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sábado, 4 de abril de 2009

A vueltas sobre lo mismo



- ... y me fui dando cuenta de que sucede siempre. Y no tiene pinta de parar: Como no hay dos personas iguales, es imposible evitar esos típicos malentendidos por dar por hecho que el otro hará lo que nosotros haríamos. Y ¡plaf! no lo hace.

- ¡Justo! Y es verdad que no hay remedio que lo impida... así que más vale asumirlo. Y me dirás: ¿Qué entiendes tú por "asumirlo"? Y yo te diría: "Hombreee, asumirlo es reconocer que el otro es libre de sorprenderte. Cómo decirlo... A ver, que cada cual tiene sus ideas sobre en qué consiste la confianza, palabra mágica, y que cuanto más pones de tu parte para completar los "huecos" en los que no conoces al otro, más fácil es que haya un malentendido, por mucha confianza que exista".
Ya sabes. Aparecen los "no me parece normal", los "no sé si esto va para alante o para atrás", "me desconciertas"... cuando precisamente tú no has hecho nada con la intención de desconcertar a nadie.

- Ya. Y los "el que te entienda, que te compre", y "déjalo, no pasa nada, si no te voy a comprar"... Pues a eso iba. Que al final, es como si fuera una cuestión de tiempos. De ritmo. Uno está más acostumbrado que otro a profundizar en menos tiempo, con menos "material" disponible, por decirlo de alguna forma.

- No. Yaa, a ver, sí. Pero no sólo es por cosa de ritmos. Me refiero a que no todo se tiene que reducir a una suma de datos en un plazo de tiempo. Para mí son muy importantes los estados de ánimo, o sea, que como no estás siempre del mismo humor, unos días estás más comunicativo y otros menos. Y el otro está ahí, a piñón fijo, y eso hace que la confianza... como si menguara, como si hubiera recelos. Pero no tiene que ser nada personal contra esa persona en particular, sino que te sientes lejos de todos, como si lo buscases. Y el otro nunca sabe si quieres estar aislado para que te vengan a buscar, o porque en realidad no deseas compartirte con nadie. No sé.

- Buenoo... eso de que el otro está a piñón fijo... ya ves, cada uno es de su madre y de su padre...

- ¡O no!

- ¡JAJAJA! Yaaa, como lo de Martes y Trece, ¿no?: Elijo yo, que el hijo es mío. Tuyo, no sé, pero mío, sí.

- Sí, eso. Pero en serio, que por eso es tan difícil. Entre los ritmos, los estados de ánimo, la distancia y los horarios... menudo panorama.

- ¡Qué cuadro, señores, qué cuadro! En fin...


jueves, 2 de abril de 2009

Deberíamos irnos los dos



No sé quién dijo "confieso que he leído". Es igual. Yo también confieso que he leído... el lomo de un libro en las estanterías de la casa de mi padre que decía "Las Cárceles del Alma" y "Lajos Zilahy". Eso fue hace muchos años. Nunca lo leí...
Después oí por la radio que Sting había sacado un nuevo álbum y lo había titulado "The Soul Cages", y el poco inglés que sabía me dijo que ambas obras debían tener algo que ver.

La cuestión es que esa expresión me había impactado desde siempre. Me hacía imaginar los barrotes, en primer lugar. Negros y fríos. Infranqueables. Y muy crueles, porque al contrario que una pared, te dejan ver todo lo que hay fuera, lo que te estás perdiendo, de lo que te están privando.

Con el tiempo y la experiencia me fui dando cuenta de que es el ideal de justicia el que supone demasiadas cosas negativas en las vidas de las personas. Y además es una buena explicación a que los barrotes que nos encarcelan son levantados por nosotros mismos.
Por si no lo había aprendido en mi propia vida, encuentro tal enseñanza en eso que tiene de reválida cuando nos convertimos en padres. Veo a mi hijo empezando a aprender a aceptar la diferencia entre el Bien y el Mal, y cómo nace en él en consecuencia no sólo el sentido de la justicia, sino la paralela frustración de vivir todo eso que ocurre, y le ocurre, en contra de ella.

Y me acuerdo de mí como niño, y queriendo explicárselo a él me explico a mí mismo que es esa frustración la que nos hace nacer el miedo, la prudencia, la parálisis... todos los nombres de los enemigos de la inocencia. La misma que después nos pasamos pensando en recuperar los ratos que nos permitimos soñar despiertos.

Pero a veces, en días como hoy, corrientes aparentemente, nos llevamos una sorpresa feliz. Quizás exagere, fruto de alguna necesidad o desesperación que no reconoceré jamás. A veces descubres una verdad que en cierto modo te libera de esos barrotes que con tu miedo has levantado. Puede ser una voz en tu oreja, hablándote en la almohada, o con los labios cerca del oído aprovechando un baile lento, o al otro lado del teléfono. Es igual.

Escuchas esas palabras y por un momento dudas, aún sorprendido por comprobar que es posible también para ti. Que puedes vivir despierto el momento exacto en el que otra persona desea contigo lo mismo que deseas tú con ella.
Y sólo esperas que esa persona pueda a su vez derribar sus barrotes , igual que tú acabas de quebrar los tuyos haciendo tuya su voz. Y por eso repites la frase en voz alta.

A mi editora.

viernes, 6 de marzo de 2009

Dentro y Fuera

Hasta que supe lo que es "estar dentro", una "entrada" sólo era un término del béisbol por la que un equipo tenía una vuelta completa al campo, alrededor del "diamante". En fin, ¡cómo cambian los tiempos! Hoy, caminando por la calle, vi una nota pegada al cristal de un escaparate. Decía "Vendo Wii Chipeada"... y eso. Que ya no es sólo la cuestión de siempre de que los mayores no entienden a los jóvenes. También es que los de "fuera" no entienden a los de "dentro".

