidad. Fue cuando me dedicaba a leer pensamientos marxistas y postmodernos, y casi me entra la depre aceptando el hecho de la quimera de la libertad en la sociedad "opulenta", y toda la palabrería asociada.
Así que no sé si demasiado pronto. Pero el hecho es que a los 36 he dejado de buscar la libertad. Y por tanto he dejado de buscar la felicidad. Cuando estoy optimista, la mayoría del tiempo, pienso que no la busco porque ya la tengo. Ambas. Cuando no, tampoco así vuelvo a buscarla.
En fin.
