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jueves, 11 de marzo de 2010

Ligeros de equipaje



Y llegó un momento en que sentimos que tanta grandeza, tanto poder, todo aquello de lo que nos habíamos hecho conscientes, debían compartirse más allá de la voz, que moría con nosotros. Nuestro saber, nuestro sentir… nuestro ser, había ido siendo hasta entonces compartido con nuestros sucesores de viva voz.

Para recordarlo y mantenerlo vivo, caliente, fuimos inventando y descubriendo recursos para la memoria: Frecuencias estables de acento y entonación, y de ahí, rimas, y de ahí, versos, estribillos y canciones… Y entonces, las canciones tampoco fueron suficientes, así que revivimos los hechos repitiéndolos ante los demás, reproduciéndolos, representándolos, y creamos la parodia, la pantomima… el teatro.

Y nuestro saber se multiplicó, y había tantos recuerdos que transmitir, tantos pensamientos que perpetuar, que no bastó ni el teatro ni las canciones. Entonces comenzamos a dejar huellas, marcas, señales más o menos duraderas en materiales resistentes: Huesos, piedras, madera, arcilla… Aprendimos a dibujar, y conseguimos contar historias que sobrevivían por fin a nuestra voz. Más allá del tiempo de una vida. Los dibujos copiaban el Mundo, y todos sus seres y riqueza. Quisimos dejar constancia a quienes nos habrían de suceder de los hechos y acontecimientos de nuestra vida. Esto sucedió principalmente mientras la Tierra se enfrió por última vez, y tuvimos que vivir en cuevas. En sus paredes ensayamos relatos a través de dibujos, a color y en movimiento (por eso encontramos bisontes y ciervos de ocho patas). Habíamos inventado el cómic, la fotografía…. Y el cine.

Simultáneamente, nuestro cerebro conocía demasiadas palabras como para ser recordadas dentro de nuestras mentes, de manera que empezamos a relacionar determinados dibujos con determinadas palabras… No sólo habíamos creado la escritura. Habíamos creado el alfabeto.

Al ser más sabios, aprendimos a anticipar los hechos venideros, de manera que aprendimos a acumular cantidades. Cantidades demasiado grandes como para poder ser trabajadas de memoria, razón por la cual también entonces inventamos los números, y también ellos fueron escritos.

Y finalmente, dimos el gran salto: Una vez que fuimos asegurando nuestra supervivencia física (el alimento para el cuerpo), comprendimos que había algo más. De la reflexión nace el pensamiento abstracto, y fuimos capaces de pasar de pensar en “buey”, “fuego”, “mano”, a pensar en “indulgencia”, “transubstanciación”, o “empatía”. Habíamos creado la literatura.

Existe una semejanza asombrosa entre la evolución vital de una persona y la evolución en el pensamiento del género humano. Como igual de asombrosa es la semejanza entre la evolución embrionaria de un individuo y la de la especie a la que pertenece.

La escritura es pues nuestra memoria externa. Duradera, y tan permanente como creímos que sería… hasta ahora.

Aquí estamos pues, ante la paradoja de palabras como éstas que leeis. Virtuales. Inventamos palabras, inventamos la escritura, los pensamientos y sentimientos tangibles… y, de pronto, otra vez las palabras que pasan y se deshacen como nubes en el cielo. He pensado muchas veces en ello, y quién no. Pero más últimamente, hasta en un modo obsesivo. He tenido que reconocerme obseso ante lo efímero del pensamiento así reflejado. ¿Duran las palabras cuando desaparece el soporte que las realiza? ¿Permanecen más allá de la mente de quien las ideó si apenas son recordadas por un puñado de lectores?

Estas últimas semanas he ido leyendo entradas en otros blogs con las que he enlazado la idea de que esta “conciencia de lo efímero” está comúnmente extendida. Por ejemplo, en esta entrada de Daniel Domínguez, he podido encontrar, más o menos oculto, el reconocimiento de una agonía en las reflexiones de diversos autores acerca de, como diría Daniel, “el aquel de escribir”. De la lucha del ser humano por pervivir más allá de su existencia.

