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jueves, 11 de marzo de 2010

Ligeros de equipaje



Y llegó un momento en que sentimos que tanta grandeza, tanto poder, todo aquello de lo que nos habíamos hecho conscientes, debían compartirse más allá de la voz, que moría con nosotros. Nuestro saber, nuestro sentir… nuestro ser, había ido siendo hasta entonces compartido con nuestros sucesores de viva voz.

Para recordarlo y mantenerlo vivo, caliente, fuimos inventando y descubriendo recursos para la memoria: Frecuencias estables de acento y entonación, y de ahí, rimas, y de ahí, versos, estribillos y canciones… Y entonces, las canciones tampoco fueron suficientes, así que revivimos los hechos repitiéndolos ante los demás, reproduciéndolos, representándolos, y creamos la parodia, la pantomima… el teatro.

Y nuestro saber se multiplicó, y había tantos recuerdos que transmitir, tantos pensamientos que perpetuar, que no bastó ni el teatro ni las canciones. Entonces comenzamos a dejar huellas, marcas, señales más o menos duraderas en materiales resistentes: Huesos, piedras, madera, arcilla… Aprendimos a dibujar, y conseguimos contar historias que sobrevivían por fin a nuestra voz. Más allá del tiempo de una vida. Los dibujos copiaban el Mundo, y todos sus seres y riqueza. Quisimos dejar constancia a quienes nos habrían de suceder de los hechos y acontecimientos de nuestra vida. Esto sucedió principalmente mientras la Tierra se enfrió por última vez, y tuvimos que vivir en cuevas. En sus paredes ensayamos relatos a través de dibujos, a color y en movimiento (por eso encontramos bisontes y ciervos de ocho patas). Habíamos inventado el cómic, la fotografía…. Y el cine.

Simultáneamente, nuestro cerebro conocía demasiadas palabras como para ser recordadas dentro de nuestras mentes, de manera que empezamos a relacionar determinados dibujos con determinadas palabras… No sólo habíamos creado la escritura. Habíamos creado el alfabeto.

Al ser más sabios, aprendimos a anticipar los hechos venideros, de manera que aprendimos a acumular cantidades. Cantidades demasiado grandes como para poder ser trabajadas de memoria, razón por la cual también entonces inventamos los números, y también ellos fueron escritos.

Y finalmente, dimos el gran salto: Una vez que fuimos asegurando nuestra supervivencia física (el alimento para el cuerpo), comprendimos que había algo más. De la reflexión nace el pensamiento abstracto, y fuimos capaces de pasar de pensar en “buey”, “fuego”, “mano”, a pensar en “indulgencia”, “transubstanciación”, o “empatía”. Habíamos creado la literatura.

Existe una semejanza asombrosa entre la evolución vital de una persona y la evolución en el pensamiento del género humano. Como igual de asombrosa es la semejanza entre la evolución embrionaria de un individuo y la de la especie a la que pertenece.

La escritura es pues nuestra memoria externa. Duradera, y tan permanente como creímos que sería… hasta ahora.

Aquí estamos pues, ante la paradoja de palabras como éstas que leeis. Virtuales. Inventamos palabras, inventamos la escritura, los pensamientos y sentimientos tangibles… y, de pronto, otra vez las palabras que pasan y se deshacen como nubes en el cielo. He pensado muchas veces en ello, y quién no. Pero más últimamente, hasta en un modo obsesivo. He tenido que reconocerme obseso ante lo efímero del pensamiento así reflejado. ¿Duran las palabras cuando desaparece el soporte que las realiza? ¿Permanecen más allá de la mente de quien las ideó si apenas son recordadas por un puñado de lectores?

Estas últimas semanas he ido leyendo entradas en otros blogs con las que he enlazado la idea de que esta “conciencia de lo efímero” está comúnmente extendida. Por ejemplo, en esta entrada de Daniel Domínguez, he podido encontrar, más o menos oculto, el reconocimiento de una agonía en las reflexiones de diversos autores acerca de, como diría Daniel, “el aquel de escribir”. De la lucha del ser humano por pervivir más allá de su existencia.

En toda persona hay un deseo de trascender. Los niños se dibujan a sí mismos o a sus ídolos (en el sentido más estricto del término), con los que se identifican por la cualidad o virtud que creen o querrían poseer. Se dibujan, y escriben sus nombres junto a la figura, como sellando un certificado que les acredita como seres reales.

Y cuando aprenden a escribir, cuando aprenden a narrar y a describir, van completando un poco más el proceso de ser conscientes de sí mismos, contando relatos en primera persona, para después llegar incluso a fragmentarse en diversas terceras personas, capaces de narrar cada una el mismo hecho desde un punto de vista distinto. Siempre con el afán de permanecer, de perdurar.

En este viaje del escribir, yo siento con convencimiento que hay en la poesía un grado superior, una cualidad, mayor por más íntima, de expresión de trascendencia, de perpetuidad. La poesía consigue expresar en primera instancia lo que la prosa destila a través del filtro de lo visceral. La impresión, la huella que deja un poema en mis esquemas es como el destello de luz que se estampa en la placa sensible. Un poema es una fotografía, y un álbum entero, que cada uno de nosotros toma en cada lectura.

