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jueves, 31 de diciembre de 2009

Años o Vida

2010 es una cifra redonda lo bastante llamativa como para haberla elegido alguna vez al preguntar cómo nos veríamos en el futuro.

Recuerdo preguntar a mis parientes y amigos, y ser también preguntado por ellos, “¿qué estarás haciendo en el 2010?”, o “¿cómo te imaginas en el 2010?”, “¿cómo será tu vida en el 2010?” y cosas por el estilo.

Personalmente, mis años 2007 (desde el verano), 2008 y 2009 han sido bastante parecidos en hechos y en sucesos, y aunque en resumen pudiera decir que habría dado lo mismo cambiar el orden, que poco se habría notado, tengo suficientes entendederas (eso creo) como para captar que todo ello, aun siendo repetitivo, me ha hecho crecer.

“Crecer”. Vaya. Desde hace un tiempo he estado releyendo lo que he escrito (casi el 100 % aquí en el blog), y encontré que necesitaba renombrarlo. Que muchas de esas ideas que había ido expresando y a las que fui poniendo etiquetas como “pensamientos” o “reflexiones” (junto con los comentarios que habéis querido aportar y las respuestas que me sugirieron) eran sobre todo modos particulares de asimilar lo vivido, de manera que tales etiquetas se me hicieron demasiado genéricas. Cuando quise encontrar una palabra baúl en la que incluirlas, pensé que ante todo había crecido, y no solo había sumado años.




Cuando me di cuenta de eso, pensé (y afortunadamente sentí) que ha valido la pena. Y entonces, como estamos en Navidad, y como yo soy de esas personas que deja para Navidad los mensajes y el contacto con mucha gente que quiero (en el sentido más amplio que puedo imaginar de “querer”), entonces, digo, deseé que para ellos también estos años hayan sido provechosos, aun con sus rutinas. Y más, les envié por escrito y con el menos convencional de los ánimos mi deseo de que el 2010 sea mucho más que una cifra redonda a recordar en… por ejemplo, 2020. Que el año que ya llega sea memorable solo como una coletilla para ubicar sucesos o hechos, ellos sí, dignos de ser marcas valiosas en sus vidas (también en la de quienes quiera que me leáis, por supuesto). En fin, que les hagan crecer. Que os hagan crecer.

En el año 2010 yo voy a seguir creciendo. Tengo esa certeza que me tranquiliza. No es un augurio, ni una apuesta, ni una ilusión (aunque me “haga” ilusión, que no es lo mismo). Es sencillamente que en los próximos meses concluirán varios procesos que promoví en su día, que afectan a mi trabajo y a mi familia, y cuyos resultados espero que lleguen sin prisa pero sin pausa, sin ruido, pero a plena luz. Me harán crecer, sean cuales sean. Sé a dónde me dirijo, y no saber si delante hay trampas, o encontrarlas donde no las esperaba, puede que me canse, pero no me desanima.

Unos por tradición, y otros por plena intención. Pero al final todos contamos con el azar como todo lo que no podemos controlar, y así nos referimos a él como algo activo y consciente cuando nos decimos “buena suerte”, “que te sonría la fortuna”…Ahora que lo pienso, una de mis hermanas siempre me ha dicho que tengo una estrella como una catedral.

Ya lo veremos.

jueves, 2 de julio de 2009

Eres afortunado









Hubo un tiempo en que no existían las naciones, ni los estados. Sólo los pueblos. Los hombres se movían por la tierra para ocuparla toda. Se extendieron por paisajes diversos, y adaptaron su vida a los climas bajo cuyo cielo caminaron.
Muchas veces guerrearon por hacerse dueños del mismo territorio. Otras veces pudieron permitirse compartirlo. En las tierras más frías hablaron con más consonantes. En las más cálidas, con más vocales. Sus pieles y sus rasgos se diferenciaron porque los mejor adaptados sobrevivían en mayor número: en los lugares cálidos, los más morenos; en los lugares fríos, los más pálidos.

Pero los hombres nunca dejaron de moverse por la tierra, y aunque se asentaron para cultivarla, y obtuvieron bienestar, nunca dejaron de estar en contacto, y siempre fueron conscientes de lo que les diferenciaba y de lo que les asemejaba. Aparte de temerse y enfrentarse, también apreciaban a los viajeros, a los exploradores. A los que aprendían a hablar las lenguas de los Otros. Eran hombres que abrían puertas, y hacían el Mundo más cercano, porque mitigaban el temor y la desconfianza.

Hubo un tiempo en que unos hombres de piel blanca y cabellos lisos del color del trigo partieron para desembarcar en estas orillas desde una tierra más al Norte. Fue la misma época en la que más al Sur de aquí muchos hombres de piel oscura y cabellos rizados huyeron del desierto emergente. Y fueron sus nietos, o quizás sus bisnietos, los que se encontraron en este lugar. Puede que a medio camino de donde pretendían llegar… puede que justo en el sitio exacto. En su contacto, mezclaron su sangre. Muchas veces a la fuerza, algunas quizás por amor, ¿por qué no?
Además de con sus armas, viajaban con sus palabras, sus dioses, su arte y su música. Y a veces la compartieron, a veces la impusieron, y a veces se mezcló.

Tú eres hijo de esa mezcla. Tienes el cabello trigueño, los ojos verdes, la piel morena, y la sangre mora y celta. Eres de un puerto atlántico. Un puerto es una puerta. Recibe y despide a los hombres, que no han cesado de viajar durante milenios
Buscándose
Encontrándose
Conociéndose
Conócete a ti mismo
Cruza la puerta
Viaja

jueves, 2 de abril de 2009

Deberíamos irnos los dos



No sé quién dijo "confieso que he leído". Es igual. Yo también confieso que he leído... el lomo de un libro en las estanterías de la casa de mi padre que decía "Las Cárceles del Alma" y "Lajos Zilahy". Eso fue hace muchos años. Nunca lo leí...
Después oí por la radio que Sting había sacado un nuevo álbum y lo había titulado "The Soul Cages", y el poco inglés que sabía me dijo que ambas obras debían tener algo que ver.

