domingo, 4 de enero de 2009

Irse a los bosques


Debo decir que el tema de Into the Wild, de la que oí hablar en Días de Cine, es uno de los fundamentales de la literatura, el cine, y tantas otras formas de arte en Norteamérica. De hecho, considero que la especial relación del ser humano con la inmensidad de la Naturaleza es el tema genuino para definir muchos de los rasgos de la idiosincrasia de los Estados Unidos.
Sé que estoy sonando pedante y rimbombante, pero cuando uno intenta hacer juicios que sintetizan conceptos esenciales acerca de eso que, precisamente, llamamos "naturaleza humana", pues... no puede evitar llenarse la boca de palabras gruesas.
Me refiero a que el regreso a la Naturaleza, como reflejo del fracaso de la civilización, es una constante en la iconografía que ellos mismos llaman "americana". Ese "naturalismo", que algunos pensadores han querido hacer surgir desde un existencialismo bastante más optimista que el de Sartre o Lacan, que a fin de cuentas aboca a un nihilismo muy muy negro, teñido del mensaje antiguo (y antiguo mensaje) de Plauto y Hobbes.
Y ya no me enrollo más que para recordar que existen multitud de muestras de ese vitalismo existencial en la cultura popular en Estados Unidos. Muchísimos westerns, para empezar, ejemplifican ese regreso a lo natural que hoy día tiene reflejo en la asunción ( por fin) de principios ecologistas a nivel global.
Siempre me acuerdo de la serie Grizzlie Adams, de Life in the Woods, de Walden, de Bailando con Lobos, de La Casa de la Pradera, de El Bosque de Tayac, Las Aventuras de Jeremiah Johnson, El Jinete Eléctrico...

y cito: "Me fui a los bosques porque deseaba vivir a conciencia, enfrentarme solamente a aquello que la Naturaleza tenía que mostrarme, para no descubrir, cuando llegase mi hora, que no había vivido". (H.D. Thoreau)

1 comentario:

Majo dijo...

Y la moraleja siempre es que la felicidad no es tal si no puedes compartirla...

Una de las películas que más me han marcado en mi vida.

Xaus ;)