Dando vueltas a estas impresiones, me encontré entonces con esta entrada de Majo, y tras leerla, tras haberla leído varias veces, siento una cierta euforia al comprobar que ese sentir mío es compartido, en particular en lo que se refiere a que “La poesía (…) es la expresión íntima del sentimiento personal del poeta, pero, aunque íntima, pretende ser universal: es "el diálogo del hombre, de un hombre, con su tiempo". La poesía es un diálogo de un hombre con el tiempo de cada uno. El poeta pretende eternizar ese tiempo objetivo para que permanezca vivo el tiempo psíquico del poeta, para que sea universal”., lo cual me hace sentir no sólo acompañado, sino correspondido.

Memorizamos poemas, y los recordamos muchos años después. Y al recitarlos, volvemos al mismo instante en que los leímos por primera vez, dejando de nuevo que nos toquen en lo más adentro, como dedos que dibujan en la arena mojada.


A veces ocurre que un texto, un fragmento, una frase o un verso, nos conmueven de un modo no del todo advertido, y la sensación que nos invade no creí nunca que pudiera expresarla con palabras ni de lejos, hasta que me topé recientemente con los ocho últimos párrafos de esta entrada de Elperejil, y en especial con el séptimo por la cola, el cual me remitía a esta otra entrada de Daniel, en particular al fragmento “un niño, como ellos, ve cosas que siente que le conciernen, que son vitales para él, aunque no esté en condiciones todavía de comprenderlas completamente, sino sólo de intuirlas, y que constituyen la parte del enigma del mundo de los adultos del que depende (…)”, y siguientes, que suscribo con pleno convencimiento.

Así es mi cabeza, bullendo de ideas y sensaciones, en un caos unas veces entusiasta, y otras veces depresivo. Expansivo y nihilista, histriónico y huraño. He puesto nombre de dramaturgo insigne y cara de anciano barbudo a la parte misántropa que me surge a raíz de estas revelaciones, y aún estoy por ponérselos a la parte más conciliadora. Me he reconocido en un dechado de contradicciones, y el escribir se me hace a veces una liberación, pero las más de las veces una constatación de que las palabras, al menos mis palabras, no alcanzan, ni de lejos, a dibujarme como creo ser. De esa revelación debo atreverme a superar la amargura, y convencerme de que solo en esa aceptación es posible la libertad.

El teatro clásico, gran filosofía de la naturaleza humana, expresa sublime, y en verso, esa relación mágica entre la imaginación del espectador, sus certezas, sus virtudes y flaquezas, y la inalcanzable perfección que solo es capaz de intuir. En esta otra entrada de Elperejil encuentro ejemplos de cine que recuperan esa magia de los actos humanos liberados a través de los sueños. Como un moderno príncipe Segismundo, igual que el protagonista de “Brazil”, paso los días preguntándome “¿quién soy?”

Soy el que soy en mis sueños, y solo yo puedo saberlo.

Joseph Conrad dice, en El Corazón de las Tinieblas: “Vivimos como soñamos, solos.”
Dice el poeta, hoy: “Que toda la vida es cine, y los sueños, cine son.”

En fin.

jueves, 5 de febrero de 2009

Otra de cine, y van...

La Línea de Sombra (The Shadowline) es una novela corta de Joseph Conrad que describe con apuntes autobiográficos la extraña y compleja relación entre un capitán y su segundo, a través de la voz de éste último, a bordo de una nave en escenarios exóticos. Además, no se narra en tiempo presente, sino mediante recuerdos de juventud, de modo que el lenguaje es utilizado por Conrad con maestría para expresar mediante palabras lo imposible de separar con nitidez lo sucedido realmente de las impresiones que conforman esos recuerdos.

Esa línea de sombra, difusa, borrosa, se extiende y atrapa no sólo a los recuerdos, sino al propio mecanismo de la mente, de tal manera que lo no hablado, lo sospechado, lo intuido, aquello que se teme, lo aparente, se impone a lo real, y la novela va introduciéndonos progresivamente en una inconsciencia de pesadilla, en una incómoda incertidumbre como la de quien está soñando pero no lo sabe.

La duda, la sospecha ante las intenciones y los motivos del capitán, conducen a su segundo por un laberinto de recelos, desconfianza, navegando por la frontera entre la verdad y la mentira, lo real y lo imaginado, la percepción y la alucinación, que nos llevan como lectores por un camino no marcado.

Leí La Linea de Sombra a los 21 años, y tiempo después me sentí empujado a releer pasajes, sin resolver incertezas anteriores.
Años antes yo ya había estado en contacto con esta historia, aunque no lo supe hasta después de haber leído la novela.

No reconocí la historia porque su aspecto estaba muy bien camuflado dentro de una película de ciencia-ficción de 1979. La atmósfera indefinida, carente de nitidez, el miedo y la sospecha materializados en ruidos metálicos distantes, en miradas de reojo, en explicaciones a medias, en jadeos de angustia huyendo a ciegas por corredores oscuros con luces intermitentes y chorros de gas, la incomunicación a través de emisiones de radio entrecortadas e imágenes llenas de interferencias... en fin, mil detalles que convertían en lenguaje cinematográfico las palabras geniales de Conrad que yo aún no había conocido... y todo, por los rincones de una nave espacial llamada "Nostromo", que es el título de un relato de intriga de... Conrad.