Si estás "dentro", para ti ripear no es ningún misterio. Menos aún craquear. Pero con ésas, ni falta que te hace saber nada de esto cuando entras en una nueva dimensión. Y no exagero (pese a mi tendencia). Así la veo yo, un Universo completo en 4 dimensiones, pero que se va como vino: Apretando un botón.

Eso es el Universo Blog. Cada blogger es un lugar, y sus "entradas" estados de ánimo, sitios que visitar en los que comprobamos cómo se demuestra, una y otra vez, que leer es viajar, y comprender es acompañar. Eso es.

Una nueva manera de estar juntos sin tocarse, sin olerse... pero viéndose y escuchándose por encima de los sentidos. ¿Mejor? ¿Peor? No entraré en eso, me parece subjetivo, sujeto a la experiencia de cada cual con el contacto humano y la comunicación.




Ahí estamos. En nuestras "entradas" y en los comentarios a las ajenas, y en los comentarios propios a los ajenos... ¿Son más posibilidades o menos, para conocerse, que desde "fuera"? De nuevo, lo veo subjetivo. No me parece un asunto de cantidades, sino de diferencias. O es simplemente un cambio de factores que no altera el producto. Me refiero sencillamente a que "fuera" las sensaciones, los sentidos, influyen en la percepción intelectual del "otro". Mientras que "dentro", es la percepción intelectual la que determina las sensaciones.

Y es por las formas. Por el aspecto formal del asunto. El envoltorio, la presentación... llamémosle "X". Ya no es la forma de andar, el perfume o el desodorante. No son los zapatos, ni el estilo al combinarlos con un cinturón o con un bolso. No es ni siquiera el tipo de risa, o su ausencia... "Dentro", es la plantilla, la combinación de colores. Son las etiquetas, o el interlineado. Es el criterio para delimitar párrafos, y el estilo más o menos coloquial. Y las imágenes.

Y además, está la "chicha", claro. Todo está en las entradas. Los temas, las preferencias, los gustos, las manías... la actitud y la respuesta al halago, a la adhesión, a la crítica, al insulto... Como "fuera", igual. Qué Mundo tan fascinante.

Pero entonces... ¿por qué es tan difícil hacerlo compatible con el de "fuera"? ¿Por qué ocurre tan a menudo que entran en conflicto? (lo suficiente como para hacernos sentir obligados a elegir entre ambos). Si "sólo" es apretar un botón... Algo me dice que es por mucho más que por tiempo.
En fin. Quienes habeis elegido quedaros "fuera", ya me lo diréis. Algún día. Fuera...





... o dentro.

domingo, 1 de marzo de 2009

Carácter, Personalidad y Manuales de Supervivencia


Tarde de domingo (rara), y yo pensando en los Amaral hasta en la sopa, que acabarán por demandarme por plagio. Últimamente los nombro mucho.
Y todo es culpa de la mente, que trabaja asociando ideas por causas diversas y más o menos explicables.

Esta tarde me ha dado por revolver (o seguir revolviendo) entre los pensamientos asociados a algunas entradas que voy leyendo por el Universo Blog adelante. Estuve pensando en el asunto de los llamados "libros de instrucciones", y lo cierto es que divago sin acertar a nada fijo. Podría acogerme a la atenuante de que el jarabe para la tos me impide pensar con coherencia, pero entonces ya serían dos demandas... Si es que ya lo estoy viendo: Manuel Torreiglesias anunciándolo en Saber Vivir: Los Amaral (que ya han tomado sus armas...) se alían con Cinfa contra A Través del Espejo ( oh, noo, ahí vienen los herederos de Lewis Carroll!!! jorrll).

En fin. Que eso, los "libros de instrucciones" así llamados para referirse a detalles de nuestro carácter que en principio no se comparten. Como si fuese una libretita con unas claves anotadas para descifrar qué quieren decir realmente las cosas que hacemos o dejamos de hacer, en cada ocasión.

Me quedo con la palabra "resortes". Nuestras respuestas y actitudes ante los demás, en nuestras relaciones con los que nos rodean, con nuestros ideales, ambiciones, proyectos e ilusiones. Yo creo que todos tenemos una lista de objetivos esenciales en nuestras vidas, y nos comportamos de un modo determinado para conseguirlos. Creo que eso conforma nuestro carácter.

Pero también me dio por pensar que a menudo resultamos contradictorios con respecto a nuestros anhelos. Contradictorios sobre todo a los ojos ajenos. Esto sucede cuando alguien nos intenta demostrar que si realmente decimos ser de una manera y mantenemos los principios que decimos tener, con frecuencia nuestros actos, o lo que dejamos de hacer, los contradicen.

Pero eso es casi siempre así porque los demás no harían las cosas que nosotros sí hacemos para alcanzar los mismos objetivos, y esa falta de coincidencia es la que explica la supuesta contradicción.
Y es justo el ponerse a explicar por qué seguimos esos "cómos" lo que significa "entregar nuestro libro de instrucciones".
Lo siguiente es preguntarse si el riesgo que conlleva toda esa desnudez se compensa con el premio de la lealtad... y sí, acertáis, casi nunca compensa.

Quienes estén más seguros de su coherencia suelen expresarla hacia los demás con una personalidad muchas veces juzgada como arrogante, o sobrada, y otras veces como magnética o admirable... o envidiable.

Sea como sea, ahí están los "cuatro jinetes del Apocalipsis" de siempre, al acecho, para impedirnos ser libres sintiéndonos a gusto con nuestro Yo: El miedo al rechazo, la necesidad de ser aceptado, la necesidad de ser diferente, y el miedo a no existir en los demás.