La cuestión es que esa expresión me había impactado desde siempre. Me hacía imaginar los barrotes, en primer lugar. Negros y fríos. Infranqueables. Y muy crueles, porque al contrario que una pared, te dejan ver todo lo que hay fuera, lo que te estás perdiendo, de lo que te están privando.

Con el tiempo y la experiencia me fui dando cuenta de que es el ideal de justicia el que supone demasiadas cosas negativas en las vidas de las personas. Y además es una buena explicación a que los barrotes que nos encarcelan son levantados por nosotros mismos.
Por si no lo había aprendido en mi propia vida, encuentro tal enseñanza en eso que tiene de reválida cuando nos convertimos en padres. Veo a mi hijo empezando a aprender a aceptar la diferencia entre el Bien y el Mal, y cómo nace en él en consecuencia no sólo el sentido de la justicia, sino la paralela frustración de vivir todo eso que ocurre, y le ocurre, en contra de ella.

Y me acuerdo de mí como niño, y queriendo explicárselo a él me explico a mí mismo que es esa frustración la que nos hace nacer el miedo, la prudencia, la parálisis... todos los nombres de los enemigos de la inocencia. La misma que después nos pasamos pensando en recuperar los ratos que nos permitimos soñar despiertos.

Pero a veces, en días como hoy, corrientes aparentemente, nos llevamos una sorpresa feliz. Quizás exagere, fruto de alguna necesidad o desesperación que no reconoceré jamás. A veces descubres una verdad que en cierto modo te libera de esos barrotes que con tu miedo has levantado. Puede ser una voz en tu oreja, hablándote en la almohada, o con los labios cerca del oído aprovechando un baile lento, o al otro lado del teléfono. Es igual.

Escuchas esas palabras y por un momento dudas, aún sorprendido por comprobar que es posible también para ti. Que puedes vivir despierto el momento exacto en el que otra persona desea contigo lo mismo que deseas tú con ella.
Y sólo esperas que esa persona pueda a su vez derribar sus barrotes , igual que tú acabas de quebrar los tuyos haciendo tuya su voz. Y por eso repites la frase en voz alta.

A mi editora.

viernes, 6 de marzo de 2009

Dentro y Fuera

Hasta que supe lo que es "estar dentro", una "entrada" sólo era un término del béisbol por la que un equipo tenía una vuelta completa al campo, alrededor del "diamante". En fin, ¡cómo cambian los tiempos! Hoy, caminando por la calle, vi una nota pegada al cristal de un escaparate. Decía "Vendo Wii Chipeada"... y eso. Que ya no es sólo la cuestión de siempre de que los mayores no entienden a los jóvenes. También es que los de "fuera" no entienden a los de "dentro".

Si estás "dentro", para ti ripear no es ningún misterio. Menos aún craquear. Pero con ésas, ni falta que te hace saber nada de esto cuando entras en una nueva dimensión. Y no exagero (pese a mi tendencia). Así la veo yo, un Universo completo en 4 dimensiones, pero que se va como vino: Apretando un botón.

Eso es el Universo Blog. Cada blogger es un lugar, y sus "entradas" estados de ánimo, sitios que visitar en los que comprobamos cómo se demuestra, una y otra vez, que leer es viajar, y comprender es acompañar. Eso es.

Una nueva manera de estar juntos sin tocarse, sin olerse... pero viéndose y escuchándose por encima de los sentidos. ¿Mejor? ¿Peor? No entraré en eso, me parece subjetivo, sujeto a la experiencia de cada cual con el contacto humano y la comunicación.




Ahí estamos. En nuestras "entradas" y en los comentarios a las ajenas, y en los comentarios propios a los ajenos... ¿Son más posibilidades o menos, para conocerse, que desde "fuera"? De nuevo, lo veo subjetivo. No me parece un asunto de cantidades, sino de diferencias. O es simplemente un cambio de factores que no altera el producto. Me refiero sencillamente a que "fuera" las sensaciones, los sentidos, influyen en la percepción intelectual del "otro". Mientras que "dentro", es la percepción intelectual la que determina las sensaciones.

Y es por las formas. Por el aspecto formal del asunto. El envoltorio, la presentación... llamémosle "X". Ya no es la forma de andar, el perfume o el desodorante. No son los zapatos, ni el estilo al combinarlos con un cinturón o con un bolso. No es ni siquiera el tipo de risa, o su ausencia... "Dentro", es la plantilla, la combinación de colores. Son las etiquetas, o el interlineado. Es el criterio para delimitar párrafos, y el estilo más o menos coloquial. Y las imágenes.

Y además, está la "chicha", claro. Todo está en las entradas. Los temas, las preferencias, los gustos, las manías... la actitud y la respuesta al halago, a la adhesión, a la crítica, al insulto... Como "fuera", igual. Qué Mundo tan fascinante.

Pero entonces... ¿por qué es tan difícil hacerlo compatible con el de "fuera"? ¿Por qué ocurre tan a menudo que entran en conflicto? (lo suficiente como para hacernos sentir obligados a elegir entre ambos). Si "sólo" es apretar un botón... Algo me dice que es por mucho más que por tiempo.
En fin. Quienes habeis elegido quedaros "fuera", ya me lo diréis. Algún día. Fuera...





... o dentro.

domingo, 1 de marzo de 2009

Carácter, Personalidad y Manuales de Supervivencia


Tarde de domingo (rara), y yo pensando en los Amaral hasta en la sopa, que acabarán por demandarme por plagio. Últimamente los nombro mucho.
Y todo es culpa de la mente, que trabaja asociando ideas por causas diversas y más o menos explicables.

Esta tarde me ha dado por revolver (o seguir revolviendo) entre los pensamientos asociados a algunas entradas que voy leyendo por el Universo Blog adelante. Estuve pensando en el asunto de los llamados "libros de instrucciones", y lo cierto es que divago sin acertar a nada fijo. Podría acogerme a la atenuante de que el jarabe para la tos me impide pensar con coherencia, pero entonces ya serían dos demandas... Si es que ya lo estoy viendo: Manuel Torreiglesias anunciándolo en Saber Vivir: Los Amaral (que ya han tomado sus armas...) se alían con Cinfa contra A Través del Espejo ( oh, noo, ahí vienen los herederos de Lewis Carroll!!! jorrll).