Los guionistas Ronald Sushett y Dan O'Bannon se unieron a un director de videos musicales llamado Ridley Scott y al dibujante y maquetista suizo H.R. Giger, coetáneo del creador de comics futurista y cyberpunk francés Moëbius, para crear una obra maestra. Un relato complejo que daba cuerpo a la pesadilla de la imaginación, que crea monstruos. Un monstruo de diseño fálico al que enfrentar a un héroe femenino, agregando así un elemento más a la complejidad de la historia.

Una historia de miedo. Del miedo, del terror atávico a la noche, a los sueños, la oscuridad, la selva, a los monstruos imaginados en la niñez, a lo que no somos nosotros = lo ajeno = alienus = Alien.

Genial.

jueves, 29 de enero de 2009

Más cine, por favor!


Qué bien me lo he pasado viendo el sensacional homenaje al cine que es Wall-e, una de las últimas joyas que Pixar nos ha regalado.

La gran mayoría de nosotros somos espectadores de clase media con una gran influencia cultural norteamericana, sobre todo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Somos por eso los más adecuados destinatarios de la multitud de guiños de que está llena esta película.

Yo estoy convencido de que el formato en el que se presenta una obra de arte no decide a qué tipo de público está orientada. Sé que tradicionalmente el cómic y los dibujos animados se han dirigido al público infantil y juvenil, pero eso no obliga a cada nueva obra a seguir cumpliendo con ello.

Para mí, el caso de Wall-e, como el de muchas películas de animación por ordenador presentadas estos últimos años, es el que parte de un sencillo presupuesto: Las películas para niños van a ser vistas en compañía de adultos que supervisen su contenido, de modo que estas películas contendrán, en mayor o menor medida, elementos destinados al público adulto.

Independientemente de Pixar, este es el caso de Shrek, Ice Age, Los Increíbles, Spirit... y numerosos ejemplos más. Una de las claves del éxito de sentar juntos a niños y mayores está en el hecho de narrar los mismos cuentos clásicos de nuestra infancia (El Patito Feo, Hansel y Gretel, Pinocho, Pulgarcito, La Bella y la Bestia...), llenos de enseñanzas morales, con un nuevo envoltorio acorde a los nuevos tiempos, para una nueva generación de niños.

En Wall-e, desde los primeros segundos de metraje, encontramos referencias cinéfilas por todas partes, como los planos cenitales de la ciudad de basura calcados del Nueva York de West Side Story; y mientras que para los niños la historia se convierte en un cuento amable sobre (para variar) la redención del género humano a través de su naturaleza más terrenal, los adultos podemos ponernos a jugar a ver quién encuentra más guiños a clásicos del cine, de todos los géneros y todas las épocas.

Homenajes al cine mudo, a artistas como Chaplin, Buster Keaton, Harold Lloyd, a personajes intemporales, como los ya mencionados Pulgarcito, Pinocho, incluido su particular Pepito Grillo... cucaracha, en este caso... Por no mencionar toda la retahíla de libros y películas, de ciencia ficción u otros géneros, como E.T., 2001, Yo, Robot, Naves Silenciosas, Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco (maravillosa y tierna la secuencia de los robots que funcionan mal), 1984, con esa combinación de Gran Hermano y el ojo rojo de Hal 9000 de 2001... en fin, interminable.

Para quienes os guste el cine, y la risa como aprendizaje, Wall-e. Vedla.

domingo, 4 de enero de 2009

Irse a los bosques


Debo decir que el tema de Into the Wild, de la que oí hablar en Días de Cine, es uno de los fundamentales de la literatura, el cine, y tantas otras formas de arte en Norteamérica. De hecho, considero que la especial relación del ser humano con la inmensidad de la Naturaleza es el tema genuino para definir muchos de los rasgos de la idiosincrasia de los Estados Unidos.
Sé que estoy sonando pedante y rimbombante, pero cuando uno intenta hacer juicios que sintetizan conceptos esenciales acerca de eso que, precisamente, llamamos "naturaleza humana", pues... no puede evitar llenarse la boca de palabras gruesas.
Me refiero a que el regreso a la Naturaleza, como reflejo del fracaso de la civilización, es una constante en la iconografía que ellos mismos llaman "americana". Ese "naturalismo", que algunos pensadores han querido hacer surgir desde un existencialismo bastante más optimista que el de Sartre o Lacan, que a fin de cuentas aboca a un nihilismo muy muy negro, teñido del mensaje antiguo (y antiguo mensaje) de Plauto y Hobbes.
Y ya no me enrollo más que para recordar que existen multitud de muestras de ese vitalismo existencial en la cultura popular en Estados Unidos. Muchísimos westerns, para empezar, ejemplifican ese regreso a lo natural que hoy día tiene reflejo en la asunción ( por fin) de principios ecologistas a nivel global.
Siempre me acuerdo de la serie Grizzlie Adams, de Life in the Woods, de Walden, de Bailando con Lobos, de La Casa de la Pradera, de El Bosque de Tayac, Las Aventuras de Jeremiah Johnson, El Jinete Eléctrico...

y cito: "Me fui a los bosques porque deseaba vivir a conciencia, enfrentarme solamente a aquello que la Naturaleza tenía que mostrarme, para no descubrir, cuando llegase mi hora, que no había vivido". (H.D. Thoreau)

lunes, 24 de noviembre de 2008

Unbreakable...