En toda persona hay un deseo de trascender. Los niños se dibujan a sí mismos o a sus ídolos (en el sentido más estricto del término), con los que se identifican por la cualidad o virtud que creen o querrían poseer. Se dibujan, y escriben sus nombres junto a la figura, como sellando un certificado que les acredita como seres reales.

Y cuando aprenden a escribir, cuando aprenden a narrar y a describir, van completando un poco más el proceso de ser conscientes de sí mismos, contando relatos en primera persona, para después llegar incluso a fragmentarse en diversas terceras personas, capaces de narrar cada una el mismo hecho desde un punto de vista distinto. Siempre con el afán de permanecer, de perdurar.

En este viaje del escribir, yo siento con convencimiento que hay en la poesía un grado superior, una cualidad, mayor por más íntima, de expresión de trascendencia, de perpetuidad. La poesía consigue expresar en primera instancia lo que la prosa destila a través del filtro de lo visceral. La impresión, la huella que deja un poema en mis esquemas es como el destello de luz que se estampa en la placa sensible. Un poema es una fotografía, y un álbum entero, que cada uno de nosotros toma en cada lectura.

Dando vueltas a estas impresiones, me encontré entonces con esta entrada de Majo, y tras leerla, tras haberla leído varias veces, siento una cierta euforia al comprobar que ese sentir mío es compartido, en particular en lo que se refiere a que “La poesía (…) es la expresión íntima del sentimiento personal del poeta, pero, aunque íntima, pretende ser universal: es "el diálogo del hombre, de un hombre, con su tiempo". La poesía es un diálogo de un hombre con el tiempo de cada uno. El poeta pretende eternizar ese tiempo objetivo para que permanezca vivo el tiempo psíquico del poeta, para que sea universal”., lo cual me hace sentir no sólo acompañado, sino correspondido.

Memorizamos poemas, y los recordamos muchos años después. Y al recitarlos, volvemos al mismo instante en que los leímos por primera vez, dejando de nuevo que nos toquen en lo más adentro, como dedos que dibujan en la arena mojada.


A veces ocurre que un texto, un fragmento, una frase o un verso, nos conmueven de un modo no del todo advertido, y la sensación que nos invade no creí nunca que pudiera expresarla con palabras ni de lejos, hasta que me topé recientemente con los ocho últimos párrafos de esta entrada de Elperejil, y en especial con el séptimo por la cola, el cual me remitía a esta otra entrada de Daniel, en particular al fragmento “un niño, como ellos, ve cosas que siente que le conciernen, que son vitales para él, aunque no esté en condiciones todavía de comprenderlas completamente, sino sólo de intuirlas, y que constituyen la parte del enigma del mundo de los adultos del que depende (…)”, y siguientes, que suscribo con pleno convencimiento.

Así es mi cabeza, bullendo de ideas y sensaciones, en un caos unas veces entusiasta, y otras veces depresivo. Expansivo y nihilista, histriónico y huraño. He puesto nombre de dramaturgo insigne y cara de anciano barbudo a la parte misántropa que me surge a raíz de estas revelaciones, y aún estoy por ponérselos a la parte más conciliadora. Me he reconocido en un dechado de contradicciones, y el escribir se me hace a veces una liberación, pero las más de las veces una constatación de que las palabras, al menos mis palabras, no alcanzan, ni de lejos, a dibujarme como creo ser. De esa revelación debo atreverme a superar la amargura, y convencerme de que solo en esa aceptación es posible la libertad.

El teatro clásico, gran filosofía de la naturaleza humana, expresa sublime, y en verso, esa relación mágica entre la imaginación del espectador, sus certezas, sus virtudes y flaquezas, y la inalcanzable perfección que solo es capaz de intuir. En esta otra entrada de Elperejil encuentro ejemplos de cine que recuperan esa magia de los actos humanos liberados a través de los sueños. Como un moderno príncipe Segismundo, igual que el protagonista de “Brazil”, paso los días preguntándome “¿quién soy?”