En fin. Que eso, los "libros de instrucciones" así llamados para referirse a detalles de nuestro carácter que en principio no se comparten. Como si fuese una libretita con unas claves anotadas para descifrar qué quieren decir realmente las cosas que hacemos o dejamos de hacer, en cada ocasión.

Me quedo con la palabra "resortes". Nuestras respuestas y actitudes ante los demás, en nuestras relaciones con los que nos rodean, con nuestros ideales, ambiciones, proyectos e ilusiones. Yo creo que todos tenemos una lista de objetivos esenciales en nuestras vidas, y nos comportamos de un modo determinado para conseguirlos. Creo que eso conforma nuestro carácter.

Pero también me dio por pensar que a menudo resultamos contradictorios con respecto a nuestros anhelos. Contradictorios sobre todo a los ojos ajenos. Esto sucede cuando alguien nos intenta demostrar que si realmente decimos ser de una manera y mantenemos los principios que decimos tener, con frecuencia nuestros actos, o lo que dejamos de hacer, los contradicen.

Pero eso es casi siempre así porque los demás no harían las cosas que nosotros sí hacemos para alcanzar los mismos objetivos, y esa falta de coincidencia es la que explica la supuesta contradicción.
Y es justo el ponerse a explicar por qué seguimos esos "cómos" lo que significa "entregar nuestro libro de instrucciones".
Lo siguiente es preguntarse si el riesgo que conlleva toda esa desnudez se compensa con el premio de la lealtad... y sí, acertáis, casi nunca compensa.

Quienes estén más seguros de su coherencia suelen expresarla hacia los demás con una personalidad muchas veces juzgada como arrogante, o sobrada, y otras veces como magnética o admirable... o envidiable.

Sea como sea, ahí están los "cuatro jinetes del Apocalipsis" de siempre, al acecho, para impedirnos ser libres sintiéndonos a gusto con nuestro Yo: El miedo al rechazo, la necesidad de ser aceptado, la necesidad de ser diferente, y el miedo a no existir en los demás.

jueves, 26 de febrero de 2009

El humo ciega mis ojos


Le he dado demasiadas vueltas a esta entrada. Así que va como salga, es lo mismo.

Me planteé el asunto desde la ironía, sobre todo. Pero no me saldrá bien, y por eso renuncio. Lo que es seguro es lo del "demasiado": Cuando ves que por muchas vueltas que le des, sientes que cada nuevo enfoque no lo va a decir mejor que los anteriores.
Pero salir, tiene que salir. Me lo manda la ansiedad... y esa parte de mí que hizo un blog para irla soltando hecha palabras.

Y ya! Creo que esa es la clave. La ansiedad. Puesss... la expresión pura de la frustración.
Y vuelvo a uno de mis molinos favoritos. Vereis, es que le doy muchas vueltas a todo (y direis: "¿y quién no?"), y de nuevo tocamos la tecla: La frustración es ley de vida... Yo creo que sí. Que frustrarse, mucho o poco, es inevitable. Igual que responder a ella con ansiedad. Que una forma de "madurar", en fin, de "dejar de ser un niño", es la de acumular ilusiones no satisfechas que nos frustran.

Pero, después de dos párrafos, ¿de qué va esta entrada? Pues de cómo nos deshacemos de la ansiedad. A mí me ha dado por lanzar tiros libres, ya ves tú. Soy afortunado. Voy juntando ansiedad por la suma de pequeñas y grandes frustraciones diarias, como todo hijo de vecino, pero mi fortuna está en tener, de vez en cuando, horas y un lugar bonito donde estar a solas, intentando no pensar... peeero.

A veces el tablero es como una ventana, o como una pantalla (uhmm... es lo mismo) donde voy viendo las imágenes de mi ansiedad. Y fallo el tiro. O entra. Depende de si lanzo a conciencia, o mecánicamente. Y claro, como siempre intento encontrar verdades y soluciones en todo lo que hago y en todo lo que me sucede, me vuelvo a casa (aparte de con más intrigas de las que me traía), preguntándome si es así con todo: Si la solución está en la mecánica, en no pensar, en hacer sin dudar.

Y es jodido, no creais. Porque ya se ve venir la paradoja: La frustración de ser consciente se resuelve con algo mucho más frustrante: Descubrir que se sufre menos siendo mecánico, siendo inconsciente.
Y sí, lo veo, no soy más "sano" por lanzar tiros libres, pero me jode mucho, pero mucho, que me toquen el bolsillo para tratar la enfermedad de quien eligió deshacerse de su ansiedad chupando nicotina, secándose el hígado, empastillándose o quemándose el paladar. Y seré borde, políticamente incorrecto, y al menos, honesto: He tenido suerte, pero no tanta. La sociedad no es la culpable.

Va, venga, no caeré en la cantinela de las grandes multinacionales tabaqueras, la cultura del vino, los jóvenes sin ideales, o frases grandilocuentes como "el sistema busca y procura seres dóciles, y los indóciles se marginan ellos mismos... suicidándose despacito, pero eso sí, ¡porque son libres!"

¿Es simplemente eso, el precio de ser libres?: ¿El derecho de ser gilipollas?. Por información no será.

jueves, 19 de febrero de 2009

Amigos para siempre




Aviso del autor: Esta entrada no trata sobre los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Oí muchas veces sobre los solitarios. Solían ser hombres serios, y normalmente enfadados. Enfadados con todo el mundo, y a todas horas. Cascarrabias y mal encarados. Por eso se dice de ellos que tienen cara de pocos amigos...

A mis 36 y medio yo soy una persona de pocos amigos. Pero no soy serio ni estoy enfadado. Aunque entre la coraza infranqueable y una cada vez más superada timidez (tengo un blog! guauu, qué avancee!)... He pensado por temporadas en eso, y llego a conclusiones curiosas, y asociaciones también curiosas.

Creo que tiene que ver con la soledad. Recuerdo haberle escuchado a Antonio Gala (mis fuentes son insondables) que los anglosajones saben apreciar con más matices los beneficios de la soledad, y por eso distiguen la solitude de la loneliness. Por distinguirlas, la primera es la deseada, la valorada, la que se busca.
Pensando en eso, he recordado leer a algunos bloggers reflexionando acerca de esa soledad: más o menos asumida, aceptada, resignados, conformados... eufemismos. Entre lo que yo vivo y lo que leí, creo haber podido sacar un par de cosas en claro.

