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jueves, 25 de junio de 2009

Por lo bajinis


Llevo varios días discutiendo bastante a las malas con mi voz interior. Y es que en ese tiempo nos hemos puesto bien en contra uno de la otra. Como yo estoy cayendo (porque en esto se cae, seamos honestos) en la diplomacia y en las palabras medidas al milímetro, ella se está calentando hasta puntos molestos. ¿Lo veis?: “Hasta puntos molestos”. La dichosa diplomacia nos separa y nos aleja, cabreadísima ella porque yo no pueda decir simplemente que “está hasta los huevos”. Y es que lo de los modales al hablar es una parte del “civismo” en la que uno acaba muy fácilmente lejos de lo que sus sentimientos dirían si pudieran hablar con palabras libres.

A mí me da que es la soledad lo que nos está jodiendo. Teníamos muy buen rollo, la verdad. Pero, a rachas, supongo que por factores diversos que no conozco o que no reconozco, nos alejamos. A veces me llama “traidor”… a tanto llega la distancia. De manera que estuve meditando maneras de solucionar esto. No me digáis, que por divertida u ocurrente que pueda ser la situación, no es nada agradable, y mejor meterle mano más pronto que tarde. Y la cosa tiene su dificultad, porque ella suele hablar cuando yo estoy desarmado: Lejos de un lápiz y un papel, lejos del teclado, en la cama con la luz apagada antes de dormir, o justo antes de levantarme…

Me las arreglé para esconderme y esperarla. Sí, la engañé, justo. Igual que vosotros ahora creéis que os engaño, afirmando que puedo actuar a sus espaldas. No voy a revelar mis fuentes, como diría aquél, pero he hecho una especie de emboscada. De repente me he acordado de Tristanbraker y la cueva de la luna. ¿Os acordáis de aquellos primeros frikis del programa de Arús, “Al Ataque”? El tal Tristanbraker grababa psicofonías… bueno, pues aquí están las primeras psicofonías que he podido captar de mi voz interior, sin su conocimiento:

... y venga el Fernán-Gómez… joder, que se está apoderando de mí… no veo apenas noticias buenas, todo es una mierda de carencias, de falta de dinero, de oportunidades… y la cultura de la gente… hostias, la chavalería, joder, ¿estamos trabajando duro para ellos? ¿para estos? No, claro, los nuestros son víctimas… pero vamos a ver, ¿es que nadie es capaz de ver que ellos mismos son el problema? ¿Que ver el mal en los hijos ajenos y sólo en ellos es la madre del cordero?... cuánta ignorancia, dios… cruza los dedos, que tarde o temprano cualquiera podrá decirlo de ti. Te habrá pasado como a ellos, sin darte cuenta, tu hijo tomándote el pelo… y ¿qué le dices? … ¿que haga lo que debe? ¿un iluso cumplidor en un mundo de hienas?... joder, debería pensar en algo alegre, que se me hace mala sangre… y lo fácil que es meterle un grito a nadie que ni lo come ni lo bebe…

… debería escribir sobre esto, sobre aquello, sobre lo de más allá… una entrada para cada asunto, una entrada temática… na, muy limitado, ya está… así no me sirve… además, una entradita ahora con el conflicto de los límites de la libertad, de confundir derechos con abusos… y la parte de los deberes, que nadie tiene… vaya puta mierda… de amargado… lo peor es plantearte a ti mismo que suenas como un facha cuando dices que el personal ya se está pasando tres pueblos… pero ¿de qué vas?, joder, si hablas de ponerle un freno, multas, trabajos para la comunidad… na, un amargao…

… no me puedo creer que esta lluvia de Junio me esté jodiendo tanto… venga, reconócelo, no es la lluvia… la usas de excusa, “podría llover”, se dice cuando algo está fatal, y podría ir peor… y con ésas, cuando llueve, ya lo tienes… en bandeja… “nooo, es que estoy depre porque no para de llover…”, al carajo, mentira…

lunes, 25 de mayo de 2009

Abuelo, ¿qué es el Honor?



Con esta frase derribaba la nieta del Señor de Briz todo el castillo de arena que su abuelo había levantado en el aire a lo largo de su larga y orgullosa vida, en la película de Garci.

A mí, que me gusta tanto bucear por las connotaciones de las palabras, el Honor se me hace algo como la Vida. Como concepto es inabarcable, pero sin él no es posible nada. ¿O tal vez sí?
Así lo deben tomar en Oriente, pues a la misma altura lo situó el anterior Presidente del Gobierno de Corea del Sur (se dice rápido el cargo éste, pero estamos hablando de una potencia económica mundial, es como si aquí se tratase de Aznar o de González) cuando decidió dejarse caer por un barranco después de dejar una nota pidiendo perdón… porque ¡su mujer! había aceptado regalos millonarios de una empresa para ser favorecida en contratos públicos. Vamos, cohecho.

Estas personas sí saben qué es el Honor. Los orientales. Al Este del Mediterráneo. Pienso en los japoneses con el Harakiri, en los budistas con quemarse a lo bonzo… y hasta en los yihaddistas cuando prefieren morir antes que delatar a un compañero de lucha. Pero claro, la cosa se va degradando, son malos ejemplos. Gente trastornada, a los ojos occidentales.

Aquí seguramente sucede que nuestra espiritualidad está demasiado vejada por la religión dominante, que nos permite ser pragmáticos hasta la hipocresía: Los domingos nos damos golpes en el pecho y repetimos “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, y después narramos como el Cantar de Mío Cid el desembarco y toma de un islote rocoso frente a las costas de África. Después nos escondemos detrás de tres personas uniformadas, a las que la tradición les ha enseñado a confundir defender la verdad con no chivarse de un compañero cobarde, y andamos huidos de las cámaras y los micrófonos “hasta que pase el temporal”…

Existe otro aspecto en el que los Orientales son diferentes a nosotros. Hace más de un año vi un debate en televisión en el que un hombre mayor, cansado y en el que el estrés había hecho mella cerrándole un ojo, no sólo esquivaba sin moverse sino que vapuleaba sin parpadear (de un ojo) a su rival, más activo, más audaz… menos informado. Los mayores, los muy mayores, los viejos, son respetados en Oriente donde más, porque allí la tradición no les ha hecho olvidar que una larga vida implica casi siempre un amplio conocimiento del carácter humano.

En cambio aquí nos vendemos por la juventud. Y si no somos jóvenes, hay que parecerlo. Sea como sea. La juventud es el éxito. De ahí el auge del deportista joven como modelo a imitar. El aspecto es lo más importante. Lo suficiente como para venderse por un buen traje. Hay que ser elegante, tener buen aspecto, pues será ahí donde nuestra inteligencia supina de votantes compruebe el mérito de un buen candidato.
Me pregunto si, como en el cuento, de no haberse parado la rueda, hubiéramos llegado a ver al que se abroga el título de “Molt Honorable President” caminando orgullosamente desnudo por las calles del Antic Regne.