Soy el que soy en mis sueños, y solo yo puedo saberlo.

Joseph Conrad dice, en El Corazón de las Tinieblas: “Vivimos como soñamos, solos.”
Dice el poeta, hoy: “Que toda la vida es cine, y los sueños, cine son.”

En fin.

jueves, 2 de julio de 2009

Eres afortunado









Hubo un tiempo en que no existían las naciones, ni los estados. Sólo los pueblos. Los hombres se movían por la tierra para ocuparla toda. Se extendieron por paisajes diversos, y adaptaron su vida a los climas bajo cuyo cielo caminaron.
Muchas veces guerrearon por hacerse dueños del mismo territorio. Otras veces pudieron permitirse compartirlo. En las tierras más frías hablaron con más consonantes. En las más cálidas, con más vocales. Sus pieles y sus rasgos se diferenciaron porque los mejor adaptados sobrevivían en mayor número: en los lugares cálidos, los más morenos; en los lugares fríos, los más pálidos.

Pero los hombres nunca dejaron de moverse por la tierra, y aunque se asentaron para cultivarla, y obtuvieron bienestar, nunca dejaron de estar en contacto, y siempre fueron conscientes de lo que les diferenciaba y de lo que les asemejaba. Aparte de temerse y enfrentarse, también apreciaban a los viajeros, a los exploradores. A los que aprendían a hablar las lenguas de los Otros. Eran hombres que abrían puertas, y hacían el Mundo más cercano, porque mitigaban el temor y la desconfianza.

Hubo un tiempo en que unos hombres de piel blanca y cabellos lisos del color del trigo partieron para desembarcar en estas orillas desde una tierra más al Norte. Fue la misma época en la que más al Sur de aquí muchos hombres de piel oscura y cabellos rizados huyeron del desierto emergente. Y fueron sus nietos, o quizás sus bisnietos, los que se encontraron en este lugar. Puede que a medio camino de donde pretendían llegar… puede que justo en el sitio exacto. En su contacto, mezclaron su sangre. Muchas veces a la fuerza, algunas quizás por amor, ¿por qué no?
Además de con sus armas, viajaban con sus palabras, sus dioses, su arte y su música. Y a veces la compartieron, a veces la impusieron, y a veces se mezcló.

Tú eres hijo de esa mezcla. Tienes el cabello trigueño, los ojos verdes, la piel morena, y la sangre mora y celta. Eres de un puerto atlántico. Un puerto es una puerta. Recibe y despide a los hombres, que no han cesado de viajar durante milenios
Buscándose
Encontrándose
Conociéndose
Conócete a ti mismo
Cruza la puerta
Viaja

domingo, 8 de febrero de 2009

De Ballenas y Hombres


Hay 88 constelaciones según la tradición. Una de ellas lleva tu nombre. De modo que eres una más entre los dioses.
Los antiguos, mucho más conscientes de su pequeñez ante los seres de la Naturaleza que las gentes de hoy, te veneraban. El Sol, la Luna, las estrellas, el Día, La Noche, el Rayo, el Trueno, la montaña, el río... el Océano.

Imagino con curiosidad esa época en que los humanos nos ganamos ese nombre por, entre otras cosas, necesitar trascender. Me encanta la Historia, la Prehistoria, la Paleontología. Y una de las cosas que más me atrae es conocer detalles sobre cuándo y cómo fuimos llenando de mitos nuestra existencia.

Es como si nuestras primeras explicaciones sobre qué somos hubiesen consistido en anular nuestra capacidad de ser libres, sometiéndonos al capricho de fuerzas superiores, que debían poseer conciencia propia. Hubo una época en la que incluso algunos animales merecieron también tal consideración: El mamut, el oso, el león... y tú.