Lo primero es una premisa. Y es que nadie se reconoce en una situación en la que no quiere estar... incluido yo, claro. Así que cuando decimos que la soledad en la que vivimos es más "solitude" que "loneliness", a nuestros ojos así será, y de nosotros dependerá apreciar lo que vean otros puntos de vista, los de esas personas que nos quieren... esos... amigos!! (no me salía).

Bueno, sarcasmos aparte, porque todos los consejos del mundo no servirán para evitar que al final hagamos lo que nos dicen las tripas (nada de corazón, aquí romanticismo nada, que es una emergencia), para el caso es igual tener muchos amigos o pocos, porque la gran mayoría suelen ser conocidos. Y uff, hay tal escala de grises...
Lo difícil es definir "amigo".

Y de eso trata esta entrada. Como yo tengo pocos, les llamaba amigos, cuando son más que nada conocidos amables. Quizás por inflar, por el sonrojo de asociar pocos amigos a mal carácter, y permitir el prejuicio de extender una imagen errónea de mí. (Malditas apariencias!)
El caso es que si tomamos a un amigo por alguien que lo sabe todo sobre ti y aún así quiere tu compañía, yo sólo tengo un amigo.

Y la verdad, prefiero que no sean muchas las personas que lo saben todo sobre mí (esto suele pasar cuando uno no está especialmente orgulloso de su camino andado). De modo que sólo no estoy, así que no puedo hablar de la soledad con pleno conocimiento desde mi experiencia. Y si me pusiese a escribir, divagaría, y haría generalizaciones.

Después estuve pensando que en realidad casi nadie dirá que tiene muchos amigos si se atiene a la definición tan restrictiva que propongo. Y no es por nada, sino porque a ver, por el "macgyveresco" comodín de la "supervivencia sentimental o emocional" (que, insisto, algún día definiré), ¿quién en su sano juicio será completamente transparente para más de una persona... de cada vez?

Los tímidos, los acomplejados y los miedosos, ni nos lo planteamos! Sólo llegamos a hacer entradas de blog, claro.

lunes, 16 de febrero de 2009

El Verano del Amor

A Rosa, la parte que me inspiró leer a Estoliana.

Cuando oí este verso en la canción de Amaral pensé un poco, y me salió recordar. Recordé los veranos cuando tenía 14 años, año arriba año abajo, y estaba enamorado como nunca uno vuelve a estarlo, pero claro, en ese momento no lo sabe... y sí, visto desde ahora se ve como que por aquel entonces la sensación de fuego en el cuerpo va a acabar por consumirlo a uno envuelto en llamas de ansia, garganta seca de deseo, labios secos implorando besos mojados, y manos eléctricas envolviendo curvas.

Y esa permanente punzada en el pecho, que nos limita el aire, y acelera los latidos.

Y han ido pasando los sanvalentines, y a medida que vas encontrando palabras para explicar el impulso, te vas haciendo mayor. No necesariamente más viejo, pero sí te curtes. Porque vas coleccionando noes y adioses. Y agravias y decepcionas tanto o menos de lo que recibes. Y esto no me lo esperaba... y yo no quería llegar a esto... y te cruzas con otros sueños rotos, y ya nadie es novato en esto.

Y la gente que te rodea, y la gente a la que vas conociendo, también viene curtida. Y cuando la prevención, las pinzas, el pisar de puntillas, el medir las palabras, agotan la ilusión y el encanto se vuelve desencanto, y el ángel se queda desangelado, ya ves el final del camino.

Da igual los rodeos que des, porque lo sabes. Sabes que tardes más o tardes menos, cualquier tarde de éstas llegas.


A Estoliana, la parte que me inspiró leer a Rosa.

Y es ese sentirse curtido, un poco retornando un camino, el que nos quita niñez, y a veces llegamos a pensar que jugar es para los niños, y que no queda niño dentro de nosotros. Pero yo no me siento acabado. Y tantas frases hechas hay en la derrota como verdades en la euforia. Para mí no es otra cosa el estar enamorado. Y es cierto que con la frecuencia son las cursiladas y las ñoñerías las que se quedan por el camino, pero eso no desmerece la calidez del fuego que se enciende pertinaz una y otra vez, terco y obediente al soplo del viento.

Si es verdad que ser libre pasa por sentir siempre ansia, vive al día, y deja la nostalgia de lo que no pudo ser secarse al aire y al sol. Y cuando vuelva ese viento del que hablé (porque siempre, siempre vuelve) prenderá fácil la llama.



Y al fin, al Amor, por San Valentín.
Que te diviertas.

domingo, 8 de febrero de 2009

De Ballenas y Hombres


Hay 88 constelaciones según la tradición. Una de ellas lleva tu nombre. De modo que eres una más entre los dioses.
Los antiguos, mucho más conscientes de su pequeñez ante los seres de la Naturaleza que las gentes de hoy, te veneraban. El Sol, la Luna, las estrellas, el Día, La Noche, el Rayo, el Trueno, la montaña, el río... el Océano.

Imagino con curiosidad esa época en que los humanos nos ganamos ese nombre por, entre otras cosas, necesitar trascender. Me encanta la Historia, la Prehistoria, la Paleontología. Y una de las cosas que más me atrae es conocer detalles sobre cuándo y cómo fuimos llenando de mitos nuestra existencia.

Es como si nuestras primeras explicaciones sobre qué somos hubiesen consistido en anular nuestra capacidad de ser libres, sometiéndonos al capricho de fuerzas superiores, que debían poseer conciencia propia. Hubo una época en la que incluso algunos animales merecieron también tal consideración: El mamut, el oso, el león... y tú.

Uno de los libros de enseñanzas más antiguo que recoge la tradición de la que procedemos contiene un relato especial. Este relato es una alegoría sobre la identidad, la conciencia de lo infinito, la Muerte, la Fe, preguntas esenciales del ser humano, sobre mil cosas... sobre ti.

