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domingo, 23 de noviembre de 2008

Insomnio

Conozco la sensación. Ojos bien abiertos, reflejos rápidos, corazón acelerado, y cuando respiras hondo, los pulmones dan de sí como si hubiesen crecido justo entonces. Es la ansiedad, y de ella, al insomnio. Las cinco y veinte de la madrugada, ni un ruido en la calle, ni un ruido en el edificio. Ni coches, ni las viejas tuberías se hacen notar.
Y aquí estás tú, ante el teclado. La mente turbia, revuelta bullendo en ideas, imágenes y pensamientos desordenados, que sólo te permitirían balbucear por escrito.
Eso acrecienta el desconcierto. Pareces estar en blanco, la mirada perdida, pero es todo lo contrario. Recuerdos, sueños, planes, caras, voces, olores y sabores se agolpan vertiginosos y no te dan respiro. Quieres detenerlos, frenarlos al menos, organizarlos, pararte un rato en algunos, y desechar otros. Reflexionar... y no puedes, te ves arrastrado, porque todo esto parece un proceso automático que tu mente va a llevar a cabo sin tu consentimiento.

Tal vez es algo necesario, que sucede esporádicamente, y sin avisar, como si tu mente funcionase como el propio ordenador que tienes a tu lado. ¿Acaso no es él mismo tu otra mente? Él va a hacer lo que tú hagas, y así lo mostrará por escrito. Él será lo que tu quieras, porque será lo que tú digas: Tu voz, un mensajero, un correo, dirá lo que quieres decir, y su silencio será el tuyo.

Esta máquina es yo mismo.

La ansiedad desaparece, el cansancio vence al insomnio. Vuelvo a poder reflexionar. ¿Máquinas que hablan por mí, o simplemente hablo a través de una máquina? "Hoy pareces enfadado", "Hoy pareces triste".... No le eches la culpa al mensajero. Debo dormir: Estoy hablando con una máquina.

jueves, 9 de octubre de 2008

Estaciones


Hablar a estas alturas de las estaciones del año como una metáfora de las etapas de la vida es algo bastante trillado. Puede que demasiado. Me gustaron últimamente las palabras de Rosa Montero o de Antonio Vega.
Y aquí estamos, en Otoño. Sí, lo de siempre: Tiempo de cosecha, tiempo de recoger lo sembrado. De recapacitar, reflexionar... una vez más. 36 años y suficiente camino andado como para hacer balances. Umm, mala costumbre si se hace con el ánimo cansado. O dolido.
... y nuestras vidas son los ríos, que van a dar a la mar... A veces soy río viejo y retuerto, a veces soy rápido y caudaloso. Y lo obvio, soy todos y cada uno. Soy lo que fui y lo que ansío ser, y entre medias, pienso en no ser río, en no surcar un cauce ya marcado, desbordarme, abrir nueva senda para desembocar igualmente. Destino y libertad, eterna lucha. ¿Qué quieres ser hoy? No quiero ser río.