Uno de los libros de enseñanzas más antiguo que recoge la tradición de la que procedemos contiene un relato especial. Este relato es una alegoría sobre la identidad, la conciencia de lo infinito, la Muerte, la Fe, preguntas esenciales del ser humano, sobre mil cosas... sobre ti.

No puedo negar que te admiro. Quizás te hayamos sobrevalorado, por la fascinación que ejerces aún en cada nueva generación. Sólo puedo hablar por mí cuando pienso que ese valor que te otorgo está en la paz que me inspiras. Es como si tu inmensidad, y el misterio del lenguaje en que te expresas, y la sencillez de tu vida, y tu don para jugar, y... tantas cosas que identifico con una existencia pacífica y feliz, fuesen un reclamo invencible para crear un vínculo perfecto contigo.

Es como si con cada salto, con cada canto, con cada juego, estuvieses enseñándome el camino. Como un maestro que no sabe que lo es, y ofrece respuestas esenciales sin siquiera saberlo, porque le basta con ser como es.

Eres lo que haces.

lunes, 26 de enero de 2009

Mi lugar

Muchos sabios antiguos, todos ellos convencidos de la existencia de Dios, dedicaron tiempo de sus vidas a pensar preguntas cuanto menos tan "curiosas" como si vivimos en el mejor de los mundos posibles. Sobre todo porque intentaban conciliar el hecho de que un ser perfecto hubiese creado un Mundo tan imperfecto.

A mí me parece una forma tan legítima como otras de perder el tiempo, dicho con todo respeto. Al menos sí reconozco que es mucho menos dañina que tantas otras.
Lo que yo pienso del Mundo que veo con mis ojos tiene más que ver con que poco importa eso realmente, ya que el panorama ha sido siempre bastante desolador, y lo que hay que hacer con el Mundo es transformarlo, en vez de entenderlo.

En esto sale automática la paradoja de que no podrás transformarlo si no lo entiendes antes, como si se tratase de un enfermo al que no puedes curar si antes no aciertas con el diagnóstico.

El caso es que con el paso de los siglos las palabras que empleamos para explicarlo han aumentado tanto como nuestra certeza de que no nos pondremos de acuerdo nunca en una sóla forma de verlo. Hemos cambiado la palabra "Mundo" por "sistema", y otras como "poder", "cultura", "derechos", "libertad" cambian conforme a la época histórica y el punto de vista desde el que se pronuncian.

Sin embargo, y pese a esta certeza que tengo acerca de que precisamente lo único cierto es que todo es incierto, sí veo verdades firmes en la vida en sociedad.
De antemano reconozco que lo que digo es producto del tiempo en el que vivo, de mis circunstancias personales y de mi lugar en el Mundo. Del que yo creo ocupar dentro de este "sistema". Y por eso sé que lo que para mí es una verdad intemporal, será visto con otros ojos en el futuro.

Una de esas verdades, que explica muchas otras, la encontré hecha palabras en el pensamiento de un hombre del siglo XX. Su pensamiento, sólido, lógico y justificado en los hechos de la Historia, no había salido de la nada, sino que es consecuente con otros pensamientos que le precedieron, y a los que sintetiza. Me estoy refiriendo a Marcuse, aplicando las ideas de Marx y Freud a la comprensión del Mundo. De aquél leemos:

"La crítica fundamental que realiza Marcuse en El Hombre Unidimensional indica que la sociedad moderna es capaz de asimilar cualquier forma de oposición que surja al interior de sí misma, y por tanto no existe ningún movimiento individual ni colectivo capaz de oponérsele o de socavar sus raíces socioeconómicas. Este hecho se contrasta fundamentalmente con el capitalismo temprano, en que el movimiento proletario era una fuerza con el potencial efectivo de derribar el régimen. El capitalismo avanzado que describe Marcuse, en cambio, ha generado a través de los estados de bienestar una mejora en el nivel de vida de los obreros, que es insignificante a nivel real, pero contundente en sus efectos: el movimiento proletario ha desaparecido, y aún los movimientos antisistémicos más emblemáticos, como el movimiento punk-anarquista o el movimiento bohemio han sido asimilados por la sociedad, y orientados a operar para los fines que la sociedad coactiva reconoce como válidos."