... o "El Protegido" es la película de la que hablaré ahora. Aunque me temo que tengo mucho que decir.
Para empezar, me acerco prevenido ante el hecho de que es "la siguiente película de M. Night Shyamalan con Bruce Willis después de El Sexto Sentido". Sólo eso ya condiciona mucho. Si pudiese resumir en un argumento qué me atrae tanto del cine de este señor, diría que consigue expresar de manera magnética el asombro del hombre corriente cuando en su vida cotidiana interviene lo fantástico, lo que desafía a la lógica, lo que se sale de lo normal.
En las películas de Shyamalan, personas normales ven quebrada su idea del mundo por sucesos extraordinarios.
Ocurre en "Señales", donde las convicciones y la fe del personaje de Mel Gibson se ven sacudidas por acontecimientos que ponemos fuera de la realidad. Ocurre en "El Sexto Sentido", donde el personaje de Bruce Willis ve quebrado su sistema de valores, sus principios, por la conciencia de su propia condición.
Y ocurre exactamente lo mismo en "El Protegido". En las tres, el protagonista se niega a asumir lo que se va haciendo paulatinamente más palpable, y es a través de una revelación determinante, que marca el clímax de la historia, como termina aceptando que lo fantástico es en realidad lo válido.
De las tres, es en "El Protegido" donde yo encuentro más marcado este concepto. Para mi gusto, lejos de convertir esta película en una broma, una "paranoia" del director (que escribe el guión), o una fantasmada, el que la lógica de lo que sucede resida en la explicación menos convencional hace que se trate de una historia redonda.

Dentro de la película, me encanta cómo están tratadas las relaciones personales. Visto lo visto, se puede tirar por el camino de Woody Allen o Ingmar Bergman, atiborrándose de densos y brillantes diálogos, o por el de autores como Peter Weir, David Lean o Shyamalan, en los que el lenguaje cinematográfico se come literalmente al literario (valga la redundancia). Así sucede en la relación entre padre e hijo, marido y mujer, y héroe y villano.
Es magnífico comprobar cómo el estilo narrativo americano, el que construye personajes mediante momentos puntuales elocuentes, ha pasado tan brillantemente al cine (curiosamente de los tres directores mencionados ninguno es americano: Uno era británico, el otro es australiano, y el tercero es de origen hindú, pero con evidentes semejanzas con Hitchcock).
Así ocurre con la estupenda relación entre los máximos protagonistas, héroe y antihéroe que, pese a tener las mayores cantidades de diálogo, se definen por sus opuestas reacciones ante los mismos hechos. El Bien y El Mal, David y Elijah (Elías, como el profeta de las Escrituras... los nombres, siempre determinantes en los personajes, nunca puestos al azar).
Tendría mucho de qué hablar sobre tantos aspectos, que haría una entrada interminable. Me conformo con esto.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Atando cabos


Hace poco vi "Atando Cabos", cuyo título original es "The Shipping News". Se refiere al trabajo que, como periodista, debe realizar el protagonista, encarnado por Kevin Spacey, en su nueva vida en Terranova.
La historia tiene mucho de cuento con moraleja, y así se nos presenta, con un paisaje y una banda sonora espectaculares, que enfatizan la dureza y lo adverso de las condiciones de vida cotidiana para los personajes.
Me gustó especialmente el que interpreta Scott Glenn, actor muy válido, que apenas ha pasado de secundario en muchas películas, como El Silencio de los Corderos, o La Caza del Octubre Rojo. Su rol es la antítesis del de Kevin Spacey, un completo perdedor de la vida que, trasladado a Terranova por avatares de familia, aprenderá rápido a luchar por soltar el lastre de dolor, parálisis y frustración que supone su pasado y el de su familia.

Me gusta el trato que se hace en esta película de uno de esos que podríamos llamar temas fundamentales en el imaginario colectivo americano: La redención.
No debemos ignorar el hecho histórico del nacimiento del Nuevo Mundo: Las tierras de América del Norte fueron colonizadas originariamente por personas que huían de Europa perseguidas por sus convicciones, puritanas y fundamentalistas, que vieron la Nueva Tierra (nunca mejor traída aquí Terra Nova) como la tierra prometida, una tierra de redención, de una "segunda oportunidad". Y eso es lo que tendrá nuestro protagonista.
Además, "Atando Cabos" está llena de elementos también clásicos en la tradición narrativa americana. La magia, el naturalismo, o el realismo mágico, desbordan su presencia en una sucesión de maldiciones familiares, sucesos extraordinarios, y personajes fantasmales, que saltan la barrera del tiempo y del espacio, como apariciones en la mala conciencia del protagonista.
Los muertos apareciendo en momentos puntuales, enseñándonos lecciones, convierten la película en una historia de crecimiento personal, un Bildungsroman, siguiendo así una tradición narrativa europea, introducida en la literatura americana en inglés por autores tan mágicos como Washington Irving, Nathaniel Hawthorne o Edgar Alan Poe (esa casa familiar atada al suelo, amenazada constantemente por la ventisca, y que es finalmente desguazada por la tormenta, recuerda mucho a la simbólica caída de la casa de Usher de Poe).
En fin, un montón de elementos atractivos, completados con un reparto estupendo, que hicieron de esta peli un regalo para mí. Me quedo con el titular del final: Una gran tormenta se lleva una casa, dejando... un hermoso paisaje.