No puedo negar que te admiro. Quizás te hayamos sobrevalorado, por la fascinación que ejerces aún en cada nueva generación. Sólo puedo hablar por mí cuando pienso que ese valor que te otorgo está en la paz que me inspiras. Es como si tu inmensidad, y el misterio del lenguaje en que te expresas, y la sencillez de tu vida, y tu don para jugar, y... tantas cosas que identifico con una existencia pacífica y feliz, fuesen un reclamo invencible para crear un vínculo perfecto contigo.

Es como si con cada salto, con cada canto, con cada juego, estuvieses enseñándome el camino. Como un maestro que no sabe que lo es, y ofrece respuestas esenciales sin siquiera saberlo, porque le basta con ser como es.

Eres lo que haces.

jueves, 15 de enero de 2009

Discriminación "positiva" , prejuicios y cintas de video

- Ella dijo:

No estoy a la altura. Donde tú estás, yo no llego. A veces hablas de una manera que me pierdo, y eso... me hace sentir menos. Inferior.
Hay veces que te leo y pienso: "Esta persona es demasiado para mí." Siento como que no encajamos, porque habrá muchas más personas con las cuales puedas entenderte hablando y escribiendo de esa manera y sobre esos asuntos, que te resultarán por ello mucho más interesantes y atractivas que yo. Ante eso, poco tengo que hacer.

Ya te he dicho en anteriores conversaciones que estoy convencida de que el atractivo intelectual es un imán invencible. Mucho más poderoso que el atractivo físico, o la química personal. Así que tengo muy claro que es cuestión de tiempo que pierdas el interés en mí que tienes ahora, y encontrarás a alguna persona con la cual encajes con mucha más facilidad, y que se exprese como tú, de esa manera que a mí me parece pedante, afectada, y que no comprendo que se use pudiendo decir las cosas mucho más simples.

Estás ahí, metido en internet, donde hay montones de personas interesadas en conocer y en darse a conocer, buscando lo mismo que tú, precisamente esa conexión intelectual, esas afinidades.
Compréndeme que es lógico que piense así.


- Él se siente de muchos modos malos en pocos segundos. Lo racional de su cabeza le dice que el razonamiento de ella es lógico, y legítimo. Aunque es un error. Un error bien razonado no deja de ser un error.
Lo malo es cuando ya nos metemos en el asunto de que para uno es un error y para otro es una verdad con la cual vivir. Un principio, vamos.
Y él al instante piensa: Eso que para ella es un principio, para mí es un prejuicio.

Eso es. Me está discriminando, por "ser más" que ella, con sus propias palabras. ¿Por saber más? ¿Por conocer y poder hablar de las ideas de científicos y filósofos? ¿Los mismos que ella no conoce simplemente porque en su día él tuvo acceso a ellos, y ella no? ¿Es posible discriminar a alguien por eso? Es posible.
Tal como lo ve él, es lo mismo que ella se aleje de él por tenerle por más y en consecuencia por sentirse menos ante él, que si él la menospreciase por "no estar a su altura intelectualmente".
De veras, ¿acaso no es el mismo desprecio sobrevalorar a alguien por lo que sabe que despreciarlo por lo que no sabe?
Él así lo ve. A fin de cuentas, el resultado de tal prejuicio es el mismo: Las personas se alejan.
Después, en un nivel más íntimo, él cae en la cuenta de que esto no es la primera vez que le sucede. La anterior persona con la cual le ocurrió estaba casada con él.
Entonces se pone triste. Ante todo, porque se da cuenta de que ha tenido que sucederle una segunda vez para comprender el por qué de muchos celos antiguos, de muchas actitudes carceleras, de muchos miedos y actitudes talibanes.
Y en su memoria guardará desde ahora esas dos maneras que conoce de responder a lo que es: La de Liliput y la del País de los Gigantes.

Ah! Se me olvidaba. Lo de las cintas de video es porque tengo un montón de ellas llenas de películas que ya tengo en CD. Si alguien las quiere, que avise. Si no, las tiro al contenedor amarillo.

viernes, 2 de enero de 2009

De bien nacido...

En mi adolescencia descubrí una reflexión muy aguda en la que no había reparado hasta aquel momento. Es posible que sólo entonces estuviera preparado para compartir tal pensamiento. Nunca sabes dónde te vas a encontrar una idea como ésta, que son el detonante de nuevas actitudes y nuevas perspectivas.
Podría perfectamente estar escondida entre las líneas del Quijote, dirigida a Sancho, a los Sanchos que hay en la vida de toda persona, pero no, estaba incluida en una peli de ciencia-ficción juvenil, y la proponía un personaje que ejercía un papel paternal y sereno frente a la audacia de la juventud:


¿Quién es más loco? ¿el loco, o el loco que sigue al loco?
Y me he acordado de esta frase a propósito de nosotros. Aunque, honestamente, en nuestro caso, no es ya que uno esté siguiendo al otro, sino que paso los días convencido de que alternamos esos papeles.

Sea como fuere, estuve echando la vista atrás, como bien le corresponde a estas fechas, y vi que si de algún modo aparento coherencia, si lo firme de mi actitud parece hacerme uno de esos idealistas, un loco digno de ser seguido, es porque un buen día tú apareciste con la suficiente lucidez como para hacerme ver que podía tomar la iniciativa, no sé si de ser mejor persona, pero seguro, seguro, de ser fiel a mí mismo.

Por algo tan esencial te estoy siempre agradecido. Y espero estar cerca de ti, como Quijote o como Sancho, según mande la ocasión, para que me equilibres, para que te equilibre.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

El Mundo

A mi padre.

Te tengo siempre presente. Entre las mil cosas que me enseñaste aprecio en especial el valor del viaje para hacerme persona. Los kilómetros que hicimos juntos, y los que he hecho desde entonces.
Espero que cuando llegue mi hora, sea o no consciente de ello, no sienta que me he perdido demasiados lugares, cercanos o remotos, que me habrían podido revelar algo especial, necesario, útil, o bello sobre quién soy. Y sobre qué somos.
Ya que me abriste las puertas, qué menos que dar un paso adelante. Me lo debo, y te lo debo.
He leído con interés cómo recurrimos a ciertos rituales para sentir que cambia, que gira nuestro mundo particular. Que el Nuevo Año sea un Nuevo Mundo, y termino éste en el blog como lo empecé, con los que vieron el Mundo con otros ojos, y se atrevieron a andarlo. Todos somos un poco Truman Burbank, un poco Cristóbal Colón.