Todo este discurso tan complejo no es para nada nuevo, justamente porque atañe a aspectos primarios del comportamiento humano en masa, en sociedad. Y por eso es indiferente que se analice a una sociedad industrial de Occidente o a la plebe campesina de la antigua civilización china.
Sólo así puedo entender que 2.500 años y 10.000 kilómetros de distancia se salten de golpe con la misma idea, aunque con diferentes palabras:

3. Control

No alabando al honrado se evita el engaño,

No estimando lo raro se evita el robo,

No ostentando la belleza se evita la lujuria.

Así pues, el sabio controla a la gente:
Vaciando sus corazones,

Llenando sus vientres,

Debilitando sus ambiciones,

Y fortaleciendo sus cuerpos.

Si la gente carece de conocimiento y deseo

El más hábil entre ellos es incapaz de actuar
;

Si se evitan las acciones
Todos viven pacíficamente.


(Lao-Tse, Tao Te Ching)

martes, 21 de octubre de 2008

Libertad de pensamiento, credo y opinión


http://es.wikipedia.org/wiki/Pastafarismo
Os propongo una lectura de este divertidísimo y entretenido enlace, motivado por el debate acontecido en Estados Unidos (¿dónde, si no?) entre los partidarios del "diseño inteligente" (un eufemismo para ocultar que se trata de creacionismo) y de la selección natural.
Fragmentos destacables (a ver si os engancho):

- El universo fue creado por un Monstruo de Espagueti Volador invisible e indetectable. Todas las evidencias que «erróneamente» apoyan la evolución han sido «plantadas» intencionadamente por este ser, con el objeto de poner a prueba la fe de sus fieles.
-El calentamiento global, los terremotos, los huracanes y otros desastres naturales son consecuencia directa de que desde los años 1800 ha disminuido el número de piratas. En el sitio de Henderson se presenta un gráfico que demuestra la correlación inversa entre la cantidad de piratas y las temperaturas mundiales. Este componente de la teoría acentúa la falacia lógica esgrimida por los creacionistas de que la correlación implica causa.

y ahora viene lo mejor:
  • La creencia Pastafari del cielo hace hincapié en estos dos puntos:
  1. Tiene volcanes de cerveza hasta donde alcanza la vista
  2. Tiene una fábrica de bailarines/as de striptease.
  • En cambio, en el infierno:
  1. Hay también volcanes de cerveza, pero está rancia
  2. Los bailarines/as de striptease tienen enfermedades venéreas.
Me he divertido muchísimo leyendo este enlace. Espero que os haga reír, pero sobre todo, que os haga pensar.

lunes, 20 de octubre de 2008

Dos pequeños huesos cambian la Historia Natural

Hace un tiempo vi la película Misión Imposible. En algunos momentos los personajes utilizan máscaras de látex para hacerse pasar por otras personas, y como complemento perfecto para imitar la voz de los suplantados utilizaban un dispositivo flexible con circuitos que adosaban a su cuello a la altura de la garganta. Imagino que sería una especie de procesador que mediante impulsos eléctricos modificaría la presión sobre las cuerdas vocales en la laringe, consiguiendo así el timbre adecuado.
En su momento me pareció una fantasmada. Aunque bien pensado, conociendo cómo se producen los sonidos que llamamos "voz", tiene poco de ciencia-ficción.