viernes, 31 de octubre de 2008

Náufrago

Con ésta ya la vi unas cuatro veces, creo. No me importa que sea Tom Hanks, da igual. Esta historia ya la conocemos los de nuestra generación. Los que entre la pubertad y la adolescencia recibíamos siempre de algún pariente o amigo con buenas intenciones (más bien de sus padres, jeje) un libro. Una novela adaptada, con ilustraciones, sobre un clásico universal. En este caso, Robinson Crusoe.
Defoe no pensó para nada, supongo, en hacer una novela de aventuras para lectores jóvenes, de la misma manera que Swift tampoco escribió Los Viajes de Gulliver pensando en los adolescentes.
El problema con relatos como estos es que al haberlos leído en nuestra juventud, no reflexionemos lo bastante profundo sobre su mensaje, su moraleja, su enseñanza. Que al fin y al cabo, la tienen, y por eso justamente se recomiendan a los jóvenes, para formar eso que los de ahora parece que no tienen: El "espíritu".
Y eso. En cuanto a la historia de "Náufrago", pues lo que tiene de metáfora, o alegoría, que ahora no recuerdo por qué se distinguen. Lo de un hombre solo en una isla desierta, pues no es más que una simplificación didáctica del género humano en el Mundo. Y su odisea para sobrevivir en la isla, es la reproducción de nuestra Historia, la común a todos nosotros: El habla, el descubrimiento del fuego, la conquista del entorno, el desarrollo de la industria, del comercio, el contacto con otros congéneres...

En Náufrago, con mucho acierto, Viernes es representado por Wilson, una pelota de voleibol, y la relación "civilizado"-"salvaje" (ambos términos entre comillas, para dejar claro que expresan la visión de Defoe sobre el contacto entre culturas propio de su época), se sustituye por la más acorde con la actual, de semejantes, vecinos, iguales.
Wilson es fascinante para mí como personaje, ya que no posee identidad propia, sino que es una original manera de hacer ver al espectador un mecanismo de nuestra mente que surge en situaciones extremas de soledad: El desdoblamiento de personalidad. Como seres sociables, los humanos necesitamos, biológica y psicológicamente, compartir el Mundo. La soledad es contraria a nuestra naturaleza, y es sobrecogedor ser testigo de esa paranoia en el náufrago, que sin embargo le permite sobrevivir a su extrañamiento.

Como sucede en otra obra maestra del cine, Cadena Perpetua (The Shawshank Redemption), la esperanza= la ilusión= la ficción, es lo que nos mantiene en la lucha.
En Náufrago, además, hay una agudísima y preciosa reflexión sobre la incomunicación humana, tema presente en todas las formas de arte desde siempre, y más abundante en la actualidad:
En una época llena de posibilidades de comunicación, ser desplazado súbitamente a un espacio ajeno a esto, es como estar muerto.
En la película, Hanks encuentra un motivo más para la supervivencia: Su trabajo le define como persona: Es un mensajero, es el medio para alcanzar precisamente lo que a él le falta, y si no puede conseguir "su" meta, "su" esposa, "su" destino, entonces ayudará a conseguir el de "otro". Pero... mejor, ved la película.
Yo, como "optimista existencial" (no me habré llevado suficientes palos en la vida), me quedo con el mensaje, perfecto, sublime: Nunca sabes qué traerá la marea.

lunes, 27 de octubre de 2008

Todo es vanidad

Uff, el nihilismo. ¡Qué miedito me da! En la crítica literaria hay una serie de pensadores franceses que de una manera u otra llegan al nihilismo. En realidad, si nos fijamos un poco, podría decirse que en el pensamiento francés del siglo XX el nihilismo ha dominado aplastante frente a visiones más optimistas del existencialismo que a finales del XIX propusiera Kierkegaard.
Greimas, Barthes o Derrida culminaban su teoría literaria afirmando que el texto escrito jamás alcanza el objetivo que se hubiera propuesto su autor: Comunicar. Comenzaban analizando los textos, y continuaban apuntando el detalle de que las palabras de cualquier lengua poseen una polisemia mínima y unas connotaciones que conducen a tantas interpretaciones posibles como lectores u oyentes existan.

Nada puede ser completamente expresado tal y como se desea, puesto que cada receptor obtiene una interpretación distinta de un mismo mensaje. Y claro, esto conduce a la nada, por extensión lógica, dado que las palabras son limitadas y las ideas infinitas.
Bien, aceptando esta posibilidad, podríamos entender que "Ven aquí de una maldita vez!!" podría significar un millón de cosas distintas, dependiendo de quién lo diga, cómo lo diga, a quién se lo diga, dónde lo diga, por qué, etcétera. Si esto ocurre a nivel de comunicación real, ¿qué no habría de suceder con respecto a la ficción?

En el cine también, por supuesto, encontramos nihilismo. Hay mucho que agradecer a Thomas Hardy, a Joseph Conrad y a Dostoievski, entre otros, por traernos, a nosotros lectores, al hombre moderno, lleno de flaquezas, limitaciones, miedos, culpas... tan real, al fin y al cabo. No más héroes fantásticos, no más guerreros de antaño, sino seres humanos de conciencia atormentada, tantas veces incapaces de decidir, de tomar una determinación, tan aterrados por las consecuencias de sus actos.