Nos vemos en el Mundo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

¿Fracasar?

Creo que muchos de nosotros vivimos una de las consecuencias de haber sido muy protegidos por nuestros mayores.
Creo que para evitarnos las dificultades que ellos pasaron, nos han protegido de tal modo que nosotros llevamos muy mal equivocarnos. Simplemente porque nos han ido resolviendo muchos problemas. Todo ello aderezado con el sentimiento de culpa que nos surge ( y que nos inculcan) cuando ven que fracasan sus expectativas con nosotros.
Confieso que sé que actualmente se trabaja por parte de los pedagogos en enseñar a los padres a que sus hijos resuelvan problemas ( no solamente lógicos, sino afectivos y de convivencia), para que su autoestima sea fuerte, y no les pase como a esta generación, que tantos "falsos fracasados" (licenciados trabajando de barrenderos, por ejemplo), o "autofracasados" ha dado.

Caerse de la burra

Es verdad que es muy doloroso sentirse equivocado, contrariado, arrepentido... Pero sólo cabe pensar que fallar, o fallarnos a nosotros mismos, forma parte del madurar. Si no decidimos nosotros, ¿acaso preferiríamos la comodidad de dejar a alguien que decidiese por nosotros?
¿Qué es mejor? decidir uno mismo, pudiendo equivocarse, o dejar que decida un marido, una esposa, una madre, un padre... otro.
Hay personas que se dejan conducir por la vida. Yo me he dejado llevar, y cuando decidí que prefería dejar de ser conducido, la primera sensación que se tiene es si fue un error ese cambio. Hay quien no puede afrontarlo, y sólo hace cambiar de dueño. Ten el valor de afrontar tus errores. Al menos son tuyos. ¿Prefieres vivir reprochando a otros lo que tú no te atrevieras a decidir?

sábado, 27 de diciembre de 2008

Dragones, unicornios, y dependencias simétricas


Para mí, que no soy psicólogo profesional, ni psiquiatra, psicoanalista, terapeuta, asesor de pareja, ni escritor de libros de autoayuda (:p), una "dependencia simétrica" es una relación personal en la que:
- cada participante (y pienso en dos, normalmente) siente que necesita al otro tanto, que no se considera capaz de ser él/ella mismo/a sin la compañía cercana, el apoyo, y la cooperación del otro (por esto, es una dependencia),
- los participantes sienten que reciben lo mismo que dan: Se sienten correspondidos (y por esto es simétrica).


Intentaré explicar esto:
- En primer lugar, dejar claro lo que está en negrita: En mi humilde opinión, los asuntos afectivos se miden en términos se percepción, de pareceres, de sentires, y son por tanto subjetivos, por mucho que cuando queramos ser tajantes usemos expresiones como "sinceramente" (se supone que uno va a ser sincero siempre con su pareja, pero la sinceridad es lo primero que desaparece, y casi siempre con la excusa del miedo a herirla con nuestra verdad), "objetivamente", etc.
Todo esto significa que no existe una sola verdad en las relaciones personales. Por supuesto tampoco la que estoy escribiendo aquí, que no es más que mi opinión.

- cuando uno siente que para ser él mismo (ser feliz, sentirse completo, etc.) precisa de otra persona, existe una dependencia. Una dependencia no es algo malo de por sí; para mí las dependencias son negativas cuando son desiguales, desequilibradas. Y para serlo, basta con que uno sólo de los participantes así lo sienta.

- Sobre el segundo punto, procurar tal simetría no depende, claro está, de nosotros. No del todo. Sólo la mitad. Para mí, visto así, es fácil de comprender:
Cuando uno siente, al principio de una relación, o pasado un tiempo, o simplemente cada vez que hace balance, que vive la relación de modo desigual, tendrá motivo de queja. La queja trae el reproche, el reproche la crítica, la crítica el rencor, el rencor la pérdida de confianza y del respeto. Y bueno, toda la cadena de trabas a la comunicación, que sería lo que podría solucionar tantos conflictos.
Por descontado, soy de los que creen que cuando sientes la necesidad de hacer balance, es que ya estás intuyendo que existe un desequilibrio, y eso te impulsa a comparar.

- Esto que acabo de mencionar lo considero aplicable a los dos grandes grupos de relaciones (ay, las marrditas etiquetas): Amor y Amistad. Pero, y ¿qué hay de todas esas "zonas grises"?
Puff, intentar definir por separado el amor y la amistad, anda que no se habrá intentado veces.
Yo ni lo intentaré. Al menos, en esta entrada.

viernes, 19 de diciembre de 2008

I'm so sorry, Mr. Wilde

Siendo cuasi-devoto de Wilde, admito su fascinación por la inutilidad del arte, y la verdad es sobrecogedor tan sólo aproximarse a la idea del arte como algo tan... no sé decirlo, ¿espiritual?
Pero la obra de arte es un acto del Hombre y para el Hombre. Siempre intenta comunicar algo. De hecho creo que el arte es expresión. Y creo que mal que le pese a Wilde, y a mi parte más poética, Kant acertó al describir el aspecto práctico del espíritu humano: Una obra de arte puede ser un detonante para la acción política.
Podemos entender entonces que el arte puede ser útil, cosa que horrorizaba a Wilde. Leyendo varias veces su relato del Jardín del Gigante Egoísta, encuentro una demoledora crítica a la sociedad de su tiempo, a través de una revisión de la figura del Cristo crucificado.
Creo que Van Gogh afirmó una vez ( está citado así en Cosmos, de Carl Sagan) "a veces tengo una necesidad total de...¿diré la palabra? ¡Religión! Entonces salgo al campo de noche y pinto las estrellas."
Creo que el Hombre es tan consciente como inconsciente de su espiritualidad. Hay quien cree en Dios como reflejo de esa espiritualidad. Yo creo que el Arte es otra de las expresiones de esa espiritualidad. Pienso en cuántas veces ha aspirado el Hombre a alcanzar lo "divino" a través de la obra de arte, porque el Arte, o la Ficción, son expresiones de la lucha del ser humano por abrirse paso más allá de sus limitaciones.
Me quedo con Feuerbach: La inconsciencia de las propias limitaciones lleva al Hombre a la idea de Dios. Para mí, la Ciencia y el Arte son las herramientas de la mente para superar esa inconsciencia. La Ciencia y el Arte nos hacen libres.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Las Órbitas de los Cuerpos Celestes

En esta entrada mezclaré cosas... para variar. Mezclaré el significado de un giro copernicano con algo parecido a una declaración de amor. No sé. De gratitud, seguro.