El asunto viene al caso porque en medio de nuestra garganta está la explicación del leguaje hablado. Al menos, la parte física. Se trata de la presencia del hueso hioides.
El único del cuerpo humano que no está unido a otro. Un hueso impar, y simpar, con una forma en herradura que envuelve la laringe y contribuye, por la particular ubicación de la misma (más abajo que la del resto de homínidos), a hacernos únicos a la hora de hablar. Sí, es cierto que a nivel de efectividad evolutiva parece un retroceso, ya que nos impide respirar y tragar simultáneamente (sólo los bebés de hasta tres meses pueden hacerlo, y después crecen transformando la disposición de la glotis).
Se han hallado hioides en yacimientos de Sapiens (h. 35.ooo a.C.), Neanderthales (h. 100.000 a.C.) y lo que es más alucinante, en Heidelbergensis (h. 300.000 a.C.), en Atapuerca.
Esto supone que ya mucho antes de lo que se creía, nuestros antepasados eran capaces de emitir sonidos muy semejantes a los nuestros actuales.

Pero falta algo: Capacidad física no implica capacidad intelectual. Al menos a nivel de laringe. Pero... ¿y a nivel de cráneo? Eureka! En la base del cráneo está la segunda clave de nuestro lenguaje, la que explica la parte intelectual. Y gracias a otro huesecito, el esfenoides.
No, no es que me haya equivocado de gráfico. No estamos viendo una cadera, sino que la base de nuestro cráneo es así. Es asombrosa y paradójica la simetría de formas que podemos abarcar en el cuerpo humano. Incluso invita a pensar en un diseño preestablecido, con intenciones de perfección. Casos como este paralelismo de formas entre el soporte del cráneo y el soporte del abdomen quizás son los que alientan la explicación creacionista del "diseño inteligente".
Mejor que intentar explicarlo con mis palabras, copio y pego de la wikipedia la parte del artículo más relevante para la cuestión que os presento:

Importancia del esfenoides en la evolución humana

Estudios recientes sugieren la hipótesis según la cual los cambios (por mutación) de la posición del esfenoides han implicado transformaciones en la capacidad cerebral y, transitivamente, avances en las capacidades cognitivas e intelectuales.
Dentro de la línea filogenética que desemboca en el Homo Sapiens Sapiens se periodizan las siguientes etapas:

  • Hace 60 millones de años los prosimios tenían un esfenoides horizontal y plano como la inmensa mayoría de los demás animales con cerebro.
  • Hace unos 40 millones de años, en los simios el esfenoides tenía una primera inclinación hacia abajo lo cual permitía un aumento de la capacidad encefálica. Los lóbulos occipitales obtuvieron más espacio y así se logró un perfeccionamiento de la visión estereoscópica y probablemente de la memoria visual.
  • Hace menos de 12 millones de años se produjo una nueva inclinación hacia abajo, esto en la línea evolutiva dio origen a los antropoides, lo cual implica un cerebro aún mayor en proporción al resto del cuerpo.
  • Hace unos 6 millones de años, con los Australopithecus, la inclinación del esfenoides se volvió a acentuar, y con ello se incrementó la capacidad neurocraneal.
  • Hace 2 millones de años se produjo la misma inclinación hacia abajo del esfenoides, coincidiendo con un total bipedismo. Tal bipedismo, supone la necesidad de un cerebro voluminoso con redes neuronales complejas como para mantener esa posición opuesta a la gravedad. Es también probable que esa nueva posición del esfenoides permitiera un habla rudimentaria, cuyos fonemas eran chasquidos y tonos guturales.
  • Entre 200.000 y 160.000 años atrás el esfenoides obtuvo la inclinación que se encuentra en el Homo Sapiens Sapiens. Este hecho coincide con un aumento de la capacidad cerebral, (en especial de los lóbulos frontales) y una mayor irrigación sanguínea para el cerebro.
Igual a muchos os parece un pestiño. A mí me responde muchas preguntas.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Science killed the mythology stars



La Ciencia mató a las estrellas de la mitología.
Hemos llegado bien lejos. Según desde donde lo veamos, claro. Yo lo veo desde arriba, como queriendo ir un paso por delante. Será que aún me queda algo de ilusión por alcanzar momentos mejores.
No sé bien cuándo empezó el género humano a distinguirse del resto de animales. Pero así sucedió: Somos capaces de explicar el Mundo. Nos hicimos tan conscientes de lo que nos rodea, que llegamos a reflexionar sobre ello. Y cuando reflexionas, amigo mío, estás perdido...
Es broma. Pero es la clave de lo que nos hace únicos.