En este contexto es en el que yo veo siempre la película Blade Runner. Conozco pocos títulos que no dejen indiferente a nadie, y éste es uno de ellos. Para muchos un pestiño, un tostón infumable, para otros una obra maestra llena de reflexión acerca de la naturaleza humana.
Y es que no somos nada. Tal vez sea así, tal vez tenga que suceder lo que nos propone semejante historia, una monumental distopía en un magnífico universo cyberpunk ideado por la mente tan genial como perturbada de Philip K. Dick.

El narrador-protagonista, Deckard (Harrison Ford), se plantea cuestiones sobre qué es ser "humano", mientras cumple sus ódenes de exterminar a un grupo de personas construidas por ingeniería genética para el trabajo duro. Como si se tratase de un ángel exterminador con mala conciencia (me pregunto si Buñuel llegaría a ver esta película, qué diría).
Tal vez sólo unos seres humanos creados con fecha concreta de muerte, rebeldes asesinos contra sus creadores cuando descubren su verdadera naturaleza; tal vez sólo ellos consigan que al final nos preguntemos, como Deckard, "pero, ¿quién vive, en realidad?".... si no somos nada.

martes, 21 de octubre de 2008

La esperanza



Dedico este fragmento precioso a todas aquellas personas que de algún modo se sienten presas en su propia vida. Como cualquier otra vía de escape, o de alivio, aunque mucho menos dañina, la música... mejor que lo diga Andy Dufresne.
Nos veremos en Zihuatanejo.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Antes del Atardecer


Before Sunset (Antes de la puesta de sol, inexactamente traducido al español "sunset" como "atardecer") es una película actual en cuyo guión tiene mucho que ver la pareja de actores principales ( y casi únicos), Julie Delpy e Ethan Hawke, estupendos ambos en sus interpretaciones.
Durante la presentación de una novela con elementos autobiográficos (¿cuál no lo es?, dice su autor), en París, se produce el reencuentro, más o menos casual (eso se deja a criterio del espectador, para favorecer la cuestión del difícil equilibrio entre azar y destino) de dos antiguos amantes de una noche, nueve años antes, en la ciudad de Viena. Esta historia se relata en la película también interpretada por Delpy y Hawke, Before Sunrise, Antes del Amanecer.

La película, de desarrollo lineal, cuenta casi exclusivamente por medio de la conversación ininterrumpida de la pareja, a través de las calles de París, y en tiempo real, sin apenas flash-backs, el proceso esencialmente verbal por el que los personajes recuerdan, esclarecen y retoman un antiguo romance interrumpido por los puros azares de sus vidas.
Quiero llamar la atención especialmente acerca del valor extraordinario del desarrollo de la narración a traves de un diálogo en tiempo real, sin ni un solo salto temporal que abrevie pasos del proceso que conduce al "encuentro", a la fusión de dos pasiones que habían perdurado separadas, en una sola.
Este formato teatral, tanto en la forma del escenario como en la forma del lenguaje, permite que veamos a la pareja como dos seres aislados del entorno, sumergidos en los recuerdos compartidos, articulados en todos y cada uno de los discursos, de las líneas de diálogo que corresponden a cada personaje, y nos involucra, cámara al hombro, como verdaderos acompañantes-testigos del progreso desde nueve años antes hasta el momento presente.

Fue muy emocionante percibir esa profunda sensación sostenida de comunión entre los sentimientos de la pareja, compartidos en cada turno de habla, hasta fundirse en uno solo, pleno de armonía, desprovisto por completo de sentimentalismo típico made in Hollywood, sino muy al contrario, elegante, sensato, pero conmovedoramente romántico.
Muy recomendable.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Planet of the Apes


http://es.wikipedia.org/wiki/Distop%C3%ADa

Por lo visto, una de las películas que más me impactaron la primera vez que la vi, es una "distopía". Creía que la palabreja habría sido adoptada por nosotros actualmente, partiendo de una etimología anglosajona, siguiendo esa moda de expresar multitud de conceptos de lo más variado con una palabra inglesa, como si eso le diese un estatus más elevado a la propia idea y a sus usuarios.
Por suerte, estaba equivocado. En realidad es un término adoptado por nosotros en el siglo XIX, partiendo de una etimología anglosajona, siguiendo esa moda de expresar multitud de conceptos de lo más variado con una palabra inglesa, como si eso le diese un estatus más elevado a la propia idea y a sus usuarios. Oye! Quieras que no... es un alivio!

Planet of the Apes (El planeta de los simios, en España), siempre me ha gustado. Al principio por el impacto que produjo en mi conciencia. Es de esos ejemplos de arte para cambiar la visión del Mundo. Y con 10 ó 12 años, está muy bien que te hagan reflexionar sobre lo que te rodea, y tu papel en ese escenario. Esta película lo consigue, porque cambió de lugar dos o tres elementos de mi Mundo perfecto y eso hizo que toda mi perspectiva se revolucionase por completo.
Cuando una película, o un libro, un cuadro, una canción, te plantean más interrogantes que ofrecerte respuestas, es que valen mucho la pena.
Hoy en día El Planeta de los Simios me sigue gustando. Yo creo sinceramente que envejece bien. Sí, porque su estética "setentera", de patillas y pantalones acampanados, su technicolor (o cualquiera de sus secuelas), y sobre todo sus chimpancés, tan inocentes e ingenuos como los seres humanos a los que quiere representar, entre pacifistas hippies y científicos con ética ecológica, estarán siempre vigentes.