Después de 1.500 años de oscuridad, Copérnico puso las cosas en su sitio. El Sol en el centro, y la Tierra a sus expensas. Para mí es éste el verdadero hecho crucial que hizo renacer a la Humanidad.
Del mismo modo, el ser humano, con el cambio de perspectiva, empezó a dudar y a hacerse preguntas. Y no sólo eso, sino mejor aún: Empezó a darse respuestas nuevas para las preguntas de siempre. Nuevas respuestas trajeron nuevas dudas, y éstas a su vez nuevas preguntas, y así empezamos a crecer. La Razón sustituyó a la Fe, y lo relativo, a los dogmas. La lógica y el razonamiento han hecho por nosotros mas que toda la Fe del Mundo. Nos han llenado de dudas, de relatividad, y de muchas incertezas... pero nos han hecho libres.


En mi vida, pasó igual. Un día hubo un giro copernicano, y nací de nuevo. O de veras. No sé a quién le leí que todos nacemos dos veces: El parto, y la madurez (por desgracia habrá quien no nazca más que la primera).
Hoy me atrevo a compartir esto aquí. Sin engreimiento ni inmodestia. Seguro de que hay muy pocas cosas seguras en esta vida. Una es la Muerte, y la otra... no, no son los impuestos.

La otra es el Amor. Pero calma, no he sucumbido al fantasma de Jesús Puente, no es el amor tradicional, el de toda la vida, ése es el más falso. Hablo del que nos mueve a actuar libres, el que nos salva, el antídoto para tantas incertidumbres. Explica y justifica nuestro instinto sociable, es el que hace posible que nuestra voz interior sea la de otra persona, que se pueda vivir con la sensación sobrenatural de que percibimos una nueva dimensión de la mano de otro. De que sólo podemos ser del todo nosotros mismos porque existe otro que nos completa.

Podemos pensar que alguien así es un milagro... o milagro: podemos pensar que nosotros somos el milagro de otro, porque todos somos Copérnicos a punto de reordenar el Mundo de alguien.

Ésta es mi declaración. De amor o de gratitud, a mi propia Copérnico.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Re-Uff!! (Explicación de la anterior)

Recibí una propuesta para explicar mejor mi anterior entrada, con una lista de preguntas, y después de consultar con la persona implicada, aceptó que publicara mis respuestas, ya que creo que servían para aclarar lo expuesto en la entrada anterior:


.- ¿Es una exposición escrita de lo que estás viviendo ahora, o es un pensamiento de carácter general sobre la amistad desde un punto de vista particular?
.-En el primer supuesto, ¿qué ha generado este pensamiento?
.-Siguiendo con el mismo supuesto, ¿no crees que es muy fácil no arriesgar al 100% y así culpar al otro cuando las cosas no salen bien?
.-¿Por qué crees que la etiqueta que los otros le ponen a la amistad no se corresponde con la realidad? ¿Según qué patrones la mides? ¿Quién está equivocado?



Respuesta a tu primera pregunta: Es una exposición escrita de lo que estoy viviendo ahora, Y, es un pensamiento de carácter general sobre la amistad desde un punto de vista particular.
Es ambas cosas. Es una reflexión acerca de lo que vivo. Dado que todos buscamos certezas, una forma de tenerlas es sacar cosas en limpio de lo que nos sucede, y de cómo nos relacionamos. Tengo por certeza que existen muchos matices en las relaciones, sean de amistad o de amor. Con tal que la idea que tengan cada uno de los dos participantes en una relación difiera en su concepto, en sus intenciones, en sus intereses, llamarán a dicha relación de modos diferentes, esperarán resultados diferentes de ella y la vivirán con actitudes diferentes.

Respuesta a tu segunda pregunta, ¿qué ha generado este pensamiento?, la respuesta es sencilla: El cúmulo de experiencias en mi vida, sobre las cuales, como digo, reflexiono, y saco conclusiones para poder vivir con certezas en las que asentar mis criterios. Como todo hijo de vecino, espero...

Respuesta a tu tercera pregunta: Decirte que me interesó especialmente, por lo siguiente: En tu pregunta, tal como la formulas, intuyo una actitud de reprender ante otra actitud, típica en muchas amistades, que hayas podido encontrarte en tu vida, y que te desagrada. Eso sesga la pregunta, ya que en el enunciado manifiestas una opinión que deduzco ya tienes ante una cuestión sobre la que se supone que estás preguntando.
Pese a eso, respondo sin cautelas: Es muy fácil no arriesgar al 100%, se trate de amor o de amistad, o de "loquequieraquehayaenmediodetalesextremos". El miedo a no gustar, a ser rechazado, a la soledad, y/o la necesidad de pertenecer a, y/ o de depender de, y/o la necesidad de que dependan de nosotros, son todas ellas causas y explicaciones para actitudes de reserva ante los demás. Y están a la orden del día.
La segunda parte de tu pregunta es lo más sustancioso de una legítima crítica a esa actitud que según parece se conoce como de "pasivo-agresivo": No trabajar en pro de algo, y después no sentirse parte del problema. Bien. Como ya sabes, dado que has leído mis anteriores comentarios sobre este tema, estoy con los que critican tales actitudes. Por experiencia propia. Antes que fraile fui monje, y cometí muchas veces el error de vivir pensando que las cosas que me sucedían no podían ser culpa mía, ni en parte.
Cuando alguien te ofende una vez, es culpa suya. Cuando te ofende dos veces, es culpa tuya. Y si yo no aprendo de eso, cuando me suceda a mí, aunque sólo sea la primera vez, también será culpa mía. Los errores, propios y ajenos, están ahí para que aprendamos de ellos.

Respondiendo a tu cuarta pregunta, lo siento, pero tal como la planteas, creo que no me he explicado lo bastante claro. Te diré qué pienso, y qué no pienso, con otras palabras:
No pienso que las etiquetas que otros ponen no respondan a la realidad, y que las nuestras sí. Pienso que "la realidad" no es ni de uno ni de otro, puesto que es una opinión, y la de uno vale tanto como la de otro, y ninguna es mejor. En otras palabras, pienso que en las relaciones humanas, casi nunca hay una misma verdad para ambos miembros, y es por eso que las etiquetas casi nunca coinciden.

Por eso, respondiendo a tus otras preguntas, te digo que no mido la realidad, porque no es un patrón. Por tanto, en respuesta a "¿quién está equivocado?": Nadie. Cuando están enfadados, o furiosos, si se lo preguntas a uno, dirá que el otro, y si se lo preguntas al otro, dirá que el uno.
Lo importante es que se les pase el enfado, y que al menos uno de ellos sea capaz de decir "es culpa mía", sirva o no sirva.

Conócete a ti mismo, dice el oráculo de Delfos, ¿verdad? Eso es lo verdaderamente valioso. Teniendo eso, todo lo demás es posible.

martes, 9 de diciembre de 2008

Uf!!

A veces no es que no tengas nada que decir, es que no te sale. Tienes ideas rondando en tu cabeza, y tienes unas cuantas cosas claras, pero no encuentras las palabras justas, o las frases que lo digan tal como lo sientes.
Cuando tenía pareja pensaba en los problemas de comunicación con la pareja. Ahora pienso en los problemas de relación con los amigos. Estoy recordando canciones de los Beatles, como The End, cuando dice "and in the end/ the love you take/ is equal to the love/ you made".
Bueno... según.

Yo creo que el estado más corriente de las relaciones es el desequilibrio. Y claro, como es una percepción del todo subjetiva, lo que para uno es mucho, para otro puede ser muy poco, y viceversa. Pero no es egocéntrico sentir que no se recibe correspondiendo a lo que se ofrece, igual que casi nunca es engreído sentir que se pone más de lo que se gana. Yo soy de los que creen que quien más puso más perdió. Seguro.

El caso es que si hay muchas clases de relaciones de pareja, cuántas no habrá de amistad... Pero quizás sea ése el auténtico problema: Antes que ser o no correspondido, el poner etiquetas con nombres que no coinciden. Lo hacemos todos. Imagino que es por pura supervivencia, al fin y al cabo necesitamos organizar nuestras relaciones en orden de importancia, necesitamos certezas en el día a día, y no digamos ya seguridades para el futuro. Esto último suele convertirnos en miedosos.

En fin, para mí la clave es como ocurre con tantas clases de relaciones, como en política, que las mismas palabras significan cosas diferentes para cada persona, y se requiere mucho tiempo, y muchas conversaciones con sustancia (cada vez hablamos de cosas más superficiales) para esclarecer qué es la verdad, y si puede haber una misma verdad para dos personas. Quién sabe, ésta podría ser una definición de amistad o de amor válida para algunos. Para mí lo es.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Ser simpático, el "buenismo" y... la cara de tonto que se te queda.

Cuando cumplí 14 años descubrí, en las risas que me secundaban, que tenía una notable capacidad de ser gracioso con un humor sarcástico. La ironía no se me daba mal, y por lo visto tenía un vocabulario lo bastante amplio como para poder faltar al respeto sin que mi víctima se diese cuenta de que me importaba un pito su dignidad.
Honestamente, yo podría tener el vocabulario que fuese, que lo importante era tener mala leche o no tenerla. Y yo tenía mucha. Había sido objeto de escarnio y burla durante muchos años, y aquélla era mi particular venganza de débil que descubre que puede ser más "fuerte" que otros, y que por muy víctima que uno se sienta, siempre se puede ser verdugo de alguien. Ya sabeis, la adolescencia: Comer o ser comido.

Con el tiempo descubrí que la crueldad con la que atraje las simpatías y el respeto de muchos equivalía exactamente al rencor y el desprecio de todos los que acababan dándose cuenta del mío.
Y eso me hizo pensar.

Decidí (porque ser "bueno" o "malo" se puede decidir) que debía cambiar, y debía ofrecer a los demás mi mejor versión, que no es más que ser para los demás lo que deseamos que los demás sean para nosotros.
En esto hay un problema. Y está en que ofrecer siempre una buena cara a los demás tiene muchos riesgos para la personalidad de uno mismo. Para empezar, si ser simpático es un esfuerzo, antes o después uno se agota. Así que deja de serlo, y cae en la cuenta de que no ha sido uno mismo, sino que ha estado interpretando el papel de "bueno", de simpático, con el fin de... ¿gustar? ¿agradar? ¿sentirse aceptado?
¡Ay! Me parece que la necesidad de ser aceptado está detrás de tantos problemas de personalidad...

En la relación con los demás, amigos, novios, esposos, padres, jefes... interpretar un papel es la peor decisión. Hemos crecido con la enseñanza de que debemos ser positivos hacia los demás, pero creo que quienes intentaron enseñarnos se rasgarían las vestiduras cada vez que nos ven confundir ser flexible con hincar la rodilla, ser conciliador con renunciar a nuestros principios... Por cierto, ¿cuántos de nosotros tenemos principios?

Hoy vivo convencido de que mis principios, los nuevos (jejeje), me hacen ser exigente con los demás. Pero intento siempre evitar juzgar a alguien, amigo o enemigo, por algo que sea capaz de reconocer en mí mismo. No vivo en la creencia de que soy mejor que nadie, pero hay actitudes que alejo de mí. Y eso implica alejar a personas de mí.

Hace poco leí una anécdota en la que un médico recordaba el típico episodio de la infancia en el que una madre reñía y pegaba a una mesa por estar en el camino del crío que no había sabido esquivarla. Echarle la culpa al otro es otra de esas actitudes que nos inculcan desde tan pequeños, que como adultos las hacemos día a día sin darnos cuenta. Y muchas veces explicaremos, y nos convenceremos, de que nada de lo que nos sale mal tiene su origen en nosotros mismos.