Francamente, no veo a un chimpancé intentando persuadir a otro de que su visión de nuestro lugar en el Mundo es más razonable o más verdadera que la del otro. Reflexionar es el "peligro" que tiene.
Como filólogo, de la comunicación (humana o animal) esto es lo que más me llama la atención. Los seres humanos parecemos ser los únicos que nos planteamos de dónde venimos, y por tanto, quiénes somos, y adónde vamos. Y justo desde el momento en que somos conscientes de nuestra identidad, vemos entonces el Mundo como algo ajeno, que requiere su propia explicación.

He aquí la gran diferencia: Los animales SON porque pertenecen al Mundo, y nosotros ESTAMOS en el Mundo, pero pensamos que nos pertenece. Esto tiene unos efectos evidentes en el hecho de que los animales son parte del sistema, del eco-sistema, y los humanos nos hemos visto, hasta ahora, por encima del sistema. Por eso nosotros contaminamos y ellos no.

Un punto a tener muy en cuenta es el hecho de la evolución. Honestamente, que a estas alturas haya quien sigue hablando de la evolución como una "teoría", me parece que vive fuera de la realidad. Pero claro, así también a mí me podrán decir que esto es sólo mi opinión, en fin.
Yo veo la evolución no solamente como la explicación a "de dónde venimos" y "quiénes somos". Quiero decir que la Historia no se ha terminado. Nunca termina.
Es cierto que hemos evolucionado como especie hasta llegar a ser Homo Sapiens Sapiens, pero (y ésta siempre me ha parecido una analogía preciosa y muy cierta) igual que en la vida de una persona, la Humanidad ha ido creciendo desde la infancia hacia la madurez.

En pocas palabras, una vez "completa" nuestra evolución física, faltaba la evolución del pensamiento.

La visión del Mundo de las primeras civilizaciones se ve hoy día como simple, ingenua... como un cuento infantil. Nuestra mente lógica nos hacía pensar que, del mismo modo que nosotros nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, al Mundo tenía que pasarle lo mismo. ¿Y cómo nace el Mundo? Pues de una madre, o de un padre. O de ambos. Los creadores. Los dioses.

Hemos puesto a los dioses como respuesta a casi todo a lo largo de nuestra historia. Como quien justifica sus actos por ser hijo de quien es. Y hemos vivido durante siglos, durante milenios, convencidos, por las buenas o por las malas, de que así eran las cosas.
Y no sólo eso. Lejos, lejísimos de nuestros primos, los primates, nos hemos esforzado mucho por someter bajo nuestra visión del Mundo a cualquiera que no la compartiese.

A pesar de todo, y aunque tantas veces se haya combatido, la libertad para dudar, el mecanismo de nuestra mente que nos obliga a no creer a ciegas, ha persistido. Albert Einstein dijo que lo importante no era ser muy inteligente, simplemente bastaba con no dejar nunca de hacerse preguntas.

La lógica, el razonamiento, son la llave de la mejor herramienta que poseemos como humanos para comprender el Mundo: La Ciencia. No creemos en la ciencia, creemos en nosotros, y la ciencia es un reflejo de lo que somos. Somos racionales. No dar por cierto nada que no pueda ser demostrado, y comprobado, una y otra vez. Eso es la Ciencia. Y es a través de ella como hemos crecido. Del mismo modo que un adulto se convierte en tal porque deja de mirar hacia arriba haciendo preguntas, y pasa a mirar hacia abajo, dando respuestas.

Zeus, Júpiter, Odín, Thor, Hera, Gea, Dios, Jehová, Visnú... son sólo el rayo, el trueno, la aurora boreal, la Tierra... No fuimos creados por los dioses. Los dioses fueron creados por nosotros.
Preciosos cuentos de niños.