Viendo la lista de distopías en el cine que ofrece el enlace de la Wikipedia que he traído, tengo que reconocer que es uno de mis géneros favoritos.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Saving Private Ryan


La guerra es la peor bajeza de la que somos capaces. Su nombre es tan abstracto que encubre miserias como el asesinato, la tortura, la violación, la mutilación, el robo, el cautiverio, el hambre, las plagas... y todo ello de forma organizada y dirigida normalmente por personas que no sufren.
Posiblemente la peor guerra de todas, por devastación y número de muertos, heridos, desplazados y demás modos de violencia, haya sido la Segunda Guerra Mundial.

El cine es una forma de arte y un medio de comunicación de masas. En calidad tanto de una como de otro, su influencia en el pensamiento de las personas es inmensa. El cine existe, al igual que el resto de las formas de arte, para ofrecer una visión del mundo, y a la vez para intentar comprenderlo, y por extensión poder ser crítico con él y, finalmente, cambiarlo.
De entre todos los lugares donde se realizan películas actualmente, en Hollywood, California, es donde se mueven presupuestos más capaces. Y entre los más ricos e influyentes directores y/o productores se encuentra Steven Spielberg.

Yo lo considero uno de los mejores directores de este invento del cine. Creo que domina eso que los críticos llaman el "lenguaje cinematográfico", que para mí significa todos aquellos elementos y técnicas de lo visual que logran uno o varios determinados propósitos en un determinado momento en la percepción del espectador. Del espectador como ser humano, básicamente por encima de su clase social, su origen, etnia, credo, raza o género.
Saving Private Ryan, Salvar al Soldado Ryan, como se llamó en España, es para mí la mejor película de cine sobre la guerra. Mejor en el sentido de que es la que, tras haber visto varias decenas de películas bélicas en mi vida, consigue definitivamente tocar mi conciencia acerca de la realidad del horror, de la verdadera naturaleza del mal.

En la película de Spielberg nada queda sin ensalzar. No encuentro en ninguno de sus aspectos algo que le haga perder fuerza expresiva durante todos los minutos del metraje.
Formalmente perfecta, en lo que se refiere a los aspectos técnicos, ya sea montaje, fotografía, diseño de producción, vestuario, efectos especiales, efectos de sonido.... y una lista interminable de elementos que conforman el armazón físico de esta película, conjuga de modo sobresaliente la apariencia documental con el desarrollo narrativo de una ficción brillante, aunque no original, como después comentaré.

El elenco de actores, tanto principales como secundarios, me parece acertadísimo, dado el resultado de sus interpretaciones, que están cantadas visto el regalo para sus carreras en que consiste el guión de Robert Rodat. Especialmente impactantes los roles de Giovanni Ribisi y Tom Sizemore.
Cabe destacar una larga lista de actores de primera línea que interpretan secundarios en el film, seguramente dándose de tortas por sólo tener unos minutos en semejante proyecto. Entre ellos destaco a Ted Danson, Paul Giamatti o el sorprendente Vin Diesel. Muy difícil dejar a tantos sin mencionar.

El guión responde a lo que para mí es un universal de la literatura: Al menos en Occidente, llevamos varios siglos contando las mismas historias. Cambian los personajes, cambian los escenarios, pero el relato es el mismo. En esta ocasión se narra la historia de un pelotón de soldados unidos por el Alto Mando para rescatar al único superviviente de cuatro hermanos que han muerto en combate: El soldado Ryan. De diversos orígenes, razas y estratos sociales, los soldados siguen en la misión a quien resulta ser un maestro de escuela.
Un maestro, unos discípulos, y una misión: Salvar al Hombre. Esto me suena al Nuevo Testamento de los cristianos. Hacia el final de la película, una frase que nos da la clave de tal interpretación del guión: Hágase digno de esto, Ryan. Merézcalo.
Una película imprescindible.
http://es.wikipedia.org/wiki/Salvar_al_soldado_Ryan

jueves, 14 de agosto de 2008

Dos maneras distintas de decir "te amo" ( y II)



La segunda peli es un collage de historias que en su inicio parecen inconexas, pero que según se acercan a su momento culminante, coincidiendo con la Nochebuena, se van enlazando y resolviendo en conjunto, en un escenario en el Londres actual, como escaparate multicultural plagado de clichés que contribuyen a acentuar su intención de comedia sin mayores aspiraciones.
El guión atraviesa las relaciones padrastro-hijastro, esposa-marido, divo acabado-manager curtido, novia perfecta- amigo del alma, chica tímida-chico tímido, los dobles de cuerpo de una pareja de actores porno ( que da lugar a situaciones comiquísimas por el choque entre el exquisito trato que se dispensan los implicados y el hecho de estar en medio de escenas muy íntimas de profunda incomodidad en público ) ... e incluso bromea con la posibilidad del amor en el 10 de Downing Street, con un Primer Ministro soltero empedernido, cuyo romance con una empleada no pasa de ser una revisión amable de temas de actualidad-cotillil-política con críticas más o menos evidentes al rancio y tradicional sometimiento británico al "amigo" americano.
Para mí la peli se salva del blandorrismo típico de otras etiquetadas como "comedias románticas" precisamente porque no se toma en serio a sí misma, y evita profundizar en cuestiones como el desamor, el desengaño, la infidelidad, los celos, y tantas clases y variedades de amor, fraternal, filial, la amistad, el compromiso, la lealtad, en fin... Lo que es el amor, en realidad: Love Actually.
Una postal de Navidad simpática, que nos recuerda lo de "mejor con una sonrisa", totalmente opuesta al planteamiento casi metafísico que encontramos en Solaris.

lunes, 4 de agosto de 2008

Cine: Dos maneras muy distintas de decir "te amo" ( I )



En los últimos días tuve la oportunidad de verlas en la tele. La primera no se presenta como una historia de amor, sino que ésta forma parte del argumento, como una trama más, aunque según avanza el metraje se impone como respuesta a todas las cuestiones que nos estuvieron intrigando desde el comienzo de la peli.

De hecho, el formato inicial es el de una historia de intriga, una especie de policíaco en el que el peso de la investigación corre a cargo de un psiquiatra, sumado al ingrediente de que sucede en un escenario futurista, pero no de ciencia-ficción al uso, sino de ese futurismo posible y probable, como el que vimos en el clásico "2001". Como efecto para aumentar el suspense, los personajes que el psiquiatra se va encontrando están en estado de shock, puesto que en la nave que ocupan ha ocurrido una tragedia y hay personas muertas, cuyos cuerpos se guardan en la cámara frigorífica, y las explicaciones que pueden aportar se hacen difíciles o inverosímiles.

A través de flash-backs, fragmentadamente, vamos conociendo la tragedia personal del psiquiatra, cuyas consecuencias en sus recuerdos tendrán efectos esclarecedores y determinantes en su investigación. En el clímax de la historia, el protagonista tendrá que hacer una elección capital, y es esa decisión la que convierte esta película ( que a buen seguro muchos calificarán como "difícil") en una declaración de amor que me conmovió, sin recurrir a ninguno de los gastados recursos de las pelis románticas de toda la vida.

Y es en esto donde quiero hacer hincapié, en lo hondo que me llegó el trasfondo de la historia: La crucial elección del ser humano entre lo racional y lo espiritual, y cómo el amor es una cuestión de toda naturaleza menos racional. Es fundamental comprender que se trata de la elección de un científico, de un hombre de ciencia, frente a lo aparente, a lo inexplicable... a lo irracional. Y además, manifiestamente ateo, lo cual, viendo la película, hace que su decisión implique algo tan emocionante, tan fascinante, tan (de nuevo) conmovedor, como renunciar a sus principios, a su credo... por amor.

La peli tiene muchísimo por donde rascar, pero esta vez sólo quise comentar esta faceta. La recomiendo, pese a su presunta "dificultad": Solaris ( yo vi la versión americana, que el original es una peli soviética homónima, de 1.972, dirigida por Andrei Tarkovski ).

sábado, 28 de junio de 2008

Globalización, mestizaje cultural y estereotipos

En 2006 el director de cine Spike Lee rodó en Nueva York la película "Inside Man", llamada en España "Plan Oculto", con un reparto de lujo en el que figuraban entre otros Denzel Washington, Jodie Foster, Christopher Plummer, Willem Defoe y Clive Owen.
Además, un extenso reparto de secundarios de todas las razas, credos, etnias y edades, que consiguen reflejar la multiculturalidad de La Ciudad, por antonomasia.
En la película, que se ve no sólo como un thriller con el tema de atraco con rehenes ( original guión de Russell Gewirtz ) sino también como un homenaje personal ( y nada pastelero, más bien al contrario, lleno de cínica crítica social) a la ciudad de Nueva York después de los atentados del 11-S, Spike Lee introduce técnicas narrativas y cinematográficas que incluyen deconstrucción, elipsis, mise-en-abyme, travellings simultáneos de actor y cámara... y un cameo digno del mismísimo Alfred Hitchcock.
Como conseguida ambientación sonora, el tema que traigo a esta entrada, Chaiya Chaiya http://en.wikipedia.org/wiki/Chaiyya_Chaiyya , precioso ( pese a lo kitsch ) resultado del contacto de las culturas y su fusión.
El tema se encuentra originalmente en un contexto muy diferente al que tiene en el film neoyorquino: Una película hindú, Dil Se, producida en Bombay, el lugar donde más películas se filman en el Mundo, y que ha sido apodado Bollywood como reconocimiento a la dimensión de su producción. http://www.youtube.com/watch?v=-_2gW3zwMMQ
Pese a semejante salto cultural y cambio de contexto, el tema impacta igualmente porque ( a buen seguro, siendo Spike Lee consciente del estereotipo en el espectador occidental) la forma de la canción nos evoca alguna clase de oración, juramento o imprecación cargada de sentido espiritual que induce a dicho espectador a sumergirse en una atmósfera trascendente, mientras de lo que se trata originalmente es de una declaración de amor... ¿o no?:

Lyrics

Composer A R Rahman has declared that "Chaiyya Chaiyya" is "a Sufi song".[2] Its lyrics are notable for their use of religious (especially Islamic) metaphors to characterize love, including references to heaven, the Shahadah (Muslim declaration of faith), and a verse